Paul McCartney: «Siempre hay ecos de los Beatles, no puedes evitarlo»

Autor:

Paul McCartney. Foto: Linda McCartney.

«No tengo una fórmula sobre cómo hacer un disco. Y es un lujo que no tenga que tener una fórmula»

 

Coincidiendo con el lanzamiento el 31 de julio de la reedición de su álbum Flaming pie (1997), publicamos esta entrevista en la que Paul McCartney recuerda cómo se gestó.

 

Tras el ambicioso proyecto The Beatles anthology, Paul McCartney lanzó en 1997 su siguiente disco, Flaming pie, que coprodujo junto a Jeff Lynne (Electric Light Orchestra), que también estuvo involucrado en Anthology. Además, Ringo Starr tocó la batería en algunos temas. Una obra en la que sobrevuelan los recuerdos y el espíritu de su legendario grupo y que es muy especial para Paul, pues fue el último trabajo junto a su mujer, Linda, que falleció un año después.

La reedición de Flaming pie llegará el próximo 31 de julio, y para apoyar el lanzamiento, Paul McCartney y el sello Universal han compartido con diferentes medios internacionales esta entrevista actual en la que comenta y recuerda algunos aspectos de esa obra. Un álbum que ahora se amplía hasta los cinco cedés (más dos deuvedés), aunque habrá edición sencilla en doble cedé y en otros formatos.

 

¿Cuál es el origen de Flaming pie, y cómo escogiste con ese título para un álbum?
Cuando los Beatles comenzamos en Liverpool había un periódico musical local llamado Mersey Beat. Le pidieron a John que explicase brevemente dónde nos encontrábamos en aquel momento. Hizo su típica lennonada y dijo: «Fue una visión: Un hombre apareció en un pastel en llamas y dijo: “Desde hoy os llamáis los Beatles con A”». Y así fue. Esa fue siempre la explicación cuando la gente nos preguntaba «bueno, ¿por qué os llamáis The Beatles?». Así que pensé, ¡soy el hombre sobre el pastel llameante! Escribiré una canción sobre eso. Es un poco una broma. El personaje del hombre en el pastel en llamas es bastante genial. Está bastante loco. A cualquiera que se lo mencionase sonreía. Tiene mucha relación con ese artículo del Mersey Beat. John estaba allí, así que tenía mucha resonancia y buenos recuerdos para mí. John y yo solíamos dar un gran valor a los títulos: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, Rubber soul… La gente decía «¡¿qué?!». Así que realmente me gustó esta idea poco común de Flaming pie.

 

De este modo, ¿estaban los Beatles en tu pensamiento cuando hacías este disco?
Salí del proyecto de The Beatles anthology [1995] con la urgencia de hacer nueva música. The anthology me entusiasmó, porque me recordó los estándares de los Beatles y el estándar de las canciones. Fue un buen curso de actualización, y me dio un marco para este álbum. Anthology sacó todos estos recuerdos en los que no había tenido ningún motivo para pensar durante mucho tiempo. Todos los recuerdos de los Beatles. Hablar con Ringo y George sin parar sobre todas las cosas que habíamos hecho fue un periodo muy alegre. Particularmente, hablar con George, que incluso fue hacia atrás conmigo. Recordé todas nuestras viejas bromas, nuestras viejas canciones. Las cosas pequeñas. Incluso antes de los Beatles, cuando solo era mi pequeño amigo a quien metí en la banda. Al final de ese proyecto pude ver más fácilmente a dónde podría ir después.

 

¿Cómo supiste por dónde empezar?
Una de las cosas que siempre solía hacer con los Beatles era oír nuestro último álbum antes de pasar al siguiente. Por ejemplo, oía Rubber soul. Lo ponía entero, como si fuese un fan. Ahí es donde estamos. Ahí está el listón. Ahora, intentemos saltarlo. Así que Flaming pie tenía un elemento de eso. Tenía bastante del sabor de los Beatles. Siempre hay ecos. No puedes evitarlo. Cuando escribes, eres tú. Y cuando acabas de reevaluar el trabajo de tu vida, te haces una idea de a dónde ir después.

