Operación rescate: Pistones

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“Ariel Rot comprendió que Pistones era un grupo de power pop, con las guitarras bien presentes y al que solo había que sacarle brillo, arrojando luz sobre esas intensas y certeras melodías que escribía Chirinos”

 

Pistones
“Persecución”
MR DISCOS/ARIOLA, 1983

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Pistones, durante un par de años, fue un secreto a voces entre los aficionados a la nueva ola: formados en Madrid en 1980, el grupo fue dejando, en maqueta o en single (antes de llegar a publicar su primer elepé), temas tan vibrantes y pasmosos como ‘Los Ramones’, ‘Vuelve pronto’, ‘Las siete menos cuarto’ o ‘Voces’ (hay un elepé imprescindible que los agrupa: “Primeros tiempos”, Twins, 1984). Canciones que Jesús Ordovás se encargaba de difundir para todo el país desde Radio 3, generando éxitos a pequeña escala. Sin embargo, el grupo solo se haría visible para el gran público con ‘El pistolero’, el tema que, lanzado como single, encabezaba su primer elepé, “Persecución”.

“Persecución” se grabó en octubre de 1983, con producción de Ariel Rot quien, como excomponente de Tequila, no gozaba precisamente del aprecio de los integrantes de la nueva escena musical en un momento de enorme polarización y desafección hacia el pasado inmediato del rock español. Sin embargo, el batería de Pistones, el argentino Fabián Jolivet, convenció a sus compañeros (Ricardo Chirinos, Ambite y Frank López) de que Rot era una buena elección, así que se puso al frente de la dirección, con Peter McNamee (que había coproducido a Tequila) en los controles. Rot comprendió que Pistones era un grupo de power pop, con las guitarras bien presentes y al que solo había que sacarle brillo, arrojando luz sobre esas intensas y certeras melodías que escribía Chirinos, porque en ellas ya había la suficiente actitud y fuerza. Aquello eran canciones con mucha pegada y enorme capacidad adherente.

Y “Persecución” es un disco, sobre todo, de canciones, con un sonido muy propio de los ochenta (ahí está el habitual tratamiento de las baterías) y teñido en cierto modo de la manera en la que los Clash entendían por entonces el rock, con bases rítmicas herederas del funk. De ello salió un rock punzante, plagado de grandes melodías y destellos luminosos, como disparado a ráfagas, en canciones tan redondas como ‘Persecución’, ‘Ultimo soldado’, ‘Galaxia’, ‘Mientes’, ‘Fórmula’ o ‘Nadie’. Temas que muestran a un grupo de corazón abierto, apuntalado por las canciones de Chirinos, capaz también de desarrollar letras originales, como en ‘Lo que quieras oír’, sobre el ocaso de una estrella (“Qué puede quedar, solo existo yo, / tu último admirador, / vuelve a actuar solo para mí, / diré lo que quieras oír”), que es a su vez una de las canciones más logradas del álbum, con ese sutil detalle de introducir los punteos de la guitarra acústica en la segunda parte.

En este repertorio también destaca, por supuesto, ‘Metadona’, uno de los clásicos del grupo (la metadona, recordemos, se utilizaba para desenganchar de la heroína), con una gran melodía y un crescendo fantástico en ese estribillo que repite “Y no sé cómo voy a escapar”. También el cierre del disco es excepcional, con la hermosa ‘Flores condenadas': “El dinero que gané, / lo gasté en conseguir / flores condenadas a morir”.

Pero, lo dicho, de “Persecución” ha perdurado ‘El pistolero’, el único éxito de Pistones, pues aunque grabaron un par de álbumes más, ya nunca lograron que ninguna de sus canciones trascendiera como esta, con su estética inspirada por los Clash de “Combat rock” pero que, a la vez, avanzaba ese rock vaquero que estaba a la vuelta de la esquina, y en la que Rot colaboró en la música (suyo es el riff principal). Una canción de esas que definen y eclipsan toda la trayectoria de un grupo. Y es una pena, porque los Pistones fueron de lo mejor y más recomendable del momento, y “Persecución” uno de los discos más logrados de aquel tiempo. Un álbum que merecería una reedición con el sonido puesto al día.

 

Anterior entrega de Operación rescate: Revólver.

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