Ramoncín: Las consecuencias de vivir en el filo

Autor:

ramoncin-28-04-17-a

“Una canción no es un buen instrumento de venganza. Una canción tiene que ser otra cosa, porque el odio y la venganza solo hace daño al que lo siente, al que lo sufre, no al que lo recibe”

 

Ramoncín acaba de presentar la caja “Quemando el tiempo”, tres cedés que repasan su carrera y un documental sobre cómo ha sido su vida. De todo ello, del camino y de las curvas habla con Arancha Moreno.

 

Texto: ARANCHA MORENO.

 

Hace dos años me traía el vinilo reeditado de “Arañando en la ciudad” bajo el brazo, ahora trae una sonrisa. Entonces estaba en plena campaña mediática, esperando que saliese el juicio para poder defenderse del delito que no cometió, como dijo finalmente la justicia. Con la tranquilidad de haber superado un momento difícil, y con pocas ganas de escupir venganzas llega el Ramoncín más sereno, retomando un proyecto que tuvo que aplazar por las circunstancias. Se trata de la caja “Quemando el tiempo”, que incluye dos cedés con sus grandes éxitos desde 1978, un tercero con siete canciones que ha vuelto a grabar en acústico y un documental titulado “Una vida en el filo”, que recorre su vida a través de los archivos, de su propia voz y de los que lo conocieron, desde el expresidente Felipe González hasta Loquillo, Santiago Segura o Juan Echanove. Todos ellos nos acercan a la figura de un músico que también ha sido escritor, poeta, presentador, actor… que no ha querido ponerse barreras nunca, aunque reconozca que la libertad, como tal, no existe. Para hablarnos de todo ello nos encontramos una tarde al fondo de la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y retomamos la charla el mediodía siguiente en una de las salitas de Warner, la compañía que ha absorbido su catálogo. Una y otra vez, las palabras son inagotables.

 

¿“Quemando el tiempo” es la caja que pensabas publicar en 2015, coincidiendo con tus 60 años?
Sí, era casi el 6.0, pero las cosas en ese momento eran absurdamente delicadas. Habíamos reeditado “Arañando la ciudad” y pensamos hacer el “6.0”. Pero vimos que se iba a producir el juicio y nos pusimos de acuerdo rápido. Yo estaba deseando que pasase, quería el diploma para colgarlo en la pared. Cuando lees la sentencia, en román paladino dice lo que dice nuestro ordenamiento jurídico, pero lo que está diciendo es “dejen en paz a este señor”. Lo dice un tribunal de la Audiencia Nacional, tres magistrados que tienen que ver las pruebas, con un tío que se cruzan todos los días en el pasillo, el Fiscal Anticorrupción, y los tíos dicen: “Por favor, dejen en paz a este señor. No ha hecho nada de nada”. Podían haber dicho cualquier cosa: un contrato no está bien formalizado, algo que te pueda joder, que diga: “Bueno, no eres un delincuente pero no has sido todo lo correcto”. Pero llegaron por unanimidad, sin ninguna sombra de duda, y dijeron que no había hecho nada. La gente decía que estoy poco contento, sí, porque me han jodido mucho, porque todo esto nos lo podíamos haber ahorrado. Si tú no has hecho algo, ¿por qué tienes que verte envuelto en este follón? Nos lo podíamos haber ahorrado nosotros, el erario público, y estar buscando a otros tipos que sí hacen cosas.  Me dicen: “Coño, pero has ganado”. Sí, pero he estado doce asaltos recibiendo hostias. He ganado el combate, pero han sido doce asaltos, y tengo pajaritos en la cabeza. Y hubo detalles muy sucios. El juicio fueron tres sesiones, terminó el 19 de diciembre y nos comunican la sentencia el 12 o 13 de enero. Y la sentencia estaba antes de Navidad.

Sí, eso lo cuentas en el documental “Una vida en el filo”.
¿Cómo se puede tener una mente tan retorcida? ¿Cómo puede funcionar tan mal? Recuerdo esa Navidad, tú estás ahí… ¡y lo tienen desde el día 27! Solo había que darle un click a la procuradora, y la procuradora un click a mi abogada. Eso no lo voy a perdonar jamás. Lo voy a recordar toda mi vida. Nada me gustaría más que saber quién fue el hijo de puta, la mala persona, el ser podrido que lo decidió así: “Que se joda toda la Navidad, y ya lo diremos después”. Esto tiene una entrevista en una revista jurídica, la prensa recibe el auto de acusación antes que tú.

¿Te enteraste por la prensa?
Cuando fui a declarar como imputado, todavía estaba el juez Ruz, que luego se apartó, y lo primero que le dije es que el único delito que se había cometido es el que se había cometido conmigo. “Señoría, me he enterado del cambio de fecha por un rulo de televisión. Y lo que usted me va a leer ahora por primera vez, de lo que se me acusa, lo he leído en los periódicos ya”. ¿Cómo se puede filtrar un auto de acusación? Tú eres el primero que tienes que saberlo, porque eres el que te tienes que defender. Es una cosa impropia de un país democrático, libre, occidental, de la Unión Europea. No se pueden convertir en amarillismo todos los asuntos judiciales en este país. Bueno, un preámbulo muy largo… inmediatamente recuperamos la idea de hacer la caja con el documental.

ramoncin-28-04-17-b

“Uno sabe cómo es cuando tiene que asumir una desgracia, un problema gordo, una grave enfermedad. Ahí se da cuenta si es una persona dura, valiente, heróica, si sabe ganarse la vida otra vez”

 

¿Ese es el eje central de este cofre, el documental “Una vida en el filo”?
Había que hacer un documental, contar lo más parecido a la verdad objetiva, la guía que indique el tiempo, la fecha y los hechos de la manera más aséptica posible. Y nunca había sacado un grandes éxitos con los temas originales, siempre había que darles un plus, cosas en directo, versiones alternativas, acústicos, cosas desechadas… pero este es un grandes éxitos con los temas tal cual se grabaron, masterizados para que suenen mejor. Gabi Abril me iba mandando cosas como de broma: “Mira lo que he hecho con mi guitarra Martin y tu tema ‘Tormenta en la carretera’”. Al final dije: “Hostia, esto es una maravilla”. Cuando la gente me pregunta cómo voy con un disco, siempre digo: “En los huesos”. Cuando estás solo con la guitarra, con el teclado, tienes el run run, está en los huesos. He cogido seis temas conocidos y los he puesto en los huesos. ‘Al límite’ está hecho a capela, con voces. Hemos ido despojándoles de cosas y algunos parecen temas nuevos.

En ese tercer cedé al que te refieres, “Ramoncín en los huesos”, sí hay un tema nuevo: ‘Derrota’.
Sí, aunque tampoco es tan nuevo. Está basado en dos poemas de los 90, ‘Derrota’ y ‘Cenizas’. Dos poemas publicados en una caja, un libro de bibliofilia artesanal creativa, que se llamaba “Palabras de amor y otras cosas para decir en voz alta”. Una cosa de colección con grabados, papel hecho a mano, espectacular, se hacen muy pocas ediciones porque son carísimas. Una maravilla. Ahí los publiqué. En el libro completo “Ventanas del alma”, donde salen todos mis poemas, están también. Está bien, hacía mucho tiempo que yo no participaba tan poco en una canción. La letra es mía pero la melodía la tenía casi terminada Gabi. Yo hago todas mis canciones, lo hago todo, no toco todo porque no sé tocarlo todo y porque creo que perdería mucho, me gusta el alma de los demás en las canciones. ‘Derrota’ me gusta.

 

Es interesante el recorrido de los tres discos incluidos en la caja, porque se observa toda tu trayectoria desde finales de los 70, empezando por el Ramoncín juvenil y rebelde y terminando en este punto del camino, con este tono calmo y sereno.
Sí, pero es una trampa, porque el próximo va a ser muy ruidoso. En “Descalzo entre ascuas” sale electricidad por todas partes.

