
«El disco suena a 1966 producido en 2026»
Xavier Valiño analiza el nuevo trabajo de The Lemon Twigs, Look for your mind! El sexto álbum en la carrera de los hermanos D’Addario, con una producción más compleja y detallista.
Texto: XAVIER VALIÑO
Brian y Michael D’Addario llevan una década construyendo su propio anacronismo deliberado. Los hermanos neoyorquinos, hijos del compositor Ronnie D’Addario —quien en 1976 publicó un par de discos de soft rock que pocos recuerdan y ellos han rescatado con cariño, y que el año pasado recuperó sus canciones en un disco con sus hijos—, han convertido su fidelidad a los años sesenta en una convicción artística, no en una pose. Look for your mind!, su sexto álbum de estudio, es quizá donde esa convicción llega más lejos y también donde más claramente se ven sus límites.
Según los propios D’Addario, la inspiración llegó con las turbulencias del momento político actual, pero nada de eso se percibe en la música. Los catorce cortes huelen a vinilo de los sesenta, a Rickenbacker y a armonías vocales construidas con la paciencia de artesanos. La influencia de The Beatles, The Byrds, The Searchers y tantos otros nombres de entonces no es referencia ni homenaje, sino el idioma en que piensan. El disco suena a 1966 producido en 2026, pero eso sería ignorar que los detalles son lo que separa a un epígono de alguien que ha interiorizado realmente el espíritu de una época.
En esta ocasión, los hermanos contaron con ayuda externa: Eva Chambers (de Tchotchke), el baterista Reza Matin y el bajista Danny Ayala forman parte del resultado, lo que hace que la producción se muestre más densa, con guitarras de doce cuerdas, piano, chelo, clavicémbalo, flautas, saxofones… Todo cabe sin que nada sobre.
Entre los momentos más brillantes destaca “My heart is in your hands”, cuyas modulaciones armónicas en el estribillo son un pequeño prodigio de construcción pop, o el single “I just can’t get over losing you”, una pieza de dos minutos que engancha desde el primer cambio de acorde. “Yeah I do” brilla por su economía instrumental y la apertura con el tema titular establece desde el primer compás que aquí no habrá sorpresas estilísticas, solo perfección dentro de un perímetro muy acotado.
El cierre, “Your true enemy”, rompe con todo lo anterior en una disonancia psicodélica que resulta refrescante precisamente por su contraste. Es el único momento en que los D’Addario parecen perder el control, y quizá sea el más honesto del álbum. Llevan años siendo acusados de pastiche y este disco no acallará esas voces, pero tampoco necesita hacerlo. Saben exactamente lo que hacen y lo hacen muy bien. El problema del virtuosismo sin fisuras es que, a veces, uno echa de menos una grieta por donde aparezca la magia, algo más.



















