Soul Teller, la voz de la conciencia

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«No me llamo así solamente porque hago soul, sino porque es un concepto de vida, alguien que cuenta historias desde el alma»

 

Días antes de que presente sus canciones en Madrid —el próximo sábado, 18 de septiembre, en Mentidero Madrid—, Miguel Tébar  A. localiza a Miguel Ángel Julián, una de las grandes voces negras de nuestro país y alma máter de Soul Teller tras su etapa con Cool Jerks y Soul Tellers.

 

Texto: MIGUEL TÉBAR A.

 

Lo suyo no es novedad, aunque conviene especificar a los recién llegados que Miguel Ángel Julián es, desde hace treinta y tres años, uno de los cantantes más significativos de nuestro país. Opera desde su residencia relacionada con la embajada española en Londres y conversa —vía Zoom— desde una casa familiar en Sevilla, base donde descansa y aguarda la recta final de su gira veraniega. Bien dispuesto, asiente al repasar brevemente su carrera, con cuatro discos largos, tres epés y memorables sencillos al frente de Cool Jerks —desde final de los años ochenta y durante el primer lustro de los noventa—. Después de aquel proyecto rebautizó a su banda como Soul Tellers, renombre que no escuchamos hasta que en 2009 se fue a grabar el nuevo material, bajo la batuta del estadounidense Willie Mitchell, a los ilustres Royal Studios. El resultado fueron nueve temas que finalmente tuvo que autoeditar —casi cuatro años después de la muerte del influyente productor— como Healing with the feeling, el único disco acreditado bajo el segundo nombre grupal.

Con algunas de aquellas maquetas, no publicadas aunque registradas en bobinas, volvió tiempo después decidido a defender en solitario su idea de proyecto bajo el seudónimo-reclamo Soul Teller, ya sin la ese, en continuo agradecimiento al himno del soul patrio que lo dio a conocer. «Oye, que no me llamo así solamente porque hago soul, sino porque es un concepto de vida, alguien que cuenta historias desde el alma».

Aunque Julián siga rememorándolo todo, tal como contó hace una docena de años en este mismo medio nuestro docto compañero Luis Lapuente, dice haber aguardado paciente el momento de continuar, descansando del negocio musical mientras producía, componía y arreglaba temas para otros artistas en un estudio que ayudó a montar en Inglaterra. «Sobre todo, quitándome la tontería que tenemos arraigada por acá, entendiéndose esta como complejos y miedos que no tienen en otros lugares», apunta, y enfatiza que cantar bien o mal no es una cuestión ni de color ni de idioma ni de estilo.

Al citarle los nombres Memphis y Stax, referencias para melómanos, cuenta una anécdota anterior a la pandemia: «Comprando en un supermercado, tras identificarme como madrileño llegado desde Londres, me preguntaron qué hacía yo por allá si «esto está muerto». ¿Tú aconsejarías a alguien ir de vacaciones a Benidorm? Pues aquello es similar».

Sin embargo, a final del pasado año el sello Hurrah! Música publicó su “Mercy mercy me”, un temazo en 7 pulgadas con un mensaje ecologista titulado “Be-bah-bah (Save the planet)”, coproducido por Lawrence «Boo» Mitchell (hijo de aquel) y presentado por Extinction Rebellion a través de un dial de su Rebel Radio. A esta siguieron otro par de buenas canciones, “The shy southern girl” y “Paranoia”, producidas por Kike Eizaguirre. La racha ha continuado este año con “Please don’t die” y la versión de The Smiths “Please let me get what I want”. Son parte del material dispuesto desde hace años, como la clásica “I’ll never say goodbye to your light”, esperando aunarse en un álbum que en su momento declaró que se llamaría Reader of Faces y que, probablemente, no llegue de inmediato.

Al hilo, afirma sentir el negocio «como en el mundo anglosajón, en el que sacar un disco es tirar el dinero a la basura. El público mayoritario quiere canción tras canción sin adquirir un formato físico, como los coleccionistas, mientras que los músicos sueñan con ahorrar para grabar en buenos estudios». Señala a Eizaguirre como el verdadero artífice de todo lo nuevo que está haciendo desde Madrid, donde trabaja el bajista de su juventud y actual productor, «conocido tras descubrir a Melendi». Ahí sigue, interaccionando con la ciudad de Graceland, Aretha Franklin o Isaac Hayes, pero «haciéndoles ver que tenemos el lenguaje aprendido y podemos hacer algo diferente. Cambiándolo todo y huyendo del sonido rancio y clásico ya grabado».

Soul Teller solicita que los medios ejerzan la ética periodística, capaz de cambiar mentes y conceptos: «Sois vosotros quienes desarrolláis y vendéis la música que os gusta. Los guiris no ven géneros musicales como tales, sino como canciones. No hacen caso a tanta etiqueta como en países con estrechez de miras. Por eso busco que lo mío llegue al corazón de quien me escucha… o, como decía Willie Mitchell, «Haz que quien te oiga se excite»».

 

«Soul Teller no canta solamente sobre salvar el planeta, sino advierte de los valores globalizados y del cambio de conciencia»

 

Es conocida la afición de Miguel Ángel por voces rotas británicas como las de Rod Stewart, y, a colación de esto, reparamos en la reciente minigira española de la señora Bonnie Tyler, cuyos conciertos, a pesar de su buen estado de forma, han pasado más desapercibidos de lo deseable, llegando incluso a lo insultante con comentarios como la «reina del bótox». Sobre si es fruto de una incultura o falta de atención respecto a la experiencia artística, el músico concluye reflexionando sobre la «sudamericanización» en España, tras la «latin music» tan de moda. Nada nuevo si apreciamos como se contagió la Invasión Británica del acento estadounidense, pero quizá podría ser uno de los motivos por lo que «las nuevas generaciones no prestan atención a voces anteriores a Amy Winehouse o ignoran la existencia de la citada galesa, a no ser que actúe en el Starlite de Marbella». «Soul Teller no canta solamente sobre salvar el planeta, sino advierte de los valores globalizados y del cambio de conciencia, de lo mal que estamos enseñando», reflexiona.

Antes de despedirse, una crítica a las varas de medir empleadas según qué eventos culturales, ante lo que no queda otra que adaptarse con múltiples formatos. Tras recordar el momento en el que tuvo que traducirles las letras de Ojete Calor a colegas ingleses, cierra así la entrevista: «Tenemos que jugar en ligas extranjeras, quitarnos los prejuicios, cambiar, dejar de hacerlo mal antes de que se lo carguen todo… y antes de criticar mentalmente, ¡hazlo tú, tío!».

 

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