
«Es una autobiografía indirecta por boca ajena»
Xavier Valiño profundiza en Where the willow and the dogwood grow: Words and music by Tom Waits and Kathleen Brennan, el álbum que recopila sus mejores canciones reinterpretadas por artistas como Bruce Springsteen, los Ramones o Johnny Cash.
Texto: XAVIER VALIÑO.
En su programa de radio Theme time Radio Hour, Bob Dylan dijo en antena que «todas las grandes cosas que han salido de Nueva Jersey no son nada comparadas con Kathleen Brennan, al menos a los ojos de Tom Watis». Era un piropo de los que solo se formulan cuando uno reconoce a un igual. Que Dylan lo dijera sobre la mujer de Waits denota mucha precisión y poca condescendencia: Brennan lleva cuatro décadas siendo coautora de algunas de las canciones más singulares escritas, y esta recopilación es el primer reconocimiento formal de esa sociedad.
La idea partió de Ace Records, el sello especializado en recopilatorios de autor y que ha dedicado volúmenes similares a Dylan, Chuck Berry, Randy Newman, Carole King, Leonard Cohen o Brian Wilson. Esta vez trabajaron directamente con Waits y Brennan para elegir las diecinueve versiones.
El propio Tom participó en la selección y los comentarios del libreto, escritos en ese estilo suyo de vendedor de feria y poeta de madrugada, son en sí mismos un texto que vale el precio del disco y lo convierten en algo más que una antología: es una autobiografía indirecta por boca ajena. Eso sí, el álbum no contiene nada nuevo. Cada versión lleva años circulando. Cuando se anunció, prometía un acontecimiento, pero lo editado se queda en una colección bien seleccionada.
Dicho esto, el inventario es notable. La secuencia arranca con Bruce Springsteen cantando en directo “Jersey girl”, en julio de 1981, un tema que Waits escribió para Brennan y que Springsteen convirtió en himno de estadio, y cierra con Joan Baez acometiendo “Day after tomorrow”, el tema antibelicista de Real gone, con una austeridad que aplasta.
En el centro, la pieza favorita de Waits según ha confesado: “Down there by the train”, que Johnny Cash grabó para su primer disco con Rick Rubin convirtiéndola en un himno espiritual para descastados. Waits y Brennan la escribieron expresamente para Cash, quien la llamó «una oración de forajidos». Marianne Faithfull, con “Strange Weather”, producida por el inclasificable Hal Willner, aporta los cuatro minutos más hermosos de todo el conjunto.
Lo que demuestra esta colección es que las canciones de Waits y Brennan tienen esa extraña capacidad de sobrevivir a casi cualquier interpretación y, en algunos casos, incluso de crecer dentro de otras voces. No ocurre con todos los compositores de renombre. Con ellos sí, y eso da cuenta de su singularidad y lo perfectamente compenetrada que ha acabado resultando su colaboración.



















