EL RITMO DE LA SEMANA

«La narrativa del terror transferida a la pequeña pantalla de un modo magistral y en la que, a menudo, le acompañaba la música de Waldo de los Ríos»
En su columna de los lunes, El ritmo de la semana, Sara Morales celebra el aniversario de la primera emisión de Historias para no dormir, cuya música fue creada por el mismo compositor que dio vida a uno de los himnos de Miguel Ríos.
Una sección de SARA MORALES.
El 4 de febrero de 1966, hace esta semana sesenta años, aparecía en una televisión todavía en blanco y negro el primer capítulo de Historias para no dormir. Inolvidable serie de antología —creada, dirigida y realizada por Narciso Ibáñez Serrador—, que nos abrió la puerta a los recónditas y oscuras veredas del misterio, a los rincones más espeluznantes del terror, a los recovecos más aterradores de la ciencia ficción, del suspense y de la psicología.
A través de la adaptación de obras literarias de autores como Allan Poe, Ray Bradbury, Robert Arthur o Carlos Buiza, además de contar con guiones propios, Chicho nos introducía en un universo único de intriga y sugestión cada viernes por la noche (a veces también durante el fin de semana), poniendo en nuestras manos las emociones más ocultas de la condición humana, estampándonos contra nuestros miedos…; pero lo hacía de un modo tan accesible, tan transversal y popular, en el fondo y en la superficie, que ha sido imposible de olvidar y ha trascendido sin remedio a las formas de nuestro terror de hoy. Ahí tenemos a Jaume Balagueró, al mismo Álex de la Iglesia, a Paco Plaza, a Rodrigo Sorogoyen, a Caye Casas y su Mesita del comedor…
Con un total de veintinueve episodios, distribuidos en tres temporadas (diecisiete en 1966, ocho entre 1967 y 1968, y cuatro en 1982), se estrenaba tímida y expectante aquel 4 de febrero que decíamos, con un capítulo llamado “El cumpleaños” —hoy con todo el sentido— y un Chicho que iría introduciendo cada velada al más puro estilo Hitchcock. «Hoy empieza un nuevo programa. Serán guiones de media o una hora con el denominador común de limpiar o intentar limpiar el género de muchos de sus tópicos y sus lugares comunes», arrancaba en palabras el genio televisivo la inquietante aventura.
Y después vendrían “El cohete”, “La alarma”, “El asfalto”… Y también “La pesadilla”, “El regreso”, “El cuervo”, “La casa”, “El vidente”… Y “El televisor”, ¡joder con “El televisor”! Tan sobrecogedor por premonitorio… Un sinfín de historias que, efectivamente, consiguieron quitarnos el sueño durante años y que llevaron a Chicho a recibir varios galardones, entre ellos, el Premio Ondas en 1969.
La narrativa del terror transferida a la pequeña pantalla de un modo magistral y en la que, a menudo, le acompañaba la música de Waldo de los Ríos. El compositor, pianista y director de orquesta argentino, conocido por su grupo Los Waldos con el que regaló una nueva vida al folclore argentino fusionándolo con sonidos electrónicos, fue quien creó casi toda la música incidental de Historias para no dormir. Una suerte de universo gótico, a base de una sinfonía sencilla maquillada de arreglos tenebristas, con los que consiguió un manierismo lúgubre y sombrío perfecto para acompañar y enfatizar estos relatos.
Fue él también quien creó la versión pop rock del “Himno a la alegría”, basada en el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, para Miguel Ríos. Un acertadísimo experimento que catapultó la canción al aplauso internacional vendiendo millones de copias en todo el mundo y con el que el músico granadino saltó a la palestra definitiva en 1969 y 1970, interpretándola e incluyéndola en su segundo elepé, Despierta.
Asentado en España desde hacía quince años, y a apenas siete de haber dado vida a este himno universal, Waldo de los Ríos, que sufría una profunda depresión desde hacía un tiempo, se quitó la vida en Madrid con un arma de fuego. Pero esa, lamentablemente, es otra historia. Y también para no dormir.
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