Rockola, Discos. 24 de septiembre de 2010

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«Aquí no hay jazz ni fusión que valgan. ‘Hands’ es un disco de recital como la copa de un pino. Con el magisterio de un as de las cuatro cuerdas como Holland. Con el magisterio de un as de las seis cuerdas como Pepe Habichuela»

Dave Holland / Pepe Habichuela
«Hands»

UNIVERSAL

Como muy bien dice José Manuel Gamboa, “los Habichuela llevan la verdad de un sonido cabal, precioso y preciso”. Y a esta realidad incuestionable quiso arrimarse el legendario contrabajista Dave Holland, que acertó al dejarse ir por quienes le recomendaban a Pepe Habichuela (el primero de ellos, Mario Pacheco) para la realización de un proyecto que fijara su fascinación por el género tras un par de viajes a la capital andaluza y Granada.

“Hands” no es una grabación convencional en este tipo de encuentros. No hubo prisas. Las piezas fueron apareciendo sólo después de un tiempo de convivencia entre las partes, lo que dice mucho de su naturalidad y sinceridad (en las sesiones participó activamente Josemi Carmona, coautor también del tema homónimo). No hay tampoco ninguna versión. Todos son temas nuevos, escritos y grabados para la ocasión. Holland mantuvo en todo momento la ilusión del principiante; del alumno (aventajado) consciente de la ocasión de oro que le proporcionaba una cátedra tan selecta.

Luego estaba el “efecto entorno”, esos anocheceres de barrio gitano y luna llena frente a la Alhambra, las procesiones de agudas trompetas y tambores de Sevilla, y por supuesto unos anfitriones tan atentos como la familia Habichuela (que incluye un cálido agradecimiento en los créditos para ese “maestro abierto y respetuoso” que es Holland, y para su mujer, Claire, “capaz de sentir tanto como nosotros nuestra música”).

Estamos una generación más arriba que la de Howe Gelb y Raimundo Amador, y por tanto más dada a una relación familiar y seria que la de la desinhibida pandilla de Tucson/Córdoba. Ensayos por la mañana y tiempo para escribir a la hora de la siesta. Aquí no hay jazz ni fusión que valgan. “Hands” es un disco de recital como la copa de un pino. Con el magisterio de un as de las cuatro cuerdas como Holland, que por cierto hizo unas buenísimas migas con las percusiones del Piraña y ese siempre gratificante mundo de palmas y cajón. Con el magisterio de un as de las seis cuerdas como Pepe Habichuela, que para su sorpresa –qué curioso– se vio disfrutando de unas sesiones del más puro y verdadero flamenco, el de verdad. “Me sorprendieron sobre todo sus ganas de conocer el flamenco más puro, el que yo sé hacer”, dijo de Holland.

Y fueron cayendo los palos, todos diferentes: fandangos de Huelva (‘Hands’), tangos (‘Subí la cuesta’), tarantas (‘Camarón’), rumbas (‘El ritmo me lleva’), seguiriyas cabales (‘Bailaor’), bulerías (‘Puente quebrao’), soleá (‘My friend Dave’)… Por supuesto un “peaso” de media granaína que es ‘Yesqueros’. Y dos temas escritos por el propio Holland, inmediatamente sometidos al tratamiento flamenco de la banda: ‘The whirling dervish’ y ‘Joyride’. El primero de ellos queda sin duda tras la senda de los gloriosos ‘Spain’ de Chick Corea y ‘Ziryab’ de Paco de Lucía. Holland sabe bien por dónde pisa.

Los flamencólogos seguro que harán una cata más fina y poética de cada pieza, pero no hace falta ser un experto para saber que estamos ante una grabación histórica. Con disposición de “crossover”, si se quiere. Pero si no, no pasa nada. “Hands” tiene un peso específico por sí solo para deslumbrar a cualquiera: iniciados y profanos.
GERNOT DUDDA.



Paul Collins
«King of power pop!»

ALIVE RECORDS

¿Es el Power Pop una monarquía? ¿Tiene rey? Paul Collins cree que sí y por eso se autoproclama rey de este género que él mismo contribuyó a crear. Explica Collins en el libreto que acompaña al disco que este es su décimo tercer álbum de estudio (haciendo las cuentas de la lechera, ha sumado sus discos en solitario, los EPs de 12 pulgadas y los discos de maquetas de The Nerves y Breakaways que han sido editados en los últimos años…) y que fue grabado en Detroit con la colaboración de Eric Blakely (guitarras), Wally Palmar, de The Romantics (coros y armónica); Dave Shelter (batería), Jim Diamond (bajo y producción) y Nickky Corvette (coros). Añade Collins que este disco le conecta con el sonido de los ya mencionados y seminales The Nerves, The Breakaways y, sobre todo, con The Beat, la banda que le dio a conocer en medio mundo. No anda desencaminado el autor de ‘Rock n’Roll Girl’ ya que las once canciones originales y las dos versiones incluidas en «King of power pop!» Hubieran podido formar parte del hipotético tercer LP del Paul Collins’ Beat. Son composiciones briosas con contoneos guitarreros desafiantes como en el caso de ‘Off the Hook’, ‘C’mon let’s go’, ‘Don’t blame your troubles on me’ o ‘Doin’ for the Ladies’. Estos son tres de los temas que contribuyen a que este disco de Collins funcione mejor que sus anteriores y meritorios trabajos de los últimos años como lo es también ‘Kings of power pop’, una canción de corte autobiográfico.

