Operación rescate: Los Pasos

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«Posiblemente nos encontremos ante uno de los conjuntos hispanos más injustamente olvidados de los años 60 del siglo XX»

Los Pasos
“Los Pasos”
HISPAVOX, 1967

 

Texto: CÉSAR CAMPOY.

 

Posiblemente nos encontremos ante uno de los conjuntos hispanos más injustamente olvidados de los años 60 del siglo XX. Y no deja de resultar paradójico, teniendo en cuenta que, a mediados de aquella década, estuvieron a punto de ser los elegidos para convertirse en Los Bravos. Varias son las versiones que circulan, pero, resumiendo, la amistad, entre otros, de José Luis González (teclista) con Manolo Díaz (habían coincidido en Los Sonor), hizo que éste último pensara en los que más tarde se convertirían en Los Pasos, como en la alineación ideal para integrar un nuevo grupo, con aspiraciones internacionales, que pudiera presentar batalla a Los Brincos.

El asunto lo andaban cociendo, sobre todo, el propio Díaz y Alain Milhaud. Como todos sabemos, no obstante, el finalmente elegido para convertirse en Los Bravos fue el quinteto surgido de la fusión de los propios Los Sonor con Los Runaways, liderado por un carismático Mike Kögel (más tarde, Kennedy), ante cuya fuerza en el escenario quedaron rendidos Milhