Operación Rescate: Miguel Ríos

Autor:

Miguel Ríos
«La huerta atómica (Un relato de anticipación)»
POLYDOR, 1976

 

Texto: DARÍO VICO.

 

Fue a principios de los noventa cuando vi un cartel, hecho a mano, que parecía remitir a dos décadas atrás. Invitaba a una escucha colectiva de «La huerta atómica», una práctica bastante común en el Madrid de los primeros setenta, cuando los discos eran un bien escaso y la camaradería entre rockeros algo bastante corriente. El rock no estaba bien visto ni por la izquierda ni por la derecha, y hacer causa común y reunirse a escuchar, por ejemplo, el «Ummaguma», de Pink Floyd, era una buena excusa para pasar la tarde en compañía de otros frikis. Evidentemente, los tiempos han cambiado. Finalmente, aquella tarde acudieron a la cita, en un centro cultural de Vallecas, el organizador de la velada, su novia, un chico con aire de asesino de rol, un amigo mío y yo. Se apagaron las luces, se encendieron unos cuantos focos giratorios para buscar el efecto psicodélico y, amigo, el disco empezó a girar, y con él el mundo hacia atrás.

No es fácil, en pleno 2000, creerse una historia como la que cuenta Ríos acompañado, principalmente, de los teclados de Mariano Díaz y las guitarras de Tony Ponce. La alegoría al desastre nuclear es el germen de este relato en forma de disco conceptual, pero también hay espacio para el humor como en ‘Bienvenida Katherine’, en la que el personaje interpretado por Ríos se beneficia a un mando del ejército invasor que, como no podía ser otro, es el yanqui. Efectivamente, el cruce guerra fría –la Transición hizo que la progresía se posicionara muy claramente de un lado del telón de acero que hoy no es precisamente el más popular–. Pero no nos asustemos, “josemaris”, que «La huerta atómica» es un alegato simple y llano por la paz, que hoy se escucha con agrado, especialmente por el uso en grandes dosis del Minimoog, el Korg y el Mellotron, instrumentos muy poco explotados en el rock español, supongo que porque estaban al alcance de muy pocos músicos de la época.

Tal como pasó con «Ciclos», de Canarios, éste fue uno de los discos peor recibidos de Ríos, ya que excepto unos pocos avisados, el rock sinfónico o progresivo no interesaba a nadie, y de hacerlo ahí estaban Yes o Emerson, Lake & Palmer, que vestían más. Los que recuperen «La huerta atómica» pueden encontrarse con una rareza realmente fascinante, un disco que no es que haya envejecido mal o bien, porque ya en su día era una locura.

[Este texto se publicó originalmente en EFE EME 20, de julio/agosto de 2000]


Anterior entrega de Operación Rescate: Kurt Savoy.

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