 

Por ese disco te iba a preguntar también, porque me hablaste de él en la entrevista que te hice en 2015, avanzándome que estabas trabajando en canciones nuevas.
Cuando oyes la parte final de ‘Con miedo a soñar’, ‘La canción del diablo’, la parte eléctrica… “Cuando el diablo canta” apunta un poco a lo que puede ser mi próximo disco. Es como ir en patines: vas un poco a donde quieren los patines y un poco a donde quieres tú. Pero tengo una idea muy clara. No quiero poner ejemplos porque luego se confunde todo, pero en la música hay álbumes que tienen mucho éxito y otros no tanto, pero aportan unos temas al directo espectaculares. Hay discos que se pergeñan con un momento de ruptura y no lo consigues, pero si de esas diez o doce incorporas una parte al directo y la gente consigue entender tu universo, cojonudo. “Descalzo entre ascuas” no va a ser un disco de venganza, ni rabioso, no. En los primeros discos, te deja la novia y dices: “Te vas a enterar, voy a escribir una canción y la vas a oír en tu casa”, las usas para quejarte de cosas… pero creo que una canción no es un buen instrumento de venganza. Una canción tiene que ser otra cosa, porque el odio y la venganza solo hace daño al que lo siente, al que lo sufre, no al que lo recibe. Yo puedo odiar a alguien y él está tan tranquilo en su casa, es la manera más absurda de perder el tiempo, de quemar energía. Las canciones tienen que contar una historia, un sentimiento, algo que le valga a todo el mundo, no se puede personalizar tanto. Como instrumento de venganza no sirven para nada. En la poesía se pueden marcar una distancia con el poder, con una línea de pensamiento… Springsteen acaba de grabar un tema anti-Trump, con un final feliz: las cosas pueden cambiar.  No sé si sirve de algo. En ‘Miedo a soñar’ escribo “Hay un tipo contando dinero sentado en un ataúd, lleno de un millón de promesas que no cumplió”, y eso vale para siempre. Parece que habla de la corrupción de ahora. Hubo un momento en el que pensé que mi venganza iba a ser terrible, pero, ¿para qué? Quizá la venganza de John Gotti sí: el borracho que atropella a la hermana, la mata y se jacta de que la ha matado, y a los dos años el tipo desaparece. Pero eso es lo que hacía John Gotti (ríe), es otra cosa.

 

En ‘Tormenta en la carretera’ tú mismo dices que te recuerda a Johnny Cash.
Es a lo que me suena, al Johnny Cash del disco de San Quintín, de las guitarras de palo y la voz muy grande diciendo cosas. Es curioso, esa canción es del disco “Como el fuego”, del año ochenta y cinco, y la letra vale perfectamente.

 

Está igual de viva.
Sí, estoy contando algo que no ha cambiado: el que se echa a la carretera, el que quiere vivir de la fama, el que decide si quiere ser libre, independiente, si lo que quiere es el sitio en el podio, qué vas a dar a cambi, cuánto te va a costar. No ha cambiado nada. Una frase tan contundente como “Poderes, dinero, ellos son Dios”, es lo que estamos viviendo. Ahí, al estar despojada de todo, solo con la letra, se recupera el esqueleto cuando la estaba componiendo.

 

Volviendo al documental “Una vida en el filo”, ¿lo realizasteis el año pasado?
Sí. Lo habíamos hablado hace dos años, estábamos dándole vueltas, me recomendaron que viera documentales de gente que ya había hecho otros, y pensamos que quienes mejor podían entender esto eran Charlie Arnaiz y Alberto Ortega. No estaban implicados en el tiempo conmigo porque son más jóvenes, no son fans absolutos y no venían por el dinero, sino que la idea les gustaba. No saben quién eres, si te vas a entender con ellos o no, tienen que encontrarse contigo, charlar y hacerte unas preguntas. La elección fue perfecta, nos encontramos con dos cineastas con ganas de hacerlo muy bien, con un guion de (Juan) Puchades básico para ir viendo la idea musical, que me conoce muy bien por su profesión y porque hemos estado siempre en contacto, y se pusieron manos a la obra como el que hace una película de un desconocido, solo que el prota de vez en cuando cobraba vida, se sentaba en un sitio a hablar con ellos.

 

¿Esa ha sido tu única implicación en el enfoque?
Claro, llegar ahí, no meterme en nada. Me preguntaron quién quería que hablase, y yo les dije que el que quisiera, y el que quiere es la gente con la que tienes una relación. Me pidieron una lista y el que quiso y pudo lo hizo, y el que no, no. Les sentaron y cada uno eligió su camino. Si te fijas, muy pocos hablan de lo mismo. El director de cine una cosa, el actor otra, el fan… no quise ver nada. No quería influir en nada. Yo tenía tres entrevistas, y elegí que una fuera en mi barrio con mis amigos, eso sí, porque son la base de mi vida, otra con mis músicos, y otra yo solo. No sabía lo que había dicho nadie. Cuando tienen un bruto lo vemos y dije que me gustaba. Solo pedí que se quitara todo aquello en lo que alguno de los entrevistados hablaba mal de alguien. Seguramente lo hacían queriendo, y quizá les molestará, pero no quería que alguien salga aquí diciendo algo malo de otro por defenderme a mi, lo hace de corazón, pero no es bueno.

