“Supersonic”, de Matt Whitecross

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CINE

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“El resultado es un trepidante collage, de brillante acabado, que se convierte en un viaje nostálgico más que disfrutable para los que vivieron el fenómeno entregados, y que pillará con la guardia baja a los escépticos del fenómeno”

 

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“Supersonic”
Matt Whitecross, 2016

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

En 1996 Oasis estaban en el cielo. En el ascenso, sin embargo, habían abundado las turbulencias que amenazaron en más de una ocasión con volar todo por los aires. Pues bien, todo aquello es “Supersonic”, un documental sobre los primeros años de los de Manchester.

El director de la cinta, Matt Whitecross, aprovecha el abundante material de un trozo de la historia que fue documentadísimo ya en tiempo real, tira de grabaciones caseras y añade el testimonio de algunos de sus principales protagonistas. Con el foco puesto, claro, en Noel y Liam. El resultado es un trepidante collage, de brillante acabado, que se convierte en un viaje nostálgico más que disfrutable para los que vivieron el fenómeno entregados, y que pillará con la guardia baja a los escépticos del fenómeno. Porque “Supersonic” tiene el poder de refrescar la memoria y suavizar la opinión negativa de quienes no entendieron tanto revuelo por aquel entonces. Porque sí, sus influencias eran muy evidentes, demasiado obvias y fusilaban de aquí y de allá sin el menor disimulo ni reparo, pero aquellos dos primeros discos “lo tenían”.

El camino de los suburbios al estrellato más rutilante que les convirtió en el grupo del momento ha de ser rápido y arrollador por narices cuando pasas de la nada a la cima en apenas tres años. Y todo esto justo antes de que comenzaran los tiempos de Internet, como recordaba Noel Gallagher, que aquí ejerce además de productor ejecutivo. En el trayecto, el documental se deja fuera la rivalidad por el trono del Britpop y no se hace eco de opiniones de personas ajenas a la banda. La espina dorsal la conforma la relación de poco amor y mucho odio de los hermanos, la incidencia de esa dialéctica en el grupo y la sucesión de acontecimientos a toda velocidad en el que ambos se ven inmersos sin remisión. Un viaje desde dentro de Oasis, en definitiva.

En lo extramusical encontramos todos los clichés del rock and roll que alguien pueda imaginar. Todos, no falta ninguno. Los Gallagher no escatiman a la hora del escándalo. Por eso es casi admirable que Liam se haya quedado para la historia con el título honorífico del hermano pendenciero. Piénsenlo por un momento: “el Gallagher macarra” es casi tan redundante como “el feo de los Calatrava”.

Whitecross ofrece pocas sorpresas para los que vivieron aquello o se han preocupado de acercarse a ello con el paso de los años. El gran mérito del director es empaquetarlo todo de tal forma que el producto es altamente atractivo. Es decir, pocas novedades y un resultado que conquista… algo parecido a lo que hicieron Oasis en sus dos primeros discos.

Precisamente cuando dejaron de hacerlo es cuando finaliza este viaje a la gloria; el momento en el que las canciones dejaron de estar a la altura del aparato mediático y las peleas, los problemas y las polémicas pasaron a ser protagonistas casi exclusivos. Ahí comenzaba una cuesta abajo que “Supersonic” no recoge. Esta es una historia de éxito, nada del arquetípico esquema de auge y caída. La acción se detiene en lo más alto, antes de comenzar un declive que siguió hasta 2009 y que ellos mismos parecían intuir.

Ese punto se localizó en Knebworth, en aquellos dos conciertos que reunieron a 250.000 personas y para los que uno de cada veinte británicos solicitó una entrada. Dos millones y medio de peticiones para dos fechas para el recuerdo. Allí, en la segunda fecha, el 11 de agosto del 96, Noel abrió el concierto diciendo: “Esto es historia, aquí y ahora. Esto es historia”. Y Liam replicó: “Creía que esto era Knebworth”. No busquen sutilezas.

 

 

 

Anterior crítica de cine: “Sully”, de Clint Eastwood.

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