Salve, de La Polla Records, incómodamente actual

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«Fue un auténtico derechazo en la mandíbula de la España burguesa, católica y biempensante»

 

Carmen K. Salmerón recupera el primer álbum de estudio de la legendaria banda de punk. Un disco controvertido que marcó un punto de inflexión en el género en España.

 

Texto: CARMEN K. SALMERÓN.





 

Tras la muerte del dictador y el fin de la dictadura, España vivió unos pocos años de euforia. Parecía que el péndulo de la historia compensaba décadas de represión. Pero aquella ilusión duró poco. Las crisis del petróleo de los setenta, la reconversión industrial y el nuevo reparto económico mundial empujaron a buena parte de Occidente hacia un profundo malestar social. El desempleo, la frustración y la sensación de futuro robado encontraron en la música su mejor altavoz.

El punk nació en las grandes ciudades, entre los escombros industriales de Londres y Nueva York. En España, sin embargo, el epicentro de aquella rabia se desplazó hacia el norte. Desde Salvatierra (Agurain), un pequeño municipio alavés de apenas cinco mil habitantes, un gallego de nacimiento, llamado Evaristo Páramos, paisano de Víctor Coyote, ambos nacidos en Tuy, convirtió la indignación en una de las propuestas más demoledoras que ha conocido el rock español. Con solo diecinueve años levantó La Polla Records, una banda que acabaría siendo mucho más que una referencia del Rock Radikal Vasco: un fenómeno cultural cuya influencia alcanzó toda España y buena parte de Latinoamérica.

Salve fue un auténtico derechazo en la mandíbula de la España burguesa, católica y biempensante. El punk británico, el power pop y el rock más directo encontraron en La Polla Records una personalidad propia, feroz y absolutamente reconocible. Más de cuatro décadas después, su discurso continúa resultando incómodamente actual.

Los diecinueve temas del álbum funcionan como pequeñas cargas de dinamita. Frente a grupos que apostaban por desarrollos largos y casi épicos (TNT), La Polla Records concentró toda su artillería en canciones de entre uno y poco más de tres minutos. Breves, directas, sin un solo segundo de relleno. Cada tema dispara contra un objetivo distinto, pero todos aciertan.

El blanco favorito de Evaristo es múltiple: el catolicismo, el fascismo, el autoritarismo, la moral hipócrita, la explotación laboral o la propia sociedad de consumo. Todo pasa por el filtro de un lenguaje callejero, cargado de ironía, sarcasmo y un humor negro que termina siendo tan corrosivo como eficaz.

Musicalmente, Salve va mucho más allá del punk ortodoxo. Hay un sólido sustrato de rock que sostiene las canciones, sin caer en el sonido áspero y casi primitivo de Eskorbuto. Abel al bajo, Fernando Murua a la batería y Txarli a la guitarra no buscan el lucimiento individual: construyen una base compacta sobre la que Evaristo puede lanzar sus proclamas. La instrumentación potencia las letras; son la red en la que salta Evaristo.

Las letras. Las letras son el verdadero corazón del disco. No dejan títere con cabeza. Arremeten contra la crítica musical —hoy sustituida por la dictadura de los influencers— en «Críticos»; desmontan la alienación del trabajador en «Tú alucinas»; convierten «Los siete enanitos» en una ácida sátira sobre las relaciones laborales; ridiculizan el propio movimiento punk en «Muy punk»; caricaturizan el narcisismo del músico en «Estrella de rock» y, en «Nuestra alegre juventud», retratan con una lucidez casi profética el desencanto de toda aquella generación. “Come mierda” —y págala—, parece compuesta en esta actualidad distópica del culto a la alimentación prefabricada.

Lo extraordinario es comprobar que, más de treinta años después, apenas hace falta actualizar una sola de aquellas letras. Han cambiado los nombres, las plataformas y los escenarios, pero los mecanismos del poder siguen siendo inquietantemente parecidos. Por eso, Salve no es un disco antiguo, es un clásico furiosamente actual.

La portada, diseñada por Ñako, y el cuidado díptico firmado por Txabi Oneka —diseñador y socio del sello Soñua— completan una obra cuya dimensión visual está a la altura de su contenido musical.

Salve no solo es uno de los discos esenciales del punk ibérico. Es un manual de insumisión, inteligencia y sarcasmo que sigue recordándonos que el rock, particularmente el punk, son el revulsivo que desmonta el mundo y lo coloca patas arriba.

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