Rod Stewart, la última baraja del viejo truhan

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«Entretenidísimo concierto que el veteranísimo hombre de la garganta rota celebró ante nada menos que 12.000 personas y durante casi dos horas»

 

Al único concierto de Rod Stewart en España, en 2026, acudió Carlos de Ziriza. Un espectáculo variado, entretenido y algo kitsch, en el que el músico escocés repasó en Valencia todos sus hits a unos envidiables 81 años.

 

Rod Stewart
30 de junio de 2026
Roig Arena, Valencia

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.
Fotos: ROBER SOLSONA.

 

Consulto la edad de Rod Stewart. Alucino con que tenga tres meses menos que mi padre. Cumplió 81 en enero pasado. Recuerdo cuando fui a ver a Tina Turner a Mestalla (con mi madre) en 1987 y nos frotábamos los ojos ante una señora que lucía esa energía sobre un escenario con 47. Nos parecía inédito. Un prodigio de la naturaleza. Hace mucho tiempo que ya no. Y conste que la edad provecta, bien gestionada sobre las tablas, no es de por sí garantía de un buen show ni licencia para hacer lo que a uno le venga en gana. Pero vaya con el viejo truhan, el entrañable canalla, el adorable gañán, el encantador hortera (elijan el calificativo): ya firmaríamos cualquiera de nosotros por una vida tan intensa y tan bien llevada hasta el mismo crepúsculo.

Ameno espectáculo de varietés, bolo para un crucero de la tercera edad o apacible velada estival para la noche de un hotel repleto de guiris tostados al sol: ninguno de esos calibres —el Roig Arena estaba lleno de jubilados británicos, muchos de ellos escoceses: camisetas del Celtic de Glasgow y banderas escocesas por doquier— resta consistencia al entretenidísimo concierto que el veteranísimo hombre de la garganta rota celebró el martes ante nada menos que 12.000 personas y durante casi dos horas. En cierto modo me recordó a lo que suele hacer Tom Jones en sus visitas, aunque aquí con más material propio (aunque cayeron muchas versiones) y un punto ostensiblemente más kitsch (esos marcos en las proyecciones de las pantallas).

 

«Ni atisbo de su faceta de crooner sobrevenido, algo que particularmente agradezco. Tan solo hits. Uno tras otro. Ajenos y de cosecha propia»

 

Y al igual que ocurre con el de Gales, con esa característica voz rasgada que ya es patrimonio de la humanidad, que mantiene en un estado más que decente y que, de cuando en cuando (diría que casi siempre), supura verdad: ahí estuvo su sentido abordaje de “Have I told you lately that I love you” (Van Morrison), una de las muchas versiones en una noche en la que también cayeron “It’s a heartache” (Bonnie Tyler), “The first cut is the deepest” (Cat Stevens) o una “Jolene” (Dolly Parton) interpretada tan solo por su banda —con un protagonismo femenino de estilo algo demodé: estupendas cantantes e instrumentistas que, al mismo tiempo, lucían palmito en entallados vestidos blancos a modo de uniforme— para otorgarle uno de los preceptivos descansos. Por no hablar de la batería de hits soul que se cascó, como “It takes two” (Marvin Gaye y Kim Weston), “People get ready” (Curtis Mayfield y sus Impressions) o “Love train” (The O’Jays), con la que cerró el concierto entre globos de colores caídos del techo.

Entre el material de sus propios discos no faltaron “Maggie May”, “Infatuation”, “Forever young”, “Young turks”, “Tonight I’m yours”, “Sailing” o “Do ya think I’m sexy?”. Un poquito de folk, otro poquito de rhythmn and blues, otro poquito de rock y una buena ración de esa música disco a la que cayó rendido en el tránsito de los setenta a los ochenta, sin que ningún ingrediente predominase sobre los otros. Con suficiencia y temple. Y sin cuota de standards del american songbook, ni atisbo de su faceta de crooner sobrevenido, algo que particularmente agradezco. Tan solo hits. Uno tras otro. Ajenos y de cosecha propia.

Un amigo me comentó a la salida que esperaba un repertorio más de raíz. Algo más adusto. Más inclinado al rock clásico o al folk. Yo no esperaba otra cosa que lo que vimos. Hablamos al fin y al cabo de Rod Stewart, carajo, el hombre cuya foto mundialmente más célebre es una en la que aparece con ceñidísimos y ajados gayumbos junto a un despampanante bellezón. Y está muy bien que así fuera. Nunca dio gato por liebre.

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