Sierra y Canadá (2014), de Sidonie: Sintetizadores, azúcar y amores robóticos

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Marc: «Es un repertorio muy diverso y, en cierto modo, un cambio de registro muy loco»

 

Coincidiendo con la reedición de su penúltimo trabajo a cargo de Sony, Marc, Jes y Axel le cuentan a Tito Lesende en qué contexto crearon Sierra y Canadá. Y qué sintieron mientras le daban forma.

 

Sidonie
Sierra y Canadá
SONY, 2014

 

Texto: Tito Lesende.
Fotos inferiores: Albert Manau.

 

Es media mañana de un día cualquiera de 2018. Marc Ros, Jes Senra y Axel Pi toman cafés e infusiones en la terraza del Hotel Pulitzer, en el centro de Barcelona. Afuera, el sol pega desde arriba y los altavoces de la calle piden a los turistas que tomen sus precauciones contra los hurtos. Al contraste, el interior del hotel es un remanso de tranquila elegancia. Un equipo de televisión graba una entrevista con un personaje extranjero. Marc se confiesa fascinado por algunas de las obras que cuelgan de las paredes; de no haber sido el cantante y autor principal de Sidonie, le hubiese gustado formarse en Arte. Los tres músicos son asiduos a este establecimiento, en el que alguna vez han ejercido de pinchadiscos y, definitivamente, testado su carta de cócteles.

El Pulitzer es uno de esos lugares en los que Sidonie se encuentran cómodos y donde les gusta citar a periodistas para hablar sobre su trabajo. Hoy, el foco de la conversación es Sierra y Canadá, el disco con el que el trío dio el enésimo cambio radical a su carrera, colocando los sintetizadores en primer plano en perjuicio de las guitarras eléctricas y el rock. «Es un repertorio muy diverso y, en cierto modo, un cambio de registro muy loco. Tan suicida como lo había sido El Fluido García, pero en una dirección muy distinta. Sin embargo, todo se produjo con naturalidad. Había dos singles muy claros: “Un día de mierda” y “Estáis aquí”», dice Marc Ros.

 

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Jes: «Estaba de visita en casa de Marc y me puso “Un día de mierda”. Le dio al play y me encantó desde el minuto uno»

 

Jesús Senra continúa la historia: «Estaba de visita en casa de Marc y me puso “Un día de mierda”. Le dio al play y me encantó desde el minuto uno. Luego se lo conté a Axel. Le dije que era un temazo, que tenía una gran melodía. Es muy importante tener una canción como esa ahí, sobresaliendo en un disco como Sierra y Canadá. Porque, en medio de otros temas con letras más difíciles, yo conectaba totalmente con esta. Entendía con total claridad lo que estaba contando. Pero, cuando Axel la escuchó, no opinó exactamente lo mismo». Su compañero lo confirma: «Es verdad, aunque mi duda solo fue al principio. Tuvimos una discusión acerca del uso de la palabra “mierda”. Tenía miedo de que sonase a gancho fácil. Luego, sentí recelo al encarar la producción. Una vez que lo conseguimos, que fue enseguida, me relajé totalmente. Debemos reconocer que “Un día de mierda” se sale absolutamente del concepto del disco y que la incluimos porque es una gran canción. No termina de encajar con los demás temas de Sierra y Canadá, pero fue un empujón definitivo para el álbum y para nuestra carrera, en general».

“Un día de mierda” es uno de esos temas geniales y descastados, con una naturaleza propia. La melodía tiene el marchamo de los clásicos del pop. El solo de guitarra recuerda a Brian May. Podría haber encajado en otros discos de Sidonie y, al tiempo, no parece hijo de ninguno en especial. Su autor la resume como “puro azúcar” y concuerda con Axel en que su inclusión en este álbum fue “como meter un elefante en una cacharrería”.

 

 

Sierra y Canadá ofrece también la mencionada y muy festivalera “Estáis aquí” (con la que Jes tardó un poco más en hacer migas) y el logradísimo tema titular, en cuyo vídeo clip los protagonistas parecen moverse como Axel Pi en sus conciertos. También “Gainsbourg”, que remite al techno pop de Depeche Mode o Human League. O “Las dos Coreas”, que Marc Ros considera “la canción más oscura y extraña en la carrera de Sidonie”. La literatura del disco juega con la estética robótica y con una historia de amor imposible protagonizada por un tipo llamado Canadá en honor al eterno segundón. El trasfondo es más intelectual de lo habitual en la lírica pop española, y esto lo hace arriesgado.