Para demostrar que está en deuda con su pasado, Collins ha incluido en este disco un tema compuesto a medias con Peter Case, su colega en The Nerves. ‘Many roads to follow’ es una de esas canciones en las que ambos son capaces de sacar su visión más sensible y contemplativa de la vida. Las dos versiones incluidas son ‘The letter’ (Box Tops) y ‘You tore me down’ (Flamin’ Groovies), en las que el ex Nerves muestra su capacidad de dar un toque personal a clásicos del pop. Uno de los factores que hacen este disco “diferente” es la rasgada y rugosa voz de Collins, que ha perdido agudos con el paso de los años pero que ahora suena más desafiante y ayuda a ganar músculo sonoro a «King of power pop!».

Personalmente siempre he sido más partidario de las repúblicas que de las monarquías pero en este caso no se me caen los anillos por gritar ¡Viva el Rey! (del power pop, claro).
ÀLEX ORÓ.



Santiago Delgado y los Runaways Lovers
Por amor al rock’n’roll

HANKY PANKY

Santiago Delgado es un espléndido bromista pop. Y de Bilbao. Un bromista que actúa desde el bautizo de su grupo en 2003 –los Runaway Lovers, lo primero por Del Shannon, lo segundo por Jonathan Richman– y que explota en su primer disco largo. Un disco que han ido grabando desde el 2007 hasta hace bien poco y que a pesar de la persistencia en el estudio despliega frescura, vitalidad y buen humor. Cualidades las tres que dan lustre a las canciones y que las convierten en adictivas y luminosas.

Se definen a ellos mismos como «chicos Juan de Pablos», así que meten en una trituradora todo lo que ofrece el maestro en Radio 3 y les salen delicias como ‘Runaway lover’ –y mira que es difícil hacer doo-wop en castellano–, un montón de ritmos twist, homenajes a Johnny Ramone y a José Luis López Vázquez y versiones de Todd Rundgren cuando quiso ser Beatle y de los barceloneses F.A.N.T.A., de lo clásico al punk más chatarrero y enérgico.

La instrumentación es básica, voces sobre todo, guitarras y cajón, y una suprema alegría que hace que el disco vaya siendo a cada escucha más risueño, los adviertes al fin y al cabo como unos amigos que te hablan de lo cercano, que se aluden y reclaman entre ellos, que cantan como si estuviesen en el salón de tu casa y se quisieran divertir, todos vestidos con sus camisetas a rayas y revisados por el genial Mario Feal en el libreto del disco. Y ahí vuelve la trituradora con el Dúo Dinámico, la high school, el pop desinhibido, la perversión, los uhh-ahh. Que al fin y al cabo éste ha sido siempre el espíritu del pop: tres minutos de fantasía y locura. Santi los da y esperamos que los dé por muchos años.
CÉSAR PRIETO.



Phil Collins
“Going back”

WARNER

El siempre irregular y criticado Phil Collins, tras ocho años de silencio, lanza “Going back”, un sabroso trabajo que sirve de homenaje al soul, especialmente al del sello Motown. Este terreno no es nuevo para Collins, pues ya versionó ‘You can’t hurry love’ de The Supremes dentro de “Hello, I must be going” (1982). 29 canciones forman parte de “Going back” en su edición especial (18 en la simple) donde busca el auténtico sonido del sello de Detroit ciñéndose a los esquemas sonoros del género, de hecho ha contado para la grabación con Bob Babbitt, Eddie Willis y Ray Monette, tres de los componentes de The Funk Brothers, músicos de estudio que grabaron en Motown entre 1959 y 1972.

