¿Podrás perdonarme algún día?, de Marielle Heller

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«Una protagonista para apreciar, detestar, empatizar y, sobre todo, recordar»


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¿Podrás perdonarme algún día?
Marielle Heller, 2018


Texto: ELISA HERNÁNDEZ.


¿Podrás perdonarme algún día? se basa en la autobiografía del mismo título de Lee Israel, escritora que, con el fin de superar los problemas económicos resultantes de su falta de popularidad, falsificó una serie de cartas de diversas figuras literarias y las vendió a gran cantidad de coleccionistas. En el pasado, cuando el séptimo arte se ha enfrentado a la complicada tarea de reconstruir a un personaje histórico existente (vivo o muerto) la tendencia habitual se ha caracterizado por la romantización e idealización del sujeto en cuestión. Bien sea para inducir simpatía en el espectador o para crear inexistentes conflictos, figuras como Amelia Earhart, Margaret Thatcher o Steve Jobs ven sus aristas pulidas hasta alcanzar una extraña perfección que elimina su humanidad (o falta de) y los convierte en meros estereotipos.

El retrato de Lee Israel ofrecido aquí, gracias tanto a un ingenioso guion como al excelente trabajo actoral de Melissa McCarthy (conocida sobre todo por sus actuaciones humorísticas en filmes como La boda de mi mejor amiga, de 2011, o el remake de Los Cazafantasmas de 2016), la presenta como un ser humano completo, lleno de capas e incoherencias. Israel es antipática y desagradable con aquellos que le rodean, incapaz de establecer relaciones emocionales con nadie más que con su gato y, sobre todo, tremendamente orgullosa. En su solitaria y curiosa actividad criminal, Lee encuentra en Jack Hock (Richard E. Grant) un inesperado aliado cuya extravagancia y aparente alegría funcionan como contrapunto a la sequedad de la protagonista. En lugar de embellecer las acciones, intenciones o problemas de los personajes, se opta por representarlos de manera a la par cruda y compasiva, elicitando simpatía y afecto hacia ellos no porque se hayan construido así a propósito, sino por lo cercano y reconocible de lo mostrado en pantalla.

Hay aquí una cierta nostalgia no por la oscura y grisácea Nueva York de los años noventa que es testigo de las acciones de Lee, sino por lo que su triste e inútil lucha contra una industria literaria convertida en una máquina de hacer dinero representa. En línea con dicho contexto, su rebeldía y negativa a amoldarse (y, finalmente, su refrescante descaro y falta de arrepentimiento) podríán hacer de esta otra estereotípica historia de lucha del individuo contra la adversidad. Pero, en última instancia, la habilidad de Melissa McCarthy para canalizar el universo que hay dentro de Lee y presentarla en toda su humanidad es lo que realmente evita que algunos de los (aparentemente inevitables) elementos que podrían hacer de este un predecible biopic al uso devoren la totalidad del filme, ofreciéndonos una protagonista para apreciar, detestar, empatizar y, sobre todo, recordar.

Anterior crítica de cine: Tres idénticos desconocidos, de Tim Wardle.

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