Stormy Mondays: «Hacemos arqueología de nuestras propias canciones»

Autor:

Jorge Otero: «Me hice a mí mismo la promesa hace muchos años de que esto es para siempre. Como decía Van Morrison, es demasiado tarde para parar»

 

Carlos H. Vázquez charla la banda asturiana Stormy Mondays, a propósito de la publicación de su nuevo disco, The thrill is not gone, que verá la luz el 30 de mayo y será presentado en directo ese mismo día en Madrid.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.
Fotos: CARLOS GARNA.

 

Stormy Mondays llevan años moviéndose en ese territorio incierto en el que las canciones maduran a su propio ritmo. Cuenta Jorge Otero, compositor y vocalista del grupo, que, entre conciertos, libretas y letras a medio hacer, los Stormy han terminado practicando una suerte de arqueología musical sobre su propio pasado. The thrill is not gone (Electric Satellite Records / MusicAdders, 2026), este nuevo disco —o discos, ya que igual son dos—, no nace de la urgencia, sino de la paciencia; ideas de hace casi una década han sido retomadas con la mirada de hoy mientras en el camino surgía Nebraska.

Sobre la libertad de trabajar sin reloj, Otero y Juanjo Zamorano describen un proceso estimulante en la siguiente conversación, que comienza con la reciente serie de conciertos que han estado dando con el norteamericano Willie Nile en España. «La gira ha estado muy bien», habla Jorge. «En el concierto de Madrid yo estaba acojonado porque se encontraba Ramón Arroyo (Los Secretos) entre el público. Luego Ramón se quedó a cenar con nosotros y ahora vamos a tocar con él el mes que viene en Avilés». De vuelta al estudio, los asturianos seguirán rematando canciones rescatadas y reconstruidas, definiendo una forma de entender la música en la que la obligación no se impone a la devoción.

¿En qué momento se decidió retomar este nuevo disco?
Jorge Otero: En realidad nunca lo habíamos aparcado. Lo que pasa es que entramos en esa especie de túnel del tiempo, la pandemia… Una vez que se te retrasa algo, ¿qué más da esperar un poco más? De repente un día te das cuenta y dices: «Oye, un momento, ¿cuándo lo grabamos?». En 2018 hicimos las bases de las canciones y el año pasado estrenamos una (“The thrill is not gone”). Queríamos terminar el disco, estrenamos una canción y pensé que al pasar el concierto ya íbamos a ir al estudio para grabarla. Eso fue en marzo, hace más de un año. Entonces he decidido no estresarme con el tema del tiempo. Está muy bien, porque hacemos arqueología de nuestras propias canciones. Cojo la libreta y veo que tenía media letra hecha y ni me acordaba.

¿Qué ha necesitado este material después de haber estado todo el tiempo guardado?
Jorge Otero: De todo, porque estábamos trabajando no sobre un disco, sino sobre dos. Tenemos un total de diecinueve o veinte canciones. Los dos discos, en principio, serán independientes el uno del otro. Pero todavía no sabemos cómo ordenar el material que hemos dejado grabado. A las canciones, en general, les faltaba gran parte de la letra o casi toda la letra. Había músicas, títulos, estribillos, pero faltaba bastante trabajo que requiere calma y horas, y poder ir, en mi caso, varios días seguidos, que al final nunca lo logro, porque me pongo a escribir y un día no sale nada y otro sí… Hay material en diverso estado de construcción. Fuimos eligiendo para el primer disco las canciones que nos parecía que prometían más y las que íbamos a acabar antes.

Entiendo que el primer disco está terminado, listo para publicar.
Jorge Otero: Seguimos manejando una fecha de publicación, 30 de mayo, y vamos a ir sacando —que no lo habíamos hecho nunca— singles. Lo que todo el mundo lleva haciendo varios años, nosotros siempre vamos a la contra. Pero esta vez nos hemos llevado la contraria a nosotros mismos y hemos decidido hacer lo que hace todo el mundo. Nos estamos divirtiendo. Trabajamos en nuestro propio estudio también, y eso tiene sus pros y sus contras: terminas una letra, pues dos semanas más tarde se publica el adelanto. Tenemos publicados tres singles: “The thrill is not gone”, “Consequences” y “Sweet devotion”. Habrá un cuarto antes del concierto y ese día, espero, publicaremos el disco. Pero tampoco nos vamos a estresar. Tenemos canciones suficientes y las vamos a tocar, queremos sentirnos cómodos en los plazos.

