«Tengo una idea», de Sergio Makaroff

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

«Un disco lozano, descarado, jovial, muy de juventud y muy rock en comparación con la obra posterior de Makaroff, que ha evolucionado notablemente como compositor e intérprete»

Sergio Makaroff
«Tengo una idea»
EPIC/CBS, 1980

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Viajemos al Buenos Aires de mediados de los años setenta: Sergio Makaroff, junto a su hermano Eduardo, capitanea a Los Hermanos Makaroff, un dúo (que luego fue quinteto) con el que trata de imbuir algo de modernidad al rock argentino, tan exento de unas buenas dosis de frivolidad y diversión. Con la canción ‘Rock del ascensor’ y sus directos se hacen un nombre en la escena porteña, pero los militares han tomado una vez más el poder y ser veinteañero, melenudo y dedicarse al rock no es la mejor manera de pasar desapercibido en un clima asfixiante y ultra violento, sanguinario. Así que en 1978 Sergio pone rumbo a Madrid animado por las cartas que le escriben sus amigos Alejo Stivel y Ariel Rot, que están empezando a triunfar aquí con Tequila, incluyendo algunas canciones suyas en el repertorio.

Tras algunas peripecias hispanas, Makaroff, contra todo pronóstico, decide instalarse en Barcelona y no tarda en conseguir el ansiado contrato discográfico que ha de activar su carrera solista: firma con la multinacional CBS, que lo lanzará desde la filial Epic. Es 1979 y lo primero que se registra es un single con dos canciones: ‘Explorador celeste’ e ‘Ibiza’. De la producción se encarga el veterano José Luis de Carlos y de los arreglos el guitarrista portugués Johnny Galvao. Sergio queda espeluznado con los arreglos de ‘Explorador celeste’: él ha pedido que la canción tuviera un toque a lo Dire Straits (de lo más moderno del momento), pero Galvao ha calcado el sonido de la guitarra de Mark Knopfler. Mala manera de comenzar, pero da lo mismo: ‘Explorador celeste’ es una maravilla arreglada como sea, un tema que, entonces no teníamos ni idea, enlaza con la tradición del rock argentino por medio de una letra altamente sugerente: «Qué suerte que el aire es transparente, / y a la noche, en la terraza, / mis ojos ven estrellas verdes, / regalando luz del pasado / en el presente. / ¡Ay! A veces me equivoco y siento / que la atmósfera terrestre me aprisiona, / que la gravedad me detiene, / que mis omóplatos sin alas no sirven, / que no quiero ser humano, sino / explorador celeste, / y volar y volar y volar y nunca regresar». ¡Uf! Menuda canción, de esas que uno nunca se cansa de escuchar. Joder, ¡hasta me gustan esos arreglos de la discrepancia!

Galvao arregla un tema más, y Makaroff pone el grito en el cielo. El cielo le escucha y es su grupo de directo, Los Rápidos, el que junto a él mismo dan forma a los arreglos del resto de canciones que incluye el álbum (De Carlos sigue en la producción). Aquí hay que abrir ilustre paréntesis para recordar que el batería del grupo es Manolo García, que pronto, cuando el grupo abandone al argentino, pasará a ser el cantante; y el teclista un tal Esteban Martín, que en realidad no es otro que Esteban Hirschfeld, que en Uruguay había formado parte de Los Mockers y que, posteriormente, uniría su destino a Gabinete Caligari y Jaime Urrutia.

El disco se abre con «El hijo de Sam», rock intenso, casi boxístico, con letra inspirada por la historia del asesino en serie David Berkowitz, un pirado que, en Nueva York, mató a seis personas e hirió a algunas más y que confesó que seguía la voluntad de un demonio que había poseído al perro de su vecino (tal cual). Los arreglos (de Galvao) son algo convencionales, con abuso de guitarrazos y un saxo chocante, pero aun así resulta un tema intensísimo. ‘Soy muy duro’ es el corte que más claramente enlaza con una faceta a la que Makaroff dará salida abiertamente en su regreso de 1996: las canciones humorísticas. Aunque aquí, más que humor directo, hay cierta ironía, y el duro, al final, no lo es tanto. Makaroff saca sus registros más altos, su tremendo vozarrón. Una voz que domina todo el disco, siempre muy en primer plano, casi huracanada, sin domesticar: con el tiempo irá controlándola.

