Operación rescate: Zombies

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«Si en el pop español hay alguien que luchó con todas sus fuerzas por coger el tren de la creación y la modernidad, hizo de ello su proyecto y lo acabó consiguiendo, ese fue Bernardo Bonezzi»

Zombies
«Extraños juegos»
RCA, 1980

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Si en el pop español hay alguien que luchó con todas sus fuerzas por coger el tren de la creación y la modernidad, hizo de ello su proyecto y lo acabó consiguiendo, ese fue Bernardo Bonezzi. Desde sus persecuciones –’Odio’, de Alaska y los Pegamoides está dedicada a él– y su rabioso afán por entrar en Kaka de Luxe a los que perteneció por breve tiempo, siempre supo en qué bando encajaba su estética musical. Y consiguió colarla en él.

Prescindimos aquí del pop sofisticado de mediados de los ochenta, de su premiada carrera como compositor de bandas sonoras y de su regreso hace escasos meses. Únicamente nos acercaremos a su primer hito, al primer elepé de los Zombies.

Corría 1980 y RCA andaba loca buscando grupos entre esos niños que se decía que hacían tan buenas canciones, fue de las primeras multinacionales que reaccionó y la jugada no les salió del todo –lamentablemente– con las Chinas, pero sí que consiguieron poner en cierto mercado el álbum de los Zombies. Esta fue su primera virtud, la inmediatez, el salir antes de que los grupos de su estirpe ni siquiera se plantearan grabar. Así que para los jóvenes de la época fue una de las primeras manifestaciones de que algo estaba cambiando. Y mucho.

La segunda virtud fue tener una canción maravillosa; ‘Groenlandia’, evidentemente. Había salido meses antes en single y era imposible entonces una canción más necesaria y mejor interpretada, ayudó mucho también que Álex de la Nuez y Juanma del Olmo –después en Los Elegantes– cogieran las guitarras. Los suaves punteos, el exotismo de la letra, esos ruiditos en los arreglos, el magnetismo y, por qué no, la puesta en escena dejaban bien a las claras que se habían descubierto nuevos caminos. Preciso, frente a la seriedad y la profesionalidad de los grupos anteriores, los Zombies eran capaces de montar una verdadera locura en sus apariciones televisivas. Todavía recuerdo la actuación en «Aplauso», con Bernardo haciendo posturas y Tesa bailando con movimientos espásmodicos. Siempre me pregunté qué se habría tomado aquella tarde.

¿Y las nueve canciones que completan su debut oficial? Pues en primer lugar permiten constatar que la nueva ola fue un movimiento arriesgadísimo, aunque al final acabara triunfando. La escucha hoy en día de cualquiera de ellas asombra completamente. ¿Cómo era posible? El sonido, las formas, los arreglos, el tono, las texturas, todo lo que los Zombies ensayaron hoy sería posible, de hecho hay grupos que podrían asimilárseles, pero no pasan del underground más escondido. Los que enganchan más a la modernidad podrán tener grandes canciones, pero no escapan del cómodo clasicismo.

En segundo lugar –y esto ya no sólo es virtud, sino clarividencia– abrieron los ejes temáticos que más tarde iban a desarrollar los grupos de su estela. Bien, hay canciones sobre espionaje, relaciones internacionales, como ‘Hablamos de nosotros’ de Oviformia Sci o ‘Contacto en Saigón’ de Estación Victoria, pero ellos fueron los primeros con ‘Contacto en Zurich’. El pop español iba a llenarse de aeropuertos y de ambientes cosmopolitas; necesitados de aire fresco, era importante ser banal. La vanguardia ya no estaba en el compromiso. La necesidad de escapar también se observa en ‘No puedo perder mi tiempo’, con unas guitarras obsesivas, cercanas más que otra cosa a Talking Heads.

Otro ámbito. El terror se puso de moda, ahí está ‘Redrum’ de Alaska y los Pegamoides; pero antes ya habían aparecido ‘La venganza de Tchulu’ –seguramente basado en la antología de Rafael Llopis para Alianza–, con sus voces lejanas de ultratumba, y ‘Extraños juegos’, otra de las grandes, entre el candor y la perversión. El aire pschicobilly de las guitarras frente al deje infantil de la melodía consiguen una canción desasosegante.

Más escenarios. En una época el pop español se volvió sofisticado y decadente, tenemos ‘En cualquier fiesta’ de La Mode y las “flores pisoteadas” de las que hablaba Dinarama; ¿no recuerdan poderosamente en letra y textura a las “Orquideas marchitas’ de los Zombies? También había que atender a oscuras civilizaciones y ritos paganos, ahí están ‘Isis’, también de Dinarama, o la carrera de Los Iniciados; pues bien, los Zombies tenían ‘Cleopatra y la serpiente’, con el fondo funky y la postura hierática y fría que después se harían tan comunes.

Y si hablamos del espacio, cómo no recordar ‘Otra dimensión’, algunas canciones de Aviador Dro o incluso a los catalanes Primavera Negra con ‘Colonos de Marte’, pues los Zombies ya habían hecho su single y ‘La energía de Plutón’ cercana al ‘Bote de Colón’ de Alaska y los Pegamoides, del que calca detalles y melodía ¿O quizás fuera al revés?, los Zombies ensayaban en los mismos locales que Kaka de Luxe y Bernardo recibía en su apartamento de la Torre de Madrid a Canut y Berlanga, o iba a casa de ellos; no sería extraño que se retroalimentaran.

Pero sobre todo, lo que más extraña de este disco es que fuera gestado por un mozo de trece años –a esa edad fundó el grupo–. No, no piensen en la música que podrían hacer hoy chicos de trece años, a riesgo de sufrir una fuerte depresión.

Anterior entrega de Operación rescate: Los Secretos.

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