Robert Finley, el blues que atraviesa la oscuridad

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Sendoa Bilbao repasa la carrera de Robert Finley, a través de sus canciones más emblemáticas, aprovechando la inminente publicación de su nuevo disco y su paso por España con varios conciertos.

 

Selección y texto: SENDOA BILBAO.

 

Hay historias que parecen arrancadas de un relato de Faulkner, crónicas de talento tan puro que la oscuridad no puede apagarlo. La de Robert Finley es una de esas: la de un carpintero de Luisiana que, tras perder la vista a los 60, desató al mundo una voz curtida en el góspel y el blues del sur profundo. Un torrente de soul, rock y R&B, una fuerza de la naturaleza. Su viaje es la prueba de que la edad es solo un número cuando el alma arde. Y ahora, esa llama incandescente llega a España. Madrid se prepara para recibir a un gigante en la Sala Mon, el próximo 25 de octubre.

La vida de Robert Finley es un guion escrito por el destino. Nacido en 1954 en la Luisiana rural, su infancia estuvo marcada por el trabajo en los campos de algodón. La música era su refugio, un don que cultivó de forma autodidacta. Sirvió en el ejército, pero a su regreso, la vida de músico profesional le fue esquiva. Se dedicó a la carpintería, relegando su arte a los fines de semana.

El punto de inflexión llegó con la tragedia. El glaucoma le arrebató la vista y, con ella, su medio de vida. Pero, en esa oscuridad, la música brilló con más fuerza que nunca. Empezó a tocar en la calle, donde su talento fue descubierto por la Music Maker Foundation. Su álbum de debut, Age don’t mean a thing (2016), fue una declaración de intenciones, pero un encuentro crucial catapultó su carrera a otra dimensión.

Finley ha entregado una trilogía de álbumes magistrales: Goin’ platinum! (2017), el aclamado y autobiográfico Sharecropper’s son (2021) y el salvaje y pantanoso Black bayou (2023). En ellos, la voz de Finley se entrelaza con una producción exquisitamente retro y moderna.

Juntos han creado un universo sonoro donde el soul de Memphis se encuentra con el blues del Delta y el rock más crudo.
Sus canciones son crónicas de una vida vivida al límite, llenas de sabiduría, dolor y una indomable alegría de vivir. Ha colaborado con leyendas y ha sido apadrinado por un productor que lo considera «el mejor cantante de soul vivo». Sus maestros son los grandes: James Brown, B.B. King, Al Green, pero su voz es única e inconfundible, un eco del profundo sur que resuena con una honestidad brutal y una energía

1.-“Sharecropper’s son” (del álbum Sharecropper’s son, 2021)
Aquí no hay artificio, solo la cruda autobiografía. Este tema es la génesis, el relato del niño que trabajaba «bajo el sol al rojo vivo». La anécdota cuenta que esta canción, junto a “Country boy“ y “Country child“, nació en el estudio como una única improvisación de casi media hora. A partir de esa catarsis se extrajeron tres gemas distintas. Es el sonido de la memoria hecha carne.

2.- “Souled out on you” (del álbum Sharecropper’s son, 2021)
La canción que abre su obra maestra autobiográfica es una lección de dinámica vocal. Finley pasa de un falsete que acaricia el alma, a un rugido de león herido en un abrir y cerrar de ojos. La curiosidad reside en su concepción: fue escrita pensando en la estructura clásica del soul, pero la interpretación de Finley la lleva a un terreno personal e intransferible, un lamento de amor perdido que se siente tan real como una cicatriz.

3.-“Medicine woman” (del álbum Goin’ platinum!, 2017)
Un corte infeccioso, un blues rock con un groove que te obliga a moverte. Lo fascinante de este tema es que fue una de las primeras composiciones que surgieron de la colaboración. Se dice que, en el estudio, Finley improvisó la letra sobre un riff de guitarra, creando esa atmósfera de vudú y deseo en una sola toma. Es la química pura de dos almas musicales encontrándose.

4.- “Get it while you can” (del álbum Goin’ platinum!, 2017)
Coescrita nada menos que con la leyenda del folk y el country, John Prine, esta canción es un consejo de vida envuelto en un ritmo vibrante. La anécdota cuenta que Prine quedó tan impresionado con la historia de Finley que quiso escribir algo que capturara su filosofía de «aprovecha el momento». El resultado es un himno a la resiliencia, un recordatorio de que nunca es tarde para reclamar lo que es tuyo.

5.- “Age don’t mean a thing” (del álbum Age don’t mean a thing, 2016)
El himno fundacional, la declaración que lo empezó todo. Más que una canción es su mantra. Finley la escribió desde la más profunda convicción, como un desafío a un mundo que a menudo descarta a los mayores. La curiosidad es que, antes de ser un éxito, la tocaba en las esquinas y en pequeños bares, y la energía con la que la interpretaba era la misma que ahora despliega en grandes escenarios. Es la prueba de que su mensaje siempre fue auténtico.

6.- “Alligator bait” (del álbum Black bayou, 2023)
Un talking blues escalofriante y magnético que cierra su último disco. Finley narra una historia supuestamente ficticia, sobre cómo su abuelo lo usaba de cebo para caimanes. Lo increíble es que, aunque él mismo ha dicho que es imaginaria, está construida sobre los relatos y bromas que escuchaba de sus tíos y su padre junto al fuego. Es un ejemplo perfecto de cómo Finley transforma el folclore personal y la mitología del sur en arte puro, con una interpretación que te hiela la sangre.

7.- “What goes around (comes around)” (del álbum Black bayou, 2023)
Pura filosofía del bayú. «Tienes que cosechar lo que siembras», dice Finley. La canción nació de una conversación sobre la justicia kármica de la vida. No hay un papel, no hay una planificación. Es Finley predicando su verdad sobre un ritmo hipnótico y pantanoso. El detalle está en la producción, que captura la atmósfera densa y húmeda de Luisiana, haciendo que casi puedas sentir el calor y oler el fango.

8.- “I just want to tell you” (del álbum Age don’t mean a thing, 2016)
Aunque es una versión de George Clinton, la forma en que Finley la hace suya es magistral. La anécdota aquí es el respeto. Finley, un hombre criado en el góspel, aborda este clásico del funk con una reverencia y una energía que lo conectan directamente con la tradición del soul de Memphis. Es el puente perfecto entre sus raíces y el universo musical que estaba a punto de conquistar.

9.- “Make me feel alright” (del álbum Sharecropper’s son, 2021)
Un rock and roll setentero con un estribillo de palmas y coros que es pura dinamita. La característica más notable es la alegría cruda que transmite. Después de desnudar su alma en los temas más autobiográficos, esta canción funciona como una liberación, una explosión de júbilo. En directo, es el momento en que Finley desata toda su energía, demostrando que su música no solo es para el alma, sino también para el cuerpo.

10.- “Empty arms” (del álbum Goin’ platinum!, 2017)
Una balada de soul que duele. La voz de Finley aquí alcanza una vulnerabilidad sobrecogedora. El detalle que la hace especial es la producción, que crea un espacio casi vacío alrededor de la voz, con solo unos toques de órgano y una guitarra discreta. Es como si estuvieran grabando en una iglesia abandonada a medianoche, capturando el eco de un corazón roto. Una muestra de la inmensa capacidad interpretativa de un hombre que ha vivido cada palabra que canta.

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