 

 

Esta postura, sumada a lo que has contado antes de que las canciones no son una buena venganza, me da la sensación de que has aprendido algo en este tiempo que has estado señalado. ¿Has aprendido algo que te ha cambiado el enfoque?
Sí, seguramente sí. A contemplar las cosas de otra manera. Es una catarsis, y el que crea que no, no sabe lo que dice. Por muy bien que salgas parado, por mucho que se sepa la verdad, que te hayas quedado tranquilo. ¿Sabes la alegría de ver a mi vieja, que vivió un año más y pudo ver eso? No tuvo duda en ningún momento. Me dijo: “A mí, hijo, no me tienes que contar nada, te conozco perfectamente”. Pero la felicidad de ver a mis tíos, mis hermanos, mi familia, mis amigos… Lo he pasado peor por ellos que por mi. En medio de todo esto, una chica vino a un concierto y me pidió que le escribiese en la espalda “No digas nada, déjate llevar, y me la firmas”. Al concierto siguiente se lo había tatuado. Una chica de 35, que es alguien que ha llegado a tu música a mitad de camino. Esta persona que se ha tatuado eso en este momento, si por lo que sea se comete aquí una injusticia, ¿cómo va esa chica con eso ahí, tatuado? Qué valor. Yo estaba tan preocupado por toda la gente, tan jodido. Al final, lo que te decía: vivamos las cosas con calma. Si tengo que llamarle a alguien hijo puta ya lo haré. Cuando escriba el libro de memorias eso tendrá su espacio documentado para que no quede duda de lo rastrero que fue todo eso, ya contaré con un chiste lo del de la lata de gasolina, o el sinvergüenza de la moto, o el músico que dice: “Yo estoy en contra del canon”, pero es el que más canon cobra. Algún día habrá que decir el nombre, pero ahora, ¿para qué? Ver a terceros implicarse y decirlo… lo que decían de ese tipo en el documental les dije que no lo sacaran, porque era un arrebato. Fíjate el Loco las cosas que dice.

 

Sí, Loquillo dice que cuando te lanzaron aquellos cedés afilados en forma de estrellas, el día que tocabas en el Viña Rock (en 2006), cometieron un “intento de asesinato”.
Sí, son cosas duras, y las hemos dejado. Pero sin nombres. No quiero que alguien que va a defenderme a mi se enemiste con otra persona.

 

¿Te ves retratado en las voces de los demás?
En algunas cosas sí, en otras no. ¿Tú sabes cómo eres? Porque yo no sé cómo soy. La gente que dice que sabe cómo es, miente. Uno es como es en circunstancias normales, pero si ahora mismo explota una bomba aquí, ¿cómo vas a reaccionar? ¿Me voy a echar a correr o me voy a echar encima de ti para que no te hagan daño? Hay quien sale a defender a alguien y hay quien no se mete. Todos sabemos cómo somos en la vida cotidiana, pero uno sabe cómo es cuando tiene que asumir una desgracia, un problema gordo, una grave enfermedad. Ahí se da cuenta si es una persona dura, valiente, heróica, si sabe ganarse la vida otra vez. Cuando veo al chaval del rombo en el ojo (se refiere a sí mismo, a la entrevista que le hizo Mercedes Milá en 1978, que aparece al principio del documental “Una vida en el filo”)… han pasado cuarenta años. Ese chaval que era, cuando dije: “Le dedico esta canción a todos los que tenéis metidos en la cárcel sin excepción”. En ese momento te podían llevar detenido. Entonces era ese, en este momento soy el que te dice: “Mira, ¿vas a dedicar tus noches a odiar a alguien que está durmiendo a pierna suelta, y tú aquí quemándote la vida? No lo hagas, es un error”.