Como single y tarjeta de presentación llega ‘(Love is like a) heatwave’ que popularizaron Martha and The Vandellas, corte acompañado y de buena manera por otros temas míticos dentro de la música negra; piezas de Stevie Wonder como ‘Uptight (Everything’s alright)’ y ‘Blame it on the sun’, ‘Going to a Go-go’ de The Miracles, ‘Papa was a rolling stone’ de The Temptations, ‘Standing in the shadows of love’ de Four Tops o la composición de Gerry Goffin y Karole King que da título al disco. Un contenido bien seleccionado donde proliferan los sonidos y armonías memorables con vientos, arreglos de cuerda y sobre todo la notable percusión, tan característica de añejos temas como ‘Talk about my baby’ de Curtis Mayfield, ‘In my lonely room’, ‘Dancing in the street’ o ‘Love is here and now you’re gone’. La voz sobresaliente y producción de Phil Collins mantienen sutilmente el equilibrio entre los registros actuales y los pasados, otorgando así una «chispa» especial a la revisión que hace de esta estupenda colección de himnos, en su mayoría compuestos por Lamont Dozier junto a los hermanos Brian Holland y Edward Holland Jr y que interpretaría todo el elenco estelar de artistas del mítico sello discográfico.

En definitiva; una vuelta de nivel tras «Testify» (2002), con cuerda todavía para el que fuera componente de Brand X y Genesis que a pesar de sus problemas de salud, se embarcará en una gira para presentar como es debido este trabajo acompañado de los músicos que han participado en la grabación.
CHARLY HERNÁNDEZ.



Roland S. Howard
“Pop crimes”

LIBERATION MUSIC

Aviso al lector: la escucha de “Pop crimes” produce repelús. Roland S. Howard fallecía en diciembre de 2009, a los 50 años, víctima de un cáncer de hígado. Apenas habían pasado unos meses desde que terminó de grabar su obra póstuma. Y la verdad, el disco revela el cénit de un músico en plenitud de su arte. Congraciado al fin con las brumas del blues lóbrego reinventado por Nick Cave, ex compañero con el que el guitarrista rompió lazos tras la disolución de Birthday Party. Paradojas del destino: el epílogo de Howard sabe a vuelta a casa cuando la fiesta se ha acabado. A último trago, a palíndromo biográfico. En plena madurez, el australiano encontraba su sitio. Ese espacio expresivo tan vagamente perseguido en aventuras anteriores (Crime and The City Solutions, These Inmortals Souls).

Su segundo y definitivo álbum en solitario contiene su identidad en las guitarras. Siempre magulladas, desquiciadas. La alfombra necesaria para desplegar un rock siniestro, tan de cuento de Poe, que rápidamente se asocia al discurso de su primo Nick. A veces, esmaltado por la melancolía del violín de J.P. Shilo. Otras, inmerso en las profundidades siniestras que dibuja Mick Harvey a través de órganos y baterías –sí, todo queda en familia–. El arranque con ‘(I know) A girl called Johnny’ resume la idea de destilado histórico; ahí le acompaña a dúo Jonnine Standish –cantante australiana del grupo Hate Rock Trio y de pasmoso parecido físico con su antigua camarada Lydia Lunch–. Ocho canciones en total, que transitan entre dramatismos punzantes (‘Shut me down’), blues vanguardistas (‘Life’s what you make it’, ‘Pop crimes’, ‘Nothin’) y salmodias resacosas (‘Ave’ Maria’). Lástima que se suela apelar a la muerte para vender discos.
EDUARDO TÉBAR.



Nagasaqui
“Sor Lorenza”

AUDIOMATIC

Llega el segundo disco de Nagasaqui (Pedro Camacho y Álvaro Tello) después de que en mayo de 2008 viera la luz un primer trabajo homónimo. Este “Sor Lorenza” tiene similitudes con el material anterior pero sin llegar a ser repetitivo en temática y sonido, manteniendo una línea compositora distinta y más madura en cuanto a instrumentación. Cuentan además con la producción de José María Rosillo, logrando un binomio perfecto para un grupo que, sin difusión masiva, ha conseguido que a todos les suenen sus melodías.

Empieza muy bien, con la soberbia canción que da título al disco. En cierto modo, a lo largo de todo el álbum las guitarras son el cáliz principal del cual beben las canciones, como en el caso de ‘Todo está en mi cabeza’ o la radiante ‘Suite 902’. Los textos son otro punto clave dentro de su pop desenfrenado, como en ‘Me quedo en el 63’, una especie de regresión hipnótica combinada con añoranza. Nagasaqui opta por relatar fábulas, historias y cuentos pop (‘Los profetas japoneses’, ‘No sé llorar’). En lo musical, también hay espacio para la electrónica como en ‘Norma Jean’ y el lado oscuro sentimental que atisban ‘No se regalan flores’ y ‘Woman africana’. Y no hay que olvidar ni pasar por alto ‘El abrigo’, el single de presentación.

Al final, un regusto agridulce. Agrio (en el buen sentido) porque deja una sensación de emociones dolorosas con las que el grupo encuentra la empatía con el oyente y dulce porque la exquisita y ecléctica mezcla sónica es una auténtica pirueta de sonidos en equilibrio.
CHARLY HERNÁNDEZ.



Anterior entrega de Rockola.

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