The rose of San Joaquin (1995), de Tom Russell

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

«Un contador de historias espléndido que, partiendo del folk estadounidense, ha dejado que su música se empape de múltiples influencias»

 

Tom Russell se ha ganado el respeto de sus compañeros de profesión por ser un gran contador de historias a partir del folk, entre otras cosas. Eduardo Izquierdo recupera una de las obras maestras de la música de raíces norteamericana que firmó en los 90.

 

Tom Russell
The rose of San Joaquin
HIGHTONE RECORDS, 1995

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

Historiador, coleccionista y restaurador de la música tradicional norteamericana, Tom Russell además tiene una destacable carrera como pintor que le ha llevado a que sus cuadros sean, incluso, más valorados que su música. Y eso a mí me dice mucho. Porque de pintura sé más bien poco, y aunque pueda parecer un poco ególatra, de guitarras y canciones algo más sí.

Su historia, además, no tiene desperdicio. Nacido en Los Ángeles en 1950, estudió Criminología y Sociología, y en 1969 vivió durante un año en Nigeria, en plena Guerra Civil. Luego se dejó caer por nuestro país, por Noruega y por Puerto Rico para acabar en Vancouver, donde empezó su carrera musical. Antes de iniciarse en el arte de escribir canciones decidió conocer mundo, algo que, además de convertirse en una constante en su vida, por supuesto se refleja en sus letras. Porque Russell, ante todo, es un magnífico escritor de canciones. Un contador de historias espléndido que, partiendo del folk estadounidense, ha dejado que su música se empape de múltiples influencias. Alguien que merecería comer en la misma mesa que Guy Clark o Townes Van Zandt, pero al que olvidamos de manera demasiado frecuente.

 

Bares y primeros proyectos

Arrancó su carrera como tocaba, actuando en bares de carretera y estriptís, aunque sería la llegada a Texas —otro cambio de residencia— la que definitivamente le cambiaría para siempre. Apadrinado por el triste y recientemente desaparecido Robert Hunter, letrista de The Grateful Dead, tras cantarle una canción mientras trabajaba como taxista en Nueva York, Russell montó Tom Russell Band después de alguna incursión en solitario (Heart on a sleeve) y un par de trabajos a dúo junto a Patricia Hardin. Aunque en 1991 recuperaría las ganas de firmar sus discos en solitario con Cowboy Real. Tras un par de colaboraciones con Barrence Whitfield, asienta su carrera en solitario. Y una de sus obras cumbres es el espléndido The rose of San Joaquin.

 

 

La rosa de San Joaquín

En 1995 Tom Russell ya tenía el mismo estatus que hoy en día. El de un artista respetado por sus compañeros, considerado por estos una auténtica institución, y ventas discretas que no se corresponden con su calidad. Su amigo Dave Alvin (The Blasters) se va a encargar junto a Leisz Greg de la producción de su nuevo disco, The rose Of The San Joaquin, fronterizo de principio a fin. Y no solo porque empiece y acabe con un guiño al clásico “Volver, volver”, sino porque contiene la esencia de lo que todo buen sonido tejano debe tener, influido de cabo a rabo por la cercanía de la frontera mexicana.

 

 

Las canciones parecen pequeñas bandas sonoras de capítulos de una serie que se va desarrollando en diversos lugares, desde El Paso a Tijuana, desde Ciudad Juárez a, cómo no, el valle de San Joaquín. Russell alcanza el cénit creativo con piezas como “Somebody’s husband, somebody’s son” acompañado por Alvin y el gran Peter Case (otro talento nunca suficientemente reconocido), con historias reales y cercanas como “Out in California” himno a la soledad bien entendida, o como “Sky above, mud below” que contiene los diez mandamientos que todo storyteller debería cumplir. Apúntenme también a Russell como excelente intérprete, algo que demuestra en “The gardens”, canción de otro imprescindible outsider como Chriss Gaffney. Así, exquisito y convincente trovador, Russell evoca historias hermosamente dolorosas y consigue con cada tema forjar una de las obras maestras de la música de raíces norteamericana los años 90. Y encima el tipo sigue manteniendo el nivel con sus nuevos trabajos.

Anterior entrega de Operación rescate: 16 lovers lane (1988), de The Go-Betweens.

 

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