 

En la película se proyecta una imagen de Ramoncín como un tipo guerrillero, plural en sus amistades, que escucha atentamente antes de mostrarse, un animal de escenario y de tertulias televisivas. Como un individuo muy poliédrico. ¿Cuesta hacer carrera cuando uno está fuera de una tribu concreta?
No sabes el acierto que tienes con esta pregunta. El talifanismo y el fundamentalismo del rock en este país ha hecho mucho daño, mucho daño. Aquí ha habido un momento en el que la gente pensaba que el que hace rock, hace rock, y no puede hacer otra cosa, aunque tengan un ídolo fuera que sí lo haga. Nadie lo cuestiona fuera, aquí hay que hacer esto nada más. Yo me niego rotundamente, rotundamente. Las amistades que yo tengo del mundo del cine, de la televisión, los conocimientos que he adquirido de tratar con esta gente, lo que he disfrutado haciendo teatro, no lo cambio por nada. Comprendo al que solo hace música y nada más, perfecto, pero yo, porque no puedo ser astronauta, si pudiese ser astronautra, también. Yo no he querido vivir nunca en una secta, ni cuando era un crío. Si un día salíamos al Rockola, vale, muy bien. Pero al día siguiente no volvía al mismo sitio, yo me iba a Tecnogenia, que tenía un colega, y pasado me voy a la taberna de mi barrio, y el sábado al Brillante con mis amigos. Todavía lo vivo a veces. Algún músico que yo tenía, terminaba un concierto y solo quería ir a un sitio donde solo ponen rock, todas las paredes están llenas de fotos de músicos de rock y donde todo el mundo bebe bourbon. No, mire usted: yo me tomo un bourbon ahí y otro en el Hotel Urban. Me encanta todo. Es como al que le gustan solo las películas de miedo, pues qué pena. A mi me gusta el cine. Aquí el talifanismo ha sido muy radical. Conozco a músicos que su pasión son los coches, se han comprado buenos coches cuando han tenido cierto éxito, y los tienen escondidos, no van con ellos a las galas, van en la furgo. ¿A ti te gustan los coches? ¿Tú te has comprado un Corvette Stingray porque has ganado tu pasta? Macho, ¿es que lo has robado acaso? Al que no le gusta, que no mire. Yo he vivido eso en mi piel. De los guiris no le importa a nadie. Saben que Mick Jagger es multimillonario, que Springsteen es archirico, pero no jodas, tronco, ¿cómo voy a ir yo a un desfile de la pasarela Cibeles? Yo soy un rockero. Tú te lo pierdes, chaval…

 

Eso marca, ¿pasa cierta factura?
Sí, porque las tribus ven que no eres de los suyos. Si tienen un control sobre el alimento de la tribu, tú de aquí no comes, es una cosa muy jodida. Pero yo lo siento mucho, no me lo voy a plantear. Ni el fundamentalismo de no cambies nunca. No me jodas, espero cambiar, mientras siga manteniendo mi esencia y tratando con mis amigos, y manteniendo unas ideas básicas en mi vida. Pero si veo algo que considero que está lo suficientemente razonado y tengo que cambiar de pensamiento, no tendré ningún problema en hacerlo. ¿Por qué no? Otra cosa es cambiarse de camisa porque le interesa. Pero uno en la vida lo que tiene que hacer es un aprendizaje. Con mi hija pequeña, de 21 años, discuto cosas que discutí yo con su edad, pero tengo que tenerla, mi obligación como padre es discutirle eso, como hizo mi viejo conmigo. Es inevitable, tú no contemplas la vida igual con 20 que con 60. Yo leía el libro rojo de Mao en el bolsillo cuando te podían llevar preso por llevarlo. Y es una sarta de gilipolleces, desde el punto de vista occidental y en el siglo XXI. ¿Y quién fue Mao? Un sátrapa, un dictador. En un momento crees eso y luego pasas por una formación, y decides. En la música es acojonante. No te puedes cortar el pelo. Me han llegado a preguntar por qué hago teatro. Porque me gusta mucho, porque un director ha confiado en mi. ¿Por qué voy a renegar de escribir un libro, hacer teatro, ir al cine, ir a la tele? No creo que sea bueno. Está cambiando mucho. Pero no te escondas, y ya no te digo nada si el que lo está escribiendo es uno que sabes que él viaja en primera y le llevan a ver a los Stones con un colgantito VIP.

