EL RITMO DE LA SEMANA

«El mundo del rock apenas sabe de límites, y el volumen, cómo no, es uno de sus excesos endémicos. Y si no, que se lo digan a la banda sueca de punk rock y hard rock Sleazy Joe»
Sara Morales repasa en su columna semanal, El ritmo de la semana, el ranquin de los sonidos más ruidosos de la historia, registrados hasta el momento. De la estridencia de algunas bandas de rock a un órgano de tubos, pasando por el chasquido del cachalote.
Una sección de SARA MORALES.
Foto de Manowar: FIRESTORMMD (Wikipedia) / Foto del volcán Krakatoa: BBC.
Decía Nietzsche, además de esa frase suya tan preciosa y universal —«La vida sin música sería un error»—, que «la música es el arte más infalible porque entra por el oído y va directo al corazón». ¡Y vaya si es así! A veces demasiado, a veces tanto que duele.
Y es que, el ser humano está hecho para soportar un límite concreto de decibelios antes de que el sonido que escuchamos se convierta en molestia o sufrimiento. Es lo que llamamos umbral del dolor del sonido y este suele rondar entre los 120 y los 130 decibelios. Todo lo que pase de ahí será susceptible de hacernos daño, porque la experiencia auditiva dejará de ser solo sonora para convertirse en algo físico. Las estructuras de nuestro oído interno y nuestros tímpanos comenzarán a sufrir la tensión, la presión sonora, y eso, además de peligroso, en algunos casos puede tener consecuencias irreversibles.
Lo bueno, o lo malo —allá cada uno— es que el mundo del rock apenas sabe de límites, y el volumen, cómo no, es uno de sus excesos endémicos. Y si no, que se lo digan a la banda sueca de punk rock y hard rock Sleazy Joe, que superó los 143 decibelios con un concierto en la ciudad de Hässleholm en 2008. Hoy, sin ninguna duda, aunque no oficialmente, ostenta el título de la banda más ruidosa del mundo.
Y digo “no oficialmente” porque el Libro Guinness de los Récords hace ya décadas que se dedica a registrar esta supersónica carrera. De hecho, quienes sí están reconocidos por la curiosa institución como la banda más ruidosa de la historia son Manowar, que también en 2008, pero en Alemania, alcanzaron un máximo de 139 decibelios. Seguidos muy de cerca por el dúo electrónico Leftfield que, en el Brixton Academy en 1996, llegaron a los 137. Motörhead, por su parte, en Ohio, en 1984, provocó que el techo del teatro en el que estaban tocando comenzara a resquebrajarse por los 130 decibelios que alcanzaron.
The Who, en 1976, en el estadio de fútbol The Valley, en Londres, también se hicieron con el récord Guinness durante años, al registrar 126 decibelios a 32 metros de los altavoces. El sonido desprendido por Pete Townshend, Roger Daltrey y los suyos solo se pudo comparar al del motor de una máquina industrial de nieve. Por supuesto Keith Moon todavía andaba por allí.
Y antes que ellos, estuvieron Deep Purple con aquel concierto en el Rainbow Theatre de la capital británica, en 1972, en el que llegaron a los 117 decibelios. El sonido fue tan intenso, y el volumen tan ensordecedor, que tres asistentes se desmayaron. Iron Maiden, sin embargo, aunque no destaca por ser una de las bandas más ruidosa del mundo, sí lo hace por tener el sistema de megafonía más grande de la historia registrada. Así se demostró en el festival británico Monsters Of Rock de 1988, ante cien mil personas, alcanzando niveles de presión sonora históricos: 124 decibelios durante el concierto y un equipo de 360 cabinas Turbosound con una potencia de medio millón de vatios.
Y esas tenemos. Pero, para más curiosidad, existen registros —también recogidos por el Libro Guinness de los Récords—, de otro tipo de sonidos que superan las marcas del rock. Por ejemplo, el sonido animal más fuerte es el del cachalote, capaz de emitir chasquidos bajo el agua de hasta 230 decibelios, seguido de la ballena azul con 200. Después ya vendría Manowar, como hablábamos; pero tras la banda heavy metal, estaría un órgano de tubos (138 decibelios), una sirena de carácter antiaéreo y construida durante la Guerra Fría que también rondaría los 138 y, después, volviendo a la música, vendría el batería más escandaloso del mundo: el australiano Col Hatchman con 137,2.
Pero por encima de todos ellos, con unos alarmantes 310 decibelios (equivalente a unas trece mil bombas de Hiroshima), el estruendo que ocasionó la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia, en el año 1883. Nuestra madre naturaleza, como siempre, todo lo puede.
– Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Carta a Ian Curtis (Joy Division) por sus 70 años.



















