Un gusano en la Gran Manzana: Los gemelos Geldof y Bono

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«Que Patti Smith tiene talento lo sabe cualquiera. Que aburre a los caracoles con sus ramalazos misticistas, también. Lo de Geldof es peor porque ni siquiera conocemos su oficio»

 

Spotify quiere que Taylor Swift vuelva al redil, ella no. Patti Smith cantará para el Papa. Bob Geldof encuentra una nueva obra benéfica a la que consagrar su existencia. Y Bono que está todo.

 

 

Texto: JULIO VALDEÓN BLANCO.

 

 

—Noviembre, domingo, 17
Taylor Swift mantiene la tenaza sobre Spotify. Los responsables de la plataforma dicen que al sacar sus discos de la plataforma la cantante perderá seis millones de dólares en 2014. Desde la discográfica de la artista arguyen que los ingresos por streaming son patéticos, un chocolate del loro que no alcanza ni para encender la luz del estudio. A las 12:01 de la mañana, mientras tecleo, no está claro si la artista que ha despachado 1,3 millones de copias en una semana volverá al redil o su enroque anticipa el acabose. Las disqueras quieren cerrar el grifo de la música por la cara y Bono le dice a David Carr que Swift se equivoca. El viejo modelo ha muerto y corresponde a los artistas imaginar uno nuevo. Como si los intermediarios no hubieran surgido para evitar que el compositor y el cantante quemen los días trabajando de administradores, abogados, representantes y burócratas de sí mismos. Todo dios se pregunta si Beyoncé, Kanye West y compañía seguirán el ejemplo de la diva de labios encarnados. Vivimos años convulsos. Para evitar que un puñado de buitres robasen a los artistas hemos instaurado una cleptocracia universal en la que todo dios les sisa el pan de sus hijos. Las arbitrariedades de un tiempo que colocó a los poetas ante el pelotón será estudiada como ejemplo de lo que una sociedad educada en las corruptelas y la amoralidad es capaz de hacer mientras se abanica el ego y el badajo con proclamas supuestamente revolucionarias. La posposposmodernidad, que cantaban a dúo Montalbán y Carvalho.

—Noviembre, martes 19
Patti Smith actuará ante el Papa Francisco y Bob Geldof recluta una nueva Band Aid, ahora contra el ébola. Que Patti tiene talento lo sabe cualquiera. Que aburre a los caracoles con sus ramalazos misticistas, también. Lo de Geldof es peor porque ni siquiera conocemos su oficio. Anda que no hubiera disfrutado de nacer en España, todo el día montando exposiciones, galas y cenas benéficas, la vista y la cartera puestas en la siguiente efeméride. Me refiero a la España previa al crack, claro. Esa que Gregorio Morán (“Los españoles que dejaron de serlo”, “El maestro en el erial”, etc.) denuncia en su nuevo libro, “El cura y los mandarines”. La España de los congresos, ponencias, conciertos de fiesta mayor y fabulosas bacanales a cargo del erario. Geldof, a falta de música, ha hecho fortuna como palanganero mayor de las causas justas. Algunos malvados consideran que Bono es su gemelo: otro millonario que da la chapa para aquietar la mala conciencia. Discrepo. Bono está forrado y prefiere la compañía de banqueros y obispos, pero también ha escrito canciones fabulosas y empapelado nuestra psique con discos como volcanes. No los últimos, claro, pero desde Baudelaire sabemos que nadie es sublime sin interrupción. Además, la creatividad químicamente pura es propia de cerebros jóvenes, millonarios en neuronas frescas. Asunto distinto es explicar por qué algunos abuelitos entregan almanaques del dolor y la experiencia, obras que no ocultan la arterioesclerosis, mientras otros, como U2, no dan una. Si te emperras en seducir con las armas de la chavalería y tienes cierta edad estás condenado a ser Norma Desmond con una guitarra.

Anterior entrega de Un gusano en la Gran Manzana: Dylan en el cielo, Sabina en la leprosería.

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