¿Tenéis claro cuáles serán las diez que irán a un disco y cuáles al otro?
Juanjo Zamorano: Aún no tenemos claro qué diez son para un disco y qué diez son para el otro.
Jorge Otero: Vamos a estar trabajando hasta el último momento en la composición, grabación, en el puzzle, la mezcla… Tenemos muchos fogones distintos.
Juanjo Zamorano: Son las circunstancias bajo las que nosotros rendimos bien.
Jorge Otero: Siempre lo hemos hecho así, por una cosa u otra, incluso para Nebraska. Teníamos la fecha para masterizar el disco en Abbey Road, y hasta el día anterior estábamos mezclando las canciones en el estudio. Eran once canciones las que teníamos y nos quedaban no sé cuántas horas hasta que saliera el avión. El resultado, en cuanto a la labor de estudio, fue igual de bueno que si hubiéramos tenido un mes para decidir. Esto era: hay que hacerlo y tiene que sonar bien a la primera.
Juanjo Zamorano: Nebraska fue todo lo contrario a lo que está pasando con este disco. Nebraska se nos ocurrió y lo hicimos en un plazo de tres semanas. Y este nuevo disco, sin embargo, es un reto, pero a la vez es muy excitante el tema de que las canciones tengan ocho años. Estamos dando el pulido final a los arreglos y a otros detalles en las letras.

¿Y cómo hacéis para que unas canciones nuevas no se intoxiquen con el material que habéis sacado antes, como el de Nebraska?
Jorge Otero: Simplemente las aparcamos. De hecho, la idea de grabar Nebraska era para olvidarnos de esas canciones y volver frescos a ellas. Lo único es que pasaron cinco años por el camino. Pero sí que ha servido el trabajo de estudio de Nebraska también para que se enriqueciera un poco la forma de afrontar estas canciones.

Entiendo que “The thrill is not gone” es la primera canción que se grabó, o por lo menos que se terminó del todo. Por su comienzo, parece que esté abriendo el disco.
Jorge Otero: “Sweet devotion” fue la primera de la primera sesión de grabación. Me acuerdo de que está así en la libreta. Esa grabación fue bastante mágica. Hicimos en tres días veinte canciones. Estuve trabajando semanas y meses hasta que convocamos al grupo. Nadie las había escuchado y hay alguna de las canciones del disco que se hizo en solo una toma. El material es muy interesante. Hay una versión que probablemente vaya para el primer disco y no para el segundo, ya veremos.

¿Los metales se metieron en directo también? Se pueden escuchar en “The thrill is not gone” y “Sweet devotion”.
Jorge Otero: No, en aquel momento grabamos en cuarteto: guitarra, bajo, batería y teclados, pero ya pensando en las canciones que en las que va sección de viento. El marco estaba bastante abierto. La versión del vídeo de “The thrill is not gone” que grabamos en directo en el estudio de nuestro trompetista es mucho más sencilla o más directa que la versión de estudio, que tiene un poco más de arreglos, cellos y una mezcla un poco más diferente. Siempre nos gustó que hubiera una versión de estudio y una de directo. Si me dijeran que les gusta más la versión del directo, pues misión cumplida. Pero si les gusta más la de estudio, bajón.

¿Grabasteis en ACME?
Jorge Otero: Sí. Es el estudio de Miguel Herrero, nuestro trompetista y arreglista de metales. Ahí grabamos bastantes discos hasta que abrimos nuestro estudio.

¿Satélite?
Jorge Otero: Sí. En ACME seguimos grabando también la sección de vientos, algunas cosillas, los vídeos… Pero en general, el grosso de la grabación es en Satélite.

“The thrill is not gone” es una referencia a la canción de B.B. King (“The thrill Is gone”)…
Jorge Otero: Es un truco que aprendí de Del Amitri, el grupo escocés, que es uno de mis favoritos. Justin Currie decía que una de las mejores formas de encontrar títulos era darle la vuelta a uno que ya existiera. Entonces tiene una canción que, en vez de ser “No surrender”, es “No, surrender”. O “You’ll always walk alone”, en lugar de “You’ll never walk alone”.

Pero vuestra canción no tiene nada que ver con el blues.
Jorge Otero: Nada que ver. Bueno, nosotros tenemos un nombre de grupo de blues, a mí me encanta el blues y podríamos hacer un concierto de versiones de blues encantados, pero las canciones en general no tienen influencia de blues. En este caso es simplemente robar un título y darle la vuelta para hacer una cosa distinta con él.
Juanjo Zamorano: Bueno, el blues está en gran parte del rock. Lo que creo que quería decir Jorge es que no está explícito. No hacemos blues, pero lo hay en la manera de tocar de Jorge y en el swing o en el aire que le puedes dar a una canción. Sobre todo, en el rock americano de raíz o que se acerque un poco al americano o al soul, hay blues. Lo que no hay es blues evidente.

De momento, por lo escuchado, el sonido va por el Van Morrison de los setenta.
Jorge Otero: El sonido setentero de Morrison… Es lo mejor que puedes decir de nosotros. Es una influencia importante, pero nunca intentamos copiarlo, porque sería imposible. La etapa en la que lleva sección de viento y cuerdas siempre me gustó mucho, como otras de sus etapas musicales.

