The Fleshtones: Rock hasta el fin de los tiempos

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«Esto es de lo poco que soy capaz de hacer. Y morir en el escenario ¿por qué no, si hay que irse de todas formas?»

The Fleshtones es sinónimo de buen y divertido rock and roll, hace unos días giraron por España antes de entrar a grabar en el estudio de Jorge Explosión, en Gijón. Con el guitarrista Keith Streng conversó Rafa Balbuena.

 

 

Texto: RAFA BALBUENA.

 

 

Acaban de concluir su gira española, tan frescos y divertidos como el primer día. The Fleshtones, la banda más jovial de rock and roll en activo que dio la escena neoyorquina de los setenta, se preparan para grabar varios temas en el estudio gijonés de Jorge «Explosión» Muñoz-Cobo. En los prolegómenos de su actuación asturiana en el Centro Niemeyer de Avilés, hablamos con el guitarrista Keith Streng, uno de los dos miembros fijos de la banda, junto al carismático vocalista Peter Zaremba. La fiesta, como siempre, estaba a punto de caramelo. Y es que “Si no es divertido, no es rock and roll, es otra cosa y seguro que es peor”, suele decir Jorge, su discípulo más fiel, como el propio Keith se encarga de recordar.

¿Qué es lo que se puede encontrar el público de The Fleshtones en este 2013?
Fleshtones ofrecemos siempre lo más rockero y divertido que podemos en escena. Lo que nos gusta es que quien nos venga a ver se quede con un recuerdo imborrable de lo que significa pasarlo bien en un concierto.

¿Cuesta elegir los temas de cada noche entre los veintitrés elepés que lleváis editados a las espaldas?
Bueno, lo difícil es escoger lo mejor de cada periodo concreto de la banda, pero la esencia es fácil, siempre lo más rápido y lo mas enérgico. Este año estamos presentando «Quatro x Quatro», el epé que grabamos con Jorge Explosión en Gijón en 2012, así que partimos de los temas de ese disco para crear el set list de cada concierto.

¿Cuál es el secreto para llevar juntos treinta y siete años?
Lo primero, te tiene que gustar lo que haces, y lo segundo, ser consciente del sitio que ocupa cada uno en una banda de rock and roll, como es la nuestra. Con eso, en principio, no debería haber problema [ríe].

¿Eso es extensible a tu relación con Peter Zaremba?
Bueno, al llevar tanto tiempo juntos, nos conocemos bien, como es lógico. El nuevo proyecto será un disco, nada más terminar esta gira. Y después de publicarlo, otra gira, luego previsiblemente otro disco, etcétera… Así hemos ido funcionando y esa es la manera que el grupo se ha mantenido unido.

¿Pero sois tan amigos como dais a entender en el escenario?
¡Naturalmente! Todos en el grupo tenemos una relación de estrecha amistad, no podría ser de otro modo, y más pasándolo tan bien como lo hemos hecho en todo este tiempo.

¿Tenéis presente el mismo espíritu que cuando comenzasteis?
Sí, desde luego. Nos hemos hecho mayores, pero la verdad es que seguimos con las mismas intenciones que cuando nos formamos en 1976, lo que quizá nos haya hecho mejorar en nuestro trabajo.

¿Qué hay de la escena del CBGB? ¿Echas de menos el club y el ambiente de la ciudad de entonces?
Si, un poco. Aquellos años eran muy divertidos, tenían algo ciertamente mágico, con grupos como Television, Cramps, Ramones, Suicide… Pero también ha sido bueno poder salir de Nueva York y habernos hecho un camino al margen del CBGB.

Probablemente sois los únicos que seguís en pie de todos esos grupos…
Si te refieres a la escena neoyorquina, pues creo que sí, que somos los únicos que hemos seguido en activo sin intermitencias.

¿Teníais relación con gente de la No Wave y similares, como James Chance, Bush Tetras, Glenn Branca…?
Realmente, estábamos más con la gente de Television, o de los Dictators. Personalmente sigo en contacto con ellos, y sobre esa escena arty que mencionas, soy muy amigo de Dee Pop, batería de los Bush Tetras. A los Sonic Youth también los conozco, evidentemente. Todos ellos, los experimentales, empezaron de una u otra forma en nuestro mismo periodo, y había un lógico contacto por proximidad.

¿Y en cuanto a The Cramps?
Vivían cerca de donde nosotros ensayábamos. Ya llevaban un mucho tiempo en Nueva York, desde que habían llegado de Ohio. En un determinado momento compartimos local de ensayo en Lower East Side, y ahí empezó una gran amistad con [Poison] Ivy y Lux [Interior] en la que compartimos mucha música. Toda la que tenían en su apartamento indescriptible en las proximidades del Bowery, que me puedes creer, no era poca.

Por otra parte, ¿por qué el público de The Fleshtones es desde hace años esencialmente europeo?
Ciertamente, somos mas apreciados aquí que en América. Es un hecho que en países como España, Inglaterra, Irlanda o Escandinavia tenemos un público fantástico. Ahora, desafortunadamente, y por razones que supongo difíciles de desentrañar, no es el mejor momento para el rock and roll en los USA.

¿Qué hay de vuestros «European sons», los Doctor Explosión?
Sí, son nuestros hijos pequeños, absolutamente [ríe]. Es estupendo haber sido una influencia para ellos. En general, haberlo sido para tantos grupos es algo que se nota cuando vas de gira, y ves todas esas bandas en cuya música percibes nuestra huella, y es entonces cuando piensas «Bien, lo hemos hecho bien y ellos lo comparten». Sobre todo, esa costumbre de encender el amplificador Marshall a todo volumen, y a volar…

¿Hablamos de vuestro último disco, «Quatro x quatro»?
Nos gustó tanto cómo quedó que ahora vamos a grabar otro más. De hecho, vamos a intentar que todos los temas del próximo elepé de Fleshtones sean grabados en Perrotti, el estudio de Jorge.

¿Los Flesthones son para siempre?
Probablemente. A mí es lo que me gustaría, porque sinceramente es de lo poco que soy capaz de hacer. Y morir en el escenario ¿por qué no, si hay que irse de todas formas? Solo espero que, mientras pueda, me siga divirtiendo al tocar en directo. Esa es la razón de ser de The Fleshtones, y el día que sea aburrido tocar en este grupo, será muy triste. Pero por mí, te aseguro que ese momento no va a llegar.

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