Dice Jesús Senra que, para un músico, no hay nada más divertido que tocar en un grupo como Sidonie. Cada disco es una incógnita; no sabes hacia dónde vas a ir. Entras al estudio y todo es un folio en blanco». Axel Pi lo considera «estimulante y creo que hasta terapéutico. Para la cabeza de un músico inquieto, tocar en un grupo con esta progresión estilística es oro. Con Sierra y Canadá, llegamos al estudio y empezamos ya a ubicarnos para darle el carácter necesario. Sabíamos que debía ser un disco más femenino, más frío, y que al final sorprendería. Es increíble que, llegado cierto momento, la gente empezase a decirnos que teníamos un sonido propio; el sonido Sidonie. Pero también lo es esa sensación de mantener la incógnita para el público o la prensa: hemos hecho nuestra la reivindicación del cambio constante. Nuestros seguidores saben que, con cada nuevo disco, pueden encontrarse con una sorpresa o una decepción, pero están abiertos a ambas cosas. Eso es impagable». Habla Marc Ros: «Quiero pensar que quien mejor se lo pasa es el fan de Sidonie de toda la vida que ha permanecido aquí, porque él o ella habrán vivido de todo, habrán tenido que tragar, habrán disfrutado y llorado, y se habrán asqueado con nosotros. Pero eso es lo divertido».

 

 

¿Qué habría pasado si El incendio hubiese sido un éxito descomunal? ¿Habrían sido publicados El Fluido García y, luego, Sierra y Canadá tal y como hoy los conocemos? “Seguramente, no”, concede Ros. «El compositor es un estratega lleno de hipótesis. Uno debe valorar en qué grupo está, cuál es su público, a qué puede aspirar, cuál va a ser su modelo de carrera. Gracias a que El incendio no cumplió plenamente nuestras expectativas, pudimos jugar con nuestros discos siguientes. Sierra y Canadá fue diversión todo el rato; incluso en las entrevistas, cuando hablábamos de Kraftwerk, OMD y otros grupos de referencia. Y gozamos mucho en directo; especialmente, cuando iba avanzando la gira. ¡Parecía que íbamos disfrazados de Human League, por favor!».

 

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«Para la cabeza de un músico inquieto, tocar en un grupo con esta progresión estilística es oro»

 

Si bien los primeros conciertos tras la publicación de Sierra y Canadá fueron correctos, todo comenzó a cambiar cuando “Estáis aquí” caló en el público; empezó a asistir más gente. Una canción puede ser poderosa. «De hecho, El peor grupo del mundo es hijo del momento tan feliz que nos dio “Estáis aquí” en nuestros conciertos», admite Ros; «los convirtió en algo festivo y supimos que ese sería el camino inmediato».

«Apostamos por nuestra particular estrategia», detalla Axel Pi. «Sacamos primero el single “Sierra y Canadá (Historia de un amor asincrónico)” porque se trataba de una canción con un concepto más arty. Pero, justo antes de que comenzaran las fechas de verano, teniendo en cuenta los festivales que ya teníamos cerrados, soltamos los vídeos de “Estáis aquí” y “Un día de mierda”. Sabemos que Marc y nosotros tenemos el don de la canción coreable y quisimos aprovecharlo. El resultado fue apabullante y terminamos la gira en un estado de felicidad plena. Marc siempre dice que así, en este estado de felicidad, compuso nuestro siguiente disco: El peor grupo del mundo».

En este punto, Sidonie se aupó a la cumbre del indie pop español. En ese momento en que el género empezaba a perder su adjetivación y su complejo para convertirse sencillamente en pop. “Es una pena”, sonríe Marc. “Dejamos de ser indies justo cuando empezaba a gustarme el término”.

 

Próximo viernes 21, capítulo final: Sidonie disfruta su momento: El peor grupo del mundo (2016).

Anterior entrega: El Fluido García (2011), de Sidonie: Culos inquietos en la máquina del tiempo.

 

 

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