¿Habéis utilizado el Phantom Mando Guitar?
Jorge Otero: Sí, se escucha en “Consequences” y se escuchará en alguna más. Es un aparato que es como una miniguitarra de doce cuerdas, pero no es ni mandolina ni guitarra. Se lo vi al guitarrista (Stuart Duncan) que toca con Robert Plant y Alison Krauss en un vídeo de “Searching for my love”, un directo en el estudio. El vídeo me salió caro, porque al final me compré el instrumento y también el micrófono que estaban usando [risas]. Esta especie de guitarra los fabricaba la marca Vox en los sesenta. Es complicado de tocar porque es muy pequeña, las cuerdas tienen mucha tensión y hay que afinar despacio porque se pueden romper las más finas. Tienes muy poco margen de error. Una vez rompí tres, por cierto. También es más raro todavía porque lleva una palanca de vibrato que la tocas y ya la desafinas para toda la canción. Pero acabas tocando.

 

 Juanjo Zamorano: «Este nuevo disco es un reto, pero a la vez es muy excitante que las canciones tengan ocho años»

 

Siendo tanto el tiempo que os ha tomado este disco, ¿qué es lo primero: la devoción o la obligación?
Jorge Otero: Los músicos que tenemos una edad vamos acumulando una serie de obligaciones, familiares, laborales… Porque todo el mundo, esté relacionado con la música o no, ha tenido otro trabajo. Pero claro, la devoción no la puedes dejar aparcada, entonces es cierto que mucha gente abandona. Lo que pasa es que yo me hice a mí mismo la promesa hace muchos años de que esto es para siempre, entonces me hice mi estudio de grabación… Como decía Van Morrison, es demasiado tarde para parar. Yo siempre voy a seguir haciendo esto mientras tenga dedos, voz y cabeza. Lo que no hay que hacer es dejar que la obligación te frene tanto como en este caso; había una excusa a nivel mundial, pero no te digo yo que igual nos podría haber pasado lo mismo sin la excusa. En este caso, la responsabilidad es mía exclusivamente, tengo que recordar que hice un compromiso conmigo mismo como escritor de canciones que no puedo dejar apartado, porque luego el que se arrepiente soy yo. Y, además, la gente se puede olvidar de ti.
Juanjo Zamorano: También es que ahora el tiempo pasa más rápido. Tú antes dejabas las cosas reposar seis meses y pasaban seis meses, pero ahora las dejas reposar seis meses y pasan seis años.

¿Cómo queríais vivir vuestra vida al principio, antes de esta aventura de treinta y cinco años y dieciocho discos?
Jorge Otero: Mi carrera y la de Juanjo se unieron profesionalmente en 2014 y, personalmente, en el 2010. Cuando empiezas a tocar la guitarra, te imaginas que hay una especie de camino por el cual tú, si eres suficientemente bueno, puedes llegar a vivir de la música. Ese camino probablemente ya no existía entonces y ahora no creo ni que exista. Pero bueno, todo esto me lo dirán escritores, pintores, ceramistas… Cuando empiezas a tocar la guitarra y haces tus primeras canciones, piensas que vas a ser como los Beatles, no en cuanto a nivel de fama, pero sí en tener una carrera musical puramente. Yo me encuentro que el noventa y nueve por ciento de mis amigos músicos tienen algún trabajo más. Es la vida y ya está. Para mí hay mucho honor en trabajar y ser músico.

¿La vida que estáis viviendo ahora se parece a la que habíais pensado?
Juanjo Zamorano: Pues en mi caso, no. Yo sí pensaba que iba a ser famoso.
Jorge Otero: Yo estoy muy contento de cómo llevamos nuestra carrera porque ese tipo de frustración hace muchos años que la aparqué. Nosotros sacamos discos cuando queremos o cuando nos deja la agenda. Tocamos pocas veces al año, pero cuando tocamos viene a vernos gente de toda España y hasta de fuera. Ojalá fueran cuatro mil en vez de cuatrocientos… Pero no me puedo quejar de que haya gente que quiera escuchar nuestras canciones cuando podría estar escuchando las de los Beatles, Bob Dylan o Van Morrison. Si decide dedicar unos minutos a escuchar las canciones de Stormy Mondays, ¡pues gracias! ¿Qué más puedo pedir?
Juanjo Zamorano: Lo que yo no me podía imaginar cuando tenía catorce o quince años es que con cincuenta iba a tener la misma ilusión en trabajar en esto que tenía con esa edad. De aquella sí que quería ser famoso, pensaba que lo iba a conseguir, y que con cuarenta me iba a retirar. Pero ahora tengo cincuenta y el entusiasmo sigue siendo el mismo. ¡He girado con Willie Nile! Por eso sí que no daba un duro.

Artículos relacionados