 

¿Cómo describirías el proceso de composición del material de Flaming pie?
Las canciones pueden venir de cualquier parte. A veces, llevaba a Linda a uno de sus encargos de cocina, y un día en particular, la llevé a una sesión de fotos en una granja en Kent. Me quité de en medio, fui arriba y me inventé una pequeña fantasía para escribir una canción. Sabía que Linda tardaría unas dos horas en rodar, así que me puse como límite escribir una canción en ese tiempo. Y en “Somedays” sucedió así. Escribí toda la canción en ese tiempo. Normalmente, puedes hacer la mayor parte y pensar que la terminarás la próxima semana. Pero pensé que la terminaría para que cuando Linda acabara la sesión y dijera «¿qué has hecho?, ¿te has aburrido?», yo pudiera decir «oh, he escrito esta canción, ¿quieres escucharla?». Es solo un pequeño juego que a veces hago conmigo mismo. John y yo solíamos jugar a este juego, y no creo que nos haya llevado más de tres horas escribir una canción.

 

 

Tú mismo tocas en gran parte del disco. ¿Cuál fue tu proceso mental al planificar las sesiones de grabación?
Realmente no lo pienso demasiado. Lo bueno es que siempre tengo la opción. Quiero decir, el guion extremo absoluto es simplemente hacerlo todo. Y hay canciones en Flaming pie donde hago eso, como en “Somedays”. La grabé solo, lo toqué todo, como en McCartney [1970], pero cuando estaba trabajando en la versión final pensé que tal vez podría usar un pequeño arreglo, así que llamé a George Martin. ¿Quién mejor para hacerlo?

 

¿Qué diferencias notas cuando tú mismo lo haces todo? ¿Hay cosas en particular que destaquen?
No tengo una fórmula sobre cómo hacer un disco. Y es un lujo que no tenga que tener una fórmula. Pero siempre hay algún tipo de desencadenante que me envía en una determinada dirección. Puede ser volver a escuchar la espontaneidad del viejo material de los Beatles, o escuchar uno de mis discos, incluso escuchar algo de Stevie Wonder; él mismo también graba muchos de sus discos. Pero, por ejemplo, cuando fui a hacer lo que resultó ser “Chaos and creation in the backyard” con Nigel Godrich, él dijo: «¿Podemos hacerlo sin tu banda?». Ese fue el motivo. Siempre hay algún tipo de desencadenante que me hace pensar «me gusta eso». Y diría que para el álbum Flaming pie el desencadenante fue probablemente Jeff Lynne.

 

¿Cómo surgió trabajar con Jeff Lynne?
Yo sabía que hacía buenos discos. Habíamos hecho juntos “Free as a bird” como parte de The Beatles anthology, y disfruté trabajando con Jeff. Es muy bueno en las armonías, y es muy bueno al ser preciso con su producción. No te da demasiadas asperezas. Es su estilo. Es un un tipo divertido y compartimos la misma escuela de pensamiento. A pesar del éxito de los Beatles, ninguno de nosotros pudo nunca leer o escribir una nota musical. Y Jeff exactamente igual. Dijo con bastante razón: «Todos nosotros, simplemente, lo hacemos». Y eso es. Esa es nuestra habilidad. Lo hacemos. Por ejemplo, algo como “Here comes the sun” tiene indicaciones de ritmo bastante complicadas, pero no podríamos nombrarlas. No podríamos estar interesados en eso. Simplemente lo absorberíamos, lo sabríamos y luego lo tocaríamos. Y por eso Jeff dijo que «simplemente lo hacemos». Es muy bueno trabajar con ese tipo de personas. Tenemos una no formación similar. Obviamente, trabajamos como locos. Dedicamos nuestras diez mil horas, y eso es el equivalente a ir a la Escuela de Música de Berkeley.

 

También trabajaste con Steve Miller, ¿cómo surgió eso?
Conocía a Steve desde hacía mucho. Nos conocimos en los días finales de los Beatles. Yo estaba en una sesión de los Beatles en los Olympic Studios, en Londres, que terminó en una gran bronca, y estaba dando vueltas en el estudio después de que todos los demás se habían ido. Steve asomó la cabeza por la puerta y pidió prestado el estéreo. Hablamos y decidimos hacer algo juntos, así que me uní a la batería, furiosamente, en una de sus pistas, “My dark hour”. Solo quería tocar la batería, y fue genial porque esto me ayudó a dejar salir toda esa frustración. Así lo conocí, trabajando juntos en los años sesenta. Años más tarde lo llamé y le dije: «Tengo un par de canciones, ¿quieres que grabemos juntos?». Dijo: «ven a nuestro estudio». Fue realmente genial, fuimos a su casa en Sun Valley, Idaho. Y me encanta la música de Steve. Es un gran cantante, guitarrista y compositor, así que pensé que sería bueno trabajar con él nuevamente.