 

ramoncin-28-04-17-c

“No he jugado a las drogas en mi vida, no he jugado en ese filo de la navaja. Yo tomé una determinación: yo quiero estar en la vida, no pasar por la vida. Quiero estar aquí”

 

Siempre has sido adalid de la libertad, ¿has sido siempre libre?
Creo que no somos libres. Hasta los 18 años viví en una dictadura, intentaba ser libre en mis pensamientos, pero había algo superior que no permitía ciertas cosas. Esa falta de libertad no nos permitía juntarnos en la calle a más de cuatro. Íbamos al Parque de Atracciones, salíamos, ibamos al coche, sacábamos las tortillas y aparecían dos coches de patrulla a pedirte los papeles, a ver por qué tenías el pelo largo, a meterse contigo. A los 20 se muere Franco y ya no estamos en una dictadura. Es algo que no he analizado en profundidad, pero siento que sentí un alivio. Hostia, ya no es una dictadura. No he tenido una mayor sensación de libertad en mi vida. Te has quitado un yugo, podemos votar. Era una sensación cojonuda, pero tampoco era real, porque dos años después me tuve que ir a la Mili. Allí había un Capitán de los Paracaidistas porque había matado a un chaval de una patada y le había reventado el bazo. En 1977. Volví a sentirlo cuando votamos por primera vez. Lo contaba muy bien en un cómic Carlitos Jiménez. Era muy bonito, había una cola de gente, un tío votaba y al terminar se ponía otra vez en la cola. Le preguntaban por qué y decía: “Porque me ha sabido a muy poco”. Quería recrearse. Yo fui a votar con mi niña, Ainhoa, y puse lo que me dio la gana, voté a quien quise. Qué sensación de libertad más acojonante. Ahora las situaciones de libertad son otras más cotidianas. Tengo una casa en el Valle del Tiétar, un paisaje maravilloso, el pueblo de donde era mi madre adoptiva. Hay veces que llegu allí, tiro el teléfono, me asomo al porche… Pero es otra libertad. No somos libres, es mentira. Hay que cumplir con el Estado, hay que declarar el dinero que has ganado. Hay un redil en nuestro caso más cómodo, en el de Venezuela es más jodido. Pero, libertad, ¿qué es eso?

Tu historia está llena de pasajes literarios: la escena de la lata de gasolina que llevas a una compañía de discos para exigir tu carta de libertad, el tipo de EMI que te pidió una moto por “tratarte bien”, los cedés afilados volando al escenario cuando actuaste en el Viñarock (en 2006)… ¿Eso es vivir en el filo?
Sí. La frase del título es sexual, una frase de la canción ‘Cuerpos calientes’, que fue el título del disco. Está hablando de una cosa muy sexual: el verano, las terrazas, esa faldita que descubre lo que esconde, el olor a perfume de mujer… la vida en el filo, la continuación de ‘Estamos desesperados’. No he jugado a las drogas en mi vida, no he jugado en ese filo de la navaja. Hay un tema que se llama ‘La punta de la aguja’ que dice: “Quiero escapar de la punta de la aguja, del filo de la navaja y de tu mirada’. Yo tomé una determinación: yo quiero estar en la vida, no pasar por la vida. Quiero estar aquí. Cuando decides enfrentarte a las cosas, ese es el filo de lo que hablaba. ¿Por qué me pasa lo que me pasa? Porque he tomado una serie de decisiones. Me gustaría ver a un chaval de veinte años ahora escribiendo ‘Marica de terciopelo’. Seguramente estoy siendo injusto, el hip hop tiene a muchos que lo hacen, pero la exposición es menor. Cuando yo la escribo no hay Constitución todavía, había presos políticos. Te podían aplicar la ley de peligrosidad social por llevar un pendiente como llevaba yo. Cuando llego al micro y digo que dedico la canción a todos aquellos que tenéis en la cárcel, eso está en el docu, es un enfrentamiento directo con aquel que va a decidir si vas a comer o no, si vas a tener trabajo o no. Cuando escribo ‘Tormenta en la carretera’ en el 84 le doy al mundo de las radiofórmulas, hay que pagar por sonar, lo que todos sabemos que sucede…¿Qué chaval de un grupo de rock va ahora contra eso? Alguien tendría que explicar por qué no hay programas de música en televisión, por qué no suena toda la música en las radios, por qué las salas se cierran, por qué se elige a unos artistas y no a otros en los pueblos. ¿Por qué no difunden mi canción igual que la de ese de ahí? “No, es que vende más”. No, vende más porque le difundís. En igualdad de condiciones, ya veríamos quién vende más. ¿Por qué el negocio es tan estricto? No te digo que escriban sobre Rajoy o Pedro Sánchez…