También hay lugar en «Tengo una idea» para el pop nuevaolero (y premeditadamente retro) en la encantadora ‘Nena, ¿dónde estás?’ (canción prima hermana de las que firmaba Tequila en aquel tiempo, con cierto componente adolescente. Con ella, Sergio acudió al Festival de Benidorm) y para el reggae (ritmo de moda en aquel momento) en ‘Enamorado de ti’, una de las joyas del disco, y según me confesó hace poco Makaroff, tema basado en hechos reales, pues en aquel momento andaba loco por los huesos de una chica que no le hacía mucho caso: «Nunca imaginé que me vería así, / pero últimamente solo pienso en ti. / Nena, te has quedado con mi corazón, / devuélvemelo. […] Cosas del destino que es un poco cruel, / tú delante mío y con el tío aquel. / ¿Por qué tienen que pasarme estas cosas a mí? / ¿Por qué la vida es así? / Enamorado de ti, / pero tú no de mí». Mucho más denso es ‘Ausente’, un rock sobre las tormentas interiores.

‘Muy bien’, por el contrario, es canción vitalista, con cierta ironía en la letra, muy probablemente autobiográfica, alrededor del oficio de cantar: «Mi padre soñaba con verme, / con verme escalar posiciones, / y yo me trepaba a los árboles / y allí componía canciones. / Mi madre decía ‘que estudie, / que ponga una cara muy seria’. / Y yo me escapaba de casa, / me iba a cantar por las ferias. / ‘Cantar no es trabajo seguro, / podrías morirte de hambre, / primero asegura el futuro, / y luego dedícate al arte». Para que no hubiera dudas, incluye toda una declaración de intenciones: «Quizá nunca sea rico, / pero me lo pasaré muy bien. / Quizás nunca tenga un duro, / pero me lo pasaré muy bien. / Viajando por todo el mundo, / me lo pasaré muy bien». Versos premonitorios, pues eso es, más o menos, lo que le sucedió a su autor.

‘Nadie como tú’ es una pequeña pieza de gran belleza melódica, en la que surge el Makaroff más sensible, ese que en discos sucesivos ha ido dejando excelentes muestras de su saber manejar con tiento materiales frágiles: «Me gusta verte la cara, / si es cada día mejor, / y tú que un día dijiste, / que ya no existe el amor». En la segunda voz se reconoce perfectamente a Manolo García. ‘Ella dijo hola’, es el tema menos perdurable de todos, una historia sobre ligoteos en discotecas de pueblo. El final del elepé lo pone la potente y muy elaborada musicalmente ‘Tira p’arriba’, con un texto con el que darse ánimos: «Síguelo intentando, síguelo intentando, / nunca te detengas, sigue luchando, / síguelo intentando, síguelo intentando, / nunca te detengas, sigue luchando hasta el fin. / ¡Uuh! Tira p’arriba».

La edición en cedé del año 2000 incluyó como bonus track ‘Ibiza’, la pieza que completaba el single de ‘Explorador celeste’, una deliciosa canción bailable que cuenta la fascinación que sintió Sergio ante la isla balear, donde pasó una temporada antes de recalar definitivamente en Barcelona: «El mar se amansa en las calas, / pero igual el viento llena las velas. / Los días brillantes y largos, / y las noches que se pasan volando. / Jardines de luz y sortijas, / oh, el reino de las lagartijas. / Oye preciosa, / no estés ansiosa, / no tengas prisa, no, / esto es Ibiza». Los arreglos tienen poco que ver con los del resto del álbum (son de Galvao), e incluso se cuela una flauta. Si el oyente pone atención, comprobará que el audio tiene menos calidad que en los temas precedentes, ello se debe a que cuando se preparó la edición en cedé se descubrió que en los archivos de CBS no se conservaba el máster de esta canción («al ser un single, debieron de destruirlo», me dijeron cuando sugerí que se incluyera el tema, ya que estuve implicado en la edición del disco) y hubo que extraer la grabación de una copia en vinilo (para más señas, la mía).

«Tengo una idea» se muestra hoy como un disco lozano, descarado, jovial, muy de juventud y muy rock en comparación con la obra posterior de Makaroff, que ha evolucionado notablemente como compositor e intérprete. Tras su publicación, Los Rápidos, que surgieron como la banda de acompañamiento de Sergio, decidieron abandonarlo y volar solos. Decisión acertadísima, visto lo visto: Sergio no volvió a grabar un elepé hasta siete años después, mientras que de Los Rápidos brotaron Los Burros y de ahí El Último de la Fila…

Acabemos mencionando que hay tiendas de segunda mano que piden doscientos euros por una copia en vinilo de «Tengo una idea», así que se ha convertido en un pequeño tesoro: aunque, en lo musical, siempre lo fue. Y grande, no pequeño.

Anterior entrega de Operación rescate: The Dream Syndicate.

Artículos relacionados