 

¿Qué recuerdas de tu estancia en Idaho?
Fue muy hermoso. El tiempo fue fantástico, la nieve era blanca y el cielo azul. Tenía una hermosa casa y, por supuesto, un bonito estudio moderno. Recuerdo tocar el piano en su sala de estar, un buen Steinway. A menudo me sentaba allí y tocaba sin parar. Me sentí muy a gusto. Y recuerdo que Steve dijo: «Guau, Paul es un pianista bastante bueno», y pensé «oh, estaba escuchando». Y eso es agradable, porque cuando toco improvisadamente en el piano, lo que me gusta hacer, es un proceso. Es simplemente encantador. Es como respirar. Puedes ir a cualquier parte del piano, no te importa.

 

 

¿En qué temas te centraste en Idaho con Steve?
Trabajamos en “Young boy” durante unos tres días en su casa, y fue divertido, no nos cansamos. Ese fue el espíritu al hacer este álbum. Les dije a todos los involucrados en su realización que no se les permitía preocuparse. No habría que despertarse a las tres de la mañana en este caso. Había que disfrutar en este álbum. “Young boy” es muy sencilla. Es una canción sin rodeos, y fue escrita contra reloj. La escribí en Long Island en el tiempo que le tomó a Linda preparar el almuerzo (sopa de verduras, cazuela de berenjena y pastel de compota de manzana) con Pierre Franey para un artículo del The New York Times.

 

¿Qué aportó Steve a las sesiones?
Es un músico muy bueno. Podía apreciar lo que estaba haciendo y con eso yo podría evaluar lo que era bueno. Respeto su opinión. Él decía «esa es una buena canción», o «estas canciones son mejores que las otras canciones del álbum, así que espera hasta que tengas canciones de esta calidad, entonces será un álbum increíble», pero estaba demasiado impaciente. Dije «¡qué sabe él»! Y tocar la guitarra: sé que, si hubiera querido la acústica, él y yo podríamos hacerlo fácilmente, y sería bueno. Cosas así, cosas prácticas. Es un tipo agradable con el que estar, y es muy talentoso.

 

Jeff Lynne y Paul McCartney. Foto: Linda McCartney.

 

«Mi estilo de guitarra es un poco ingenuo, no es sorprendentemente técnico. Es un poco como Neil Young. Siento un poco de afinidad con Neil»

 

Hay mucha guitarra en este álbum, ¿cómo lo enfocaste?
En realidad, hay un poco más de mi pesada guitarra en este álbum. “The world tonight”, por ejemplo. Tiene un riff de guitarra un poco más duro. Cuando Linda y yo nos conocimos, decía: «No sabía que tocabas una guitarra pesada como esa. Eso me encanta». Siempre he hecho un poco de eso por mí mismo, pero, haciéndolo por ti mismo, no te das cuenta de que a la gente le gusta. Así que cuando llegué a este álbum, Linda dijo: «Toca la guitarra, no hagas que alguien la toque». Mi estilo de guitarra es un poco ingenuo, no es sorprendentemente técnico. Es un poco como Neil Young. Siento un poco de afinidad con Neil. Sé que nos gustan cosas similares.

 

¿Recuerdas el proceso mental para involucrar a Ringo?
Le había estado diciendo a Ringo durante años que sería genial hacer algo, porque nunca habíamos trabajado mucho juntos fuera de los Beatles. Una noche Jeff sugirió que trajese a Ringo, y dije «¡ok!». Simplemente sucedió. Tenía esta canción, “Beautiful night”, que había escrito hacía unos años. Siempre me ha gustado, pero sentía que no tenía la versión correcta, así que saqué esta canción cuando Ringo llegó, y enseguida fue como en los viejos tiempos. Me di cuenta de que no habíamos hecho esto durante mucho tiempo, pero era realmente cómodo y todavía estaba allí. Así que hicimos “Beautiful night” y añadimos un poco de velocidad al final, lo que no estaba allí antes. Y cuando salíamos del estudio a la sala de control, Ringo imitaba a un portero: «Muy bien, en marcha»… si escuchas atentamente puedes oír que dejamos eso. Una vez que hicimos “Beautiful night” no fue suficiente, me divertí demasiado y no quería parar. Entonces, como Ringo estaba allí, tocando muy bien y obtuvimos el sonido, dije: «¿Por qué no hacemos un poco de jam o algo así?». Así que agarré mi bajo Hofner, él comenzó a tocar la batería y Jeff Lynne entró a la guitarra, y los tres comenzamos un poco de rhythm and blues. Y luego tuve el peor sueño del actor: está en el escenario y no sabe en qué obra está. Cuando haces una jam así, hacer la voz es exactamente ese sueño, puedes ir a cualquier parte, puedes cantar cualquier cosa. Pero realmente tienes que despejar tu mente, olvidarlo todo al mismo tiempo que tocas el bajo, y dejar que tu cabeza vaya a algún lugar místico, simplemente improvisando todo. De todos modos, cuando lo hicimos se lo reproduje a Ringo y dijo: «Es intenso». Eso fue “Really love you”.