Te refieres a canciones críticas con el propio oficio.
El oficio está paralizado, ¿por qué admitís estos contratos, ceder todos los derechos? ¿Por qué está pasando? Yo ya lo peleaba entonces. Mi primer contrato discográfico es mejor que el que firman hoy día un chaval en una compañía. La industria no es mala per sé, depende quién esté. El mismo al que le tuve que enseñar la lata de gasolina, cuando le conocí fue encantador y me regaló unos vinilos traídos de América. O el tipo que me pidió una moto. Creo que todas esas costumbres han desaparecido, pero sigue ocurriendo algo que no tiene explicación. No puedo comprender por qué la industria y las sociedades de gestión no tienen una televisión y una cadena de radio. No lo puedo entender. No voy a coger esta bandera ahora, es lo que me faltaba. Oiga, usted tiene un modelo de radio, pone música, pero no es suya, se la cedemos nosotros, ¿y es usted el que nos dice lo que tenemos que hacer? La todopoderosa 40 Principales, hay que hablar con nombres y apellidos. ¿Cómo que no pone mi música? Usted pone la de todo el mundo en igualdad de condiciones. Y si no, no pone nada de mi compañía. ¿Qué pasa, que llega la otra compañía y dice que sí? Es inexplicable. Hay canales de televisión en los que solo hacen refritos de los peores programas americanos. Que la industria discográfica y las sociedades de gestión no tengan derecho a conseguir una licencia, que no seamos capaces de ponernos de acuerdo… Cuando salieron los billetes de 5.000 pesetas, fui en Navidad a la compañía de discos y vi un arbolito al que le estaban poniendo billetes de 5.000. Eso era una fortuna, a lo mejor había 25 billetes. Era el regalo de Navidad para un tipo de la radio, muy famoso, ya fallecido, que era un corrupto. Luego se inventaron: tengo una revista, me pagas el póster de la revista, tal. Cuando vieron que el dinero mancha mucho se quedaron con parte de los derechos de autor. La radio se inventa una compañía editorial y se ceden los derechos a esa compañía. Yo me negué. Puedo tragar que el tiempo que dura el contrato con la compañía hay una parte de derechos que damos a las radios para que nos pongan la música, es un intercambio. Pero, ¿que voy a dar yo el diez por ciento de derechos de mi canción para una editorial de una emisora de radio y se lo va a quedar de por vida? Tecleas el nombre de la editorial y verás donde hay derechos de canciones famosísimas de los años 80. ¿Ahora cómo lo harán? No lo sé, quiero saber cómo funciona. ¿Cómo es posible que la gente no se subleve contra eso? La música para competir necesita difundirse, y una vez que se difunde, la gente elige. Pero si me conformo con tocar en los dieciséis festivales que hay en España, tu sabrás, pero mola pelear por tus cosas. A lo mejor tienes un talento inmenso y la gente no se va a enterar porque lo que haces no se difunde. Así están las cosas, cuarenta años después. ¿Por qué tiene un sitio para difundirse Manuel Carrasco y no lo tiene Loquillo? Que me lo explique alguien.

¿Hacia dónde van tus pasos ahora, Ramón?
Quiero grabar muchas canciones, tantas, que miedo me da, tal y como está esto, a ver cómo les cuento que quiero grabar casi un disco doble. Tengo mucho material, aunque hago mucha criba, elijo solo lo que me emociona. Pero quiero escribir mucho, tengo que terminar un libro de poemas, y creo que finalmente voy a hacer un libro de memorias muy potente, muy muy potente. Al ser tan denso… podría hacer uno de antes de ser yo, hasta los 15 años, soy hijo de madre soltera, una historia tremenda. Pensé que podría ser un libro al dictado con alguien, pero alguien muy bueno, que se implicara mucho. Si no es así me va a tocar hacerlo a mi, y eso requiere mucho tiempo, mucha memoria y mucho dolor. Voy a grabar canciones y escribir, y seguir siendo un agitador de todo esto, seguir metiendo cizaña, es una injusticia con lo que pasa con la música en general y con el rock en particular. Quizá en la pelea de la difusión si me metería, pero si se mete alguien más, yo solo no.

vinilos-27-04-17-b

Artículos relacionados