Puzzle (1996), de Los Negativos

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DISCOS DESCATALOGADOS

«Son los mismos Negativos, quizás menos concentrados, pero más dinámicos»

 

César Prieto sigue rebuscando entre los discos fuera de catálogo y se topa con Puzzle, el tercer disco que editaron Carles Estrada y Valentín Morato al frente de Los Negativos.

 

Los Negativos
Puzzle
AL·LELUIA RECORDS, 1996

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Nos enfrentamos al benjamín del grupo, al disco más cercano a nosotros en el tiempo entre los descatalogados que merecen vivir; de hecho, es el único que no ha aparecido nunca en vinilo. Estábamos en 1996, ese año en que del vinilo ya no se acordaba nadie, un vacío entre los últimos ejemplares ya extinguidos y el repunte del nuevo milenio. Fue una época también vacía de homogeneidad estilística, con miles de estilos que se cruzaban una vez desmembrado el primer indie, maquetas, recogida de estéticas del pasado, pruebas y nuevos grupos. No es cuestión de hacer historia de un año, pero en él hubo recuperación de estilos, experimentos, grupos con nuevas ideas…

Y en este ambiente de efervescencia, volvieron a aparecer desde un pasado nebuloso Los Negativos. Habían surgido como una verdadera explosión hacia mediados de los 80 y su mixtura de folk-rock lisérgico y beat —nunca se había hecho en España—, con textos de un lirismo entre la fantasía yel realismo sucio, fue absorbida por un público al que se le empezaban a hacer convencionales los grupos de pop español. Sobre todo en Madrid, donde son acogidos por el Diario Pop como la nueva sensación y actuan frecuentemente. Pero, tan pronto como surgieron, se difuminaron no sin antes dejar dos impresionantes elepés.

Han pasado diez años. En 1996 únicamente quedan del cuarteto inicial Carles Estrada y Valentín Morato, bajo y batería respectivamente. Así que se alían con Albert Ramírez para grabar este Puzzle, una isla de canciones mayúsculas y espumosas entre sus inicios y el 2009 en el que retomaron su carrera.

Son los mismos Negativos, quizás menos concentrados, pero más dinámicos. La entrada con “Esencia de Trementina” y su recitado a lo Gainsbourg del inicio deja paso a un viaje mágico mucho más pop, ya no hay setas en formol y sí aspirinas en su letra. Eso sí, siguen siendo graduados en underground.

 

 

El apartado folk es más folk en cortes como “Parque portugués”, con retazos evidentes del Dylan más melódico, o “Paseo del Edén”, sobre la caída, el fracaso y la lucha. Y también son sesenteros, digna herencia de Los Salvajes en “Menos que nada”, que supera a los cientos de grupos que siguen esta ambientación sonora. El órgano final deslumbra de chispeante. Y “El color de mis pesadillas” está pidiendo esa voz de Gaby de Los Salvajes.

 

 

Se apartan de estos presupuestos en la que da título al conjunto una suite con diversas texturas y con instrumental en medio en la que vuelven a ver a la gente pasar, como en “Pasando el tiempo”, de su primer elepé. Y este retrato de personajes excéntricos, calles llenas de fauna extraña y seres de otra realidad es el alma de “Los chicos de la calle del humo”. Un mundo que recuerda lejanamente al de La Romántica Banda Local; ambos grupos reinventan estilos y lanzan órdagos de fantasía.

 

 

El disco fue producido por Enrique Lindo, quien también los dirigió en sus inicios. Queda así salvaguardado el toque de luminosidad pop y extrañeza sobrenatural. Más convencional, sí, pero bien entramado en su mundo. El sello Al·leluia Records lo acogió. Fundado por los hermanos Gil, de Brighton 64, se dedicó esos años a preservar un estilo entre garajero, punk y sixties. Todavía recuerdo aquellos tiempos en los que subíamos a su oficina, cercana a las Ramblas, y rebuscábamos entre las cajas los discos que distribuian para ver qué nos íbamos a llevar ese día. Tesoros ocultos aparecían, tesoros como este disco y como cualquier canción de Los Negativos.

Anterior entrega de Discos descatalogados: Prêt à porter (1980), de Topo.

 

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