Operación rescate: Melodrama

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«Aquellos agridulces temas escritos por Dionís Olivé que viraban más hacia la ironía que hacia el humor grueso; que tenían en Ray Davies un espejo en el que mirarse»

Melodrama
«Grandes fracasos. 1976-1991»
TRANSDISC, 1991


Texto: JUAN PUCHADES.


La historia del pop, ya sabemos, está plagada de personajes que nunca fueron, de locas aventuras imposibles, de efímeros destellos de talento adscritos sin remisión al más descomunal de los fracasos. Pero si de lo que hablamos es de pop español, la cosa adquiere tintes de verdadera infrahistoria musical, cuando no de amargo sainete. Como la trayectoria de los barceloneses Melodrama, muy sintomática de cómo son las cosas moderno-musicales por estos lares: su disco más conocido es, precisamente, uno ajeno, grabado como banda de acompañamiento, el recordado «Sisa i Melodrama», en el que el iluminado Jaume Sisa recreaba, como si de una fiesta ye-yé se tratara, algunas de sus más dislocadas composiciones. Pero ellos solitos, Melodrama a secas, no tuvieron mucha suerte. De hecho, no tuvieron ninguna: funcionando desde mediados de los 70, y siempre con los hermanos Olivé (Dionís y Toni) al frente, grabaron algunos singles en diversos sellos; incluso lograron fichar por la todopoderosa CBS y que Tony Ronald —el mismo que pocos años antes supo encauzar como nadie el talento de Los Amaya— les destrozara sin compasión dos coloristas canciones.

Y es que no eran fáciles de entender aquellos agridulces temas escritos por Dionís Olivé que viraban más hacia la ironía que hacia el humor grueso; que tenían en Ray Davies un espejo en el que mirarse; que se recreaban en los sonidos de los 60; y que, para colmo, alternaban con naturalidad el catalán y el castellano. El fracaso estaba cantado. Los Melodrama se podían poner como quisieran: lo suyo no tenía futuro. Demasiado catalanes para el español medio, demasiado españoles para el catalán concienciado de lo suyo, demasiado ilustrados para los hedonistas años 80. ¡Incluso, demasiado amigos de Ramón de España! Un desastre.

Pero como siempre hay un roto para un descosido, hete aquí que Joan Navarro, teclista del grupo, no contento con bregar en el arranque de la década de los 90 con la dirección del Salò del Còmic de Barcelona y dejarse la salud en frustrados (¡pero gloriosos, qué coño!) proyectos editoriales relacionados con los tebeos, tuvo la feliz ocurrencia de plastificar en 1991 el testamento de la banda bajo el acertado título de «Grandes fracasos». Así que Melodrama —con la incorporación en la guitarra del ex Intocable Xavier Julià— se metió en el estudio y con modestos recursos grabó este LP que como dice el comercial eslogan de la portada “incluye sus 10 fracasos más sonados”. Canciones en las que el fracaso —ahí reside la amarga esencia del grupo: el fracaso impregna toda su obra— toma cuerpo pop en la triste vida del oficinista ‘Félix’; el Twist sirve para sobrellevar las angustias telefónicas de ‘Hay muchos Pérez López’ (singular epopeya: hay más de mil Pérez López en el listín y no hay manera de encontrar el número de ella que espera la llamada de él) o ‘Twist de la cabina’; el rock ayuda a afrontar la vida disipada del protagonista de ‘Sóc millonari’; el pop es declaración de intenciones en la genial ‘No me digas que me dejas’; y la deuda a los Kinks se paga con ‘Mi vida eres tú’.

La calidad del sonido no es muy buena, pero ello no empaña las intenciones desarmantes de un disco con bastante más mala leche de la que se intuye en una escucha superficial o en esa equívoca foto de la contraportada. Probablemente, ni los familiares de los interesados recayeron en las malsanas bondades de estos chicos. Eso suponiendo que se compraran el disco, que es mucho suponer.

Ya en el nuevo siglo, Melodrama se levantó de sus cenizas y está viviendo una segunda juventud.

[Versión actualizada del texto publicado en EFE EME 47, de noviembre de 2002.]

Anterior entrega de Operación rescate: Maria del Mar Bonet.

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