Remigi Palmero i Bon Matí: «Humitat relativa»

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«Humitat relativa’ es tan intenso, tanta es su luz y tanto el calor que irradia que escucharlo es como mirar al sol con los ojos abiertos. Hay pocos discos así»

Remigi Palmero i Bon Matí
«Humitat relativa»
PU PUT!/ZAFIRO, 1979

 

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

 

Todos tenemos discos que de tanto que nos gustan es como si nos persiguieran, como si siempre estuvieran ahí detrás, o al lado, recordándonos constantemente su existencia, con cualquiera de sus canciones asaltándonos la mente, inesperadamente, a la menor oportunidad. Son aquellos álbumes que, como los recuerdos vividos, cargamos para los restos. Uno de esos, para mí, es «Humitat relativa», el estreno de Remigi Palmero. Un valenciano de Algemesí que había debutado unos años antes, siendo casi un adolescente, junto a los veteranos Els 5 Xics, formación pop que en ocasiones le dio con ganas al soul y en la que Palmero dejó sus primeras composiciones.

A finales de los años setenta, en plena recuperación democrática, la hoy adormecida Valencia vivía una cierta efervescencia política y social, caldo de cultivo idóneo para la aparición de solistas y formaciones que reivindicaban tradiciones y lengua propia. De todo aquello ya queda poco, primero el PSOE y luego el PP se encargaron, con energía, de enterrar todo vestigio, incluso todo recuerdo. Sin embargo, en lo musical, quedaron para la historia varias decenas de discos, casi todos orientados hacia la canción de autor y el folk, aunque el rock se abrió paso en las tres obras magnas y primerizas (por orden de aparición) de Pep Laguarda, Remigi Palmero y (Julio) Bustamante. Tres discos formidables, inmensos. De entre los que, tal vez, el de Palmero sea el más especial, el que más firmemente halló un territorio único, una suerte de folk-rock que supo capturar sonidos y texturas locales de manera singular.

Ideado a la vez que el «Cambrers» de Bustamante (ambos discos son hermanos) y en el mismo lugar (Altea), «Humitat relativa» es (casi como en la imagen de la cubierta) un balcón abierto al Mediterráneo. Balcón florido en el que el rock, las pinceladas funky y jazzísticas conviven con sonidos que no pueden negar su valencianidad (el propio Remigi entonando en ‘Plens de sol de bon matí’ parece inspirado por la manera de interpretar las «albaes») pero integrados en tan prodigiosa comunión que para el escucha no familiarizado con el folk local ni se enterará; solo hallará olores a Mediterráneo. Incluso en una pieza casi abrasileñada como la incombustible y soberbia ‘L’olor a garrofa’ (con su ritmo prodigioso y sus pasajes próximos al jazz-rock) Remigi canta a las típicas construcciones de la huerta valenciana («Nuestras casas, todas pintadas de cal, el ‘datilero’, la palmera, siempre la están festejando […] Ah, el olor a algarrobo que hacen»).

Pero en este caleidoscopio sonoro hay tiempo de perderse en la densidad de «Temps de pluja a la ciudad», con algunos de los mejores pasajes líricos del disco (todo un jugoso tratado alrededor de los días de lluvia, fruto del que sabe observar y narrar), ‘D’Anna’ y ‘Deixeume sol’, reivindicar la verbena (recuperada en aquellos años, cuando se pudo tomar la calle como espacio lúdico de nuevo; así como las tradiciones relacionadas con el fuego, también citadas en la canción) en ‘Cançó de festa’ o musicar a Vicent Andrés Estellés en la evocadora y sensual ‘Plens de sol de bon matí’.

Incluso, Remigi, generoso, dejó espacio para interpretar tres exquisiteces firmadas por su amigo Bustamante (siempre fértil y acertado compositor): ‘Veles en la mar’, ‘Radio Alger’ y ‘Angelets’. Canciones supremas que aportan la particular manera de entender el pop del primer Bustamante, lejos de las soflamas alrededor de Van Morrison que le reinventarían. Palmero supo hacerlas suyas, integrarlas en su estética.

«Humitat relativa» es tan intenso, tanta es su luz y tanto el calor que irradia que escucharlo es como mirar al sol con los ojos abiertos. Hay pocos discos así.

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