 

 

Tocaste la mayor parte de la batería en este disco, pero ¿qué aportó Ringo?
Magia. Ya sabes, sentarse con Ringo siempre es una gran cosa. Siempre vale la pena. Siempre es divertido. En 2019, cuando terminé la gira en Los Ángeles, Ringo se subió al escenario e hicimos juntos “Helter skelter”. Y él tocaba la batería y yo estaba cantando de frente porque estaba en el micrófono. Pero cuando no estaba en el micrófono, en los descansos de los solos y esas cosas, me volvía y veía a este tipo tocar la batería. Y pensaba: «Dios mío, reconoces los recuerdos a través de esta distancia de diez yardas, él en la batería y yo en el bajo, la vida que está pasando aquí». Es una especie de magia. Y él y yo en estos días nos emocionamos al respecto, porque deberíamos hacerlo. Deberíamos. Es algo emocional muy fuerte, los años.

 

¿Es justo decir que adoptas un enfoque ambiguo cuando escribes canciones sobre algo emocional que está sucediendo en la vida real?
Es verdad. Incluso si estoy escribiendo algo muy específico, lo velo. Esa es simplemente mi manera y cómo me he desarrollado como compositor. Si quiero escribir sobre la soledad, será “Eleanor Rigby” la que pague el pato. Con “Little willow” me sentí muy afectado por la muerte de Maureen Starkey y recuerdo haber entrado en una habitación y poner esos sentimientos en esa canción. La fragilidad de la vida está en esa canción. Pero no se llamaba Maureen, se llamaba “Little willow”. Así que siempre prefiero evocar alguna historia o cuento, o un poco de imaginación en torno a algo. Porque entonces puedo sacar mis emociones, pero no es tan crudo. Lo hace un poco más asequible para las personas, creo, si lo llamas “Little willow”. Todos tenemos un pequeño sauce, la gente puede identificarse con él. “Calico skies” es otra de este álbum con la que la gente se relaciona. Y eso me gusta, escribo mucho pensando en las personas, pero a veces hay un evento real que realmente me hará responder con una canción. Y eso siempre es algo bueno. Hace que todo se sienta un poco más real. En verdad estás exponiendo tu emoción.

 

¿“Calico skies” vino de un lugar de inspiración similar a “Blackbird”?
Quería escribir algo acústico en la línea de “Blackbird”, algo simple que se mantuviera por sí solo y en el que no tuviera que meter la batería o un arreglo, y si alguien dijera «danos una canción», podrías simplemente hacerlo. Estábamos en Estados Unidos y acababan de tener un gran huracán, creo que Bob, y cortó toda la electricidad, por lo que no había luz, todo estaba a la luz de las velas, toda la cocina tenía que hacerse con fuego de leña. Y nos gustaba toda esa simplicidad forzada. Es muy primitivo. Así que tuvimos unos días de esos, y como no pude poner ningún disco, pasé mucho tiempo con mi guitarra acústica, inventando pequeñas piezas, y “Calico skies” fue una de ellas. Es solo una pequeña canción para tocar a la gente cuando estás sentado a la luz de las velas, impotente después de un huracán. Es un pequeño recuerdo primitivo de un apagón.

 

¿Cuáles son tus canciones favoritas en Flaming pie?
“Souvenir” es una de mis favoritas. Me hubiera encantado como single, pero sabía que nadie en la tierra la habría elegido como single. Estaba de vacaciones en Jamaica una tarde perezosa cuando la escribí. Estaba pensando en Wilson Pickett. Auténtico rhythm and blues. Me gusta la sensación, unas vacaciones realmente perezosas. Cuando estaba haciendo una maqueta, el teléfono sonó en medio de la grabación. Lo ignoré. Luego comenzó a llover, ¡un gran aguacero tropical en medio de la grabación! Así que me encantó la maqueta y casi la utilicé en el álbum, porque tenía mucho ambiente, se podía escuchar lo que estaba pasando. Trabajando con Jeff tomamos esa maqueta como guía y la reemplazamos exactamente, frase por frase, simplemente colocando mejores grabaciones encima. No recreamos el rayo, pero nos aseguramos de que fuera al menos tan bueno y que tuviera el sabor de la maqueta original.

 

 

Artículos relacionados