“Public morals”, de Edward Burns

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“Burns no intenta pasarse de listo ni buscar reinventar la rueda, y se concentra en hacer una serie entretenida e interesante, aunque recurra a material conocido”

 

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“Public morals” (TNT)
Edward Burns (“Al borde del abismo”, “Los hermanos MacMullen”).

 

Producida por Paul F. Bernard y James Scura («Las reglas del juego», “The librarians”, “Agente X”).


Producción ejecutiva por Edward Burns, Steven Spielberg (“Hermanos de sangre”, “The pacific”), Justin Falvey (“Las Vegas”, “The americans”), Darryl Frank (“Falling skies”, “La cúpula”), y Aaron Lubin (“Algo prestado”, “Los amigos del novio”).

 

Texto: FERNANDO FERNÁNDEZ.

 

 

A raíz de la “desvinculación” del prestigioso cineasta Frank Darabont, –despedido tras la primera temporada de “The walking dead”–, hace unos meses se produjo un resurgir de la temática mafiosa de los 60, de una manera mas hiperrealista y cruda de lo que había sido hasta entonces. Lo dos proyectos más destacados del género son “Boardwalk empire” de Martin Scorsese y “Mob city” de Frank Darabont, con una elaborada puesta en escena, una fotografía y un diseño de producción realmente brillantes y un reparto con rostros muy conocidos. A este grupo se le une ahora “Public morals”, un nuevo proyecto de prestigio apadrinado por Steven Spielberg con las mismas características destacadas de los anteriores proyectos.

La serie narra las andanzas de la Brigada de Moral Pública en el Nueva York de principio de los 60, centrado en la relación entre policías y criminales y cómo afecta a las personas que se encuentran en medio de esta guerra. Su creador, Edward Burns, huye del blanco y el negro para jugar con los grises, y consigue una historia más que entretenida y llevada con muy buen ritmo. Burns, que llevaba unos cuantos años desaparecido o con pequeños papeles, se convierte en la piedra angular de la serie: es creador, productor, protagonista, guionista y director de los diez episodios de esta primera temporada.

“Public morals” tiene un aire a “Mob city”, serie en la que participó el propio Burns cinco años atrás encarnando a Bugsy Siegel. El creador se ha basado en su predecesora para desarrollar un proyecto de similares características y estilo, que se beneficia de una historia también muy contenida, pero con múltiples personajes y tramas que la hacen mucho más interesante, con un sentido de la diversión y el entretenimiento que predomina en todo momento. La trama no es excesivamente original: corrupción, mafia, familias, intereses personales… Todo sigue una linea algo previsible y típica, aunque las historias están inspiradas por el padre del creador, oficial de policia en Nueva York durante muchos años. Un acierto por su parte, ya que no intenta pasarse de listo ni buscar reinventar la rueda, y se concentra en hacer una serie entretenida e interesante, aunque recurra al material conocido. Así ha logrado recuperar la fuerza y el estilo de sus guiones y dirección, algo que había perdido en una buena cantidad de comedias dramáticas independientes.

Aparte de su buena factura técnica, su reparto es muy consistente. Burns clava su personaje de policía, que se mueve sin problemas a los dos lados de la muy delgada línea sobre la que trabajan estos precursores de las actuales brigadas antivicio. A su lado, un Michael Rapaport que utiliza su imagen de grandullón bienintencionado y excesivamente buenazo que complementa con tremenda naturalidad junto a un espectacular Wass Stevens que parece sacado de una novela de la época. Sin embargo, es en el bando de los “malos” donde se concentran los pesos pesados: ese “pater familias” interpretado con su solidez habitual por Brian Dennehy, el cobarde lugarteniente encarnado por Kevin Corrigan, el habitual corre-bandos encarnado por Fredric Lehne, o los psicópatas Neal McDonough y Aaron Dean Eisenberg. Un reparto potente y sólido que saben mantener el tono en todo momento.

 

 

Aún así, la serie no es perfecta. Comete el gran pecado de querer ser más grande que el espacio del que dispone, por lo que varias tramas quedan excesivamente abiertas y a la espera de una continuación no asegurada. Además, en ocasiones Burns sigue don demasiada intensidad los pasos de sus modelos (Spielberg y Scorsese, principalmente). Sin embargo, la serie tiene muchos más aciertos que errores, y el trabajo de su equipo técnico y reparto más que compensa estos últimos. Las tramas tienen un potencial más que interesante para desarrollar una brutal guerra de familias, el futuro nos dirá si seguiremos disfrutando de ellos.

 

 

 

Anterior crítica de series: “Shades of blue”, de Adi Hasak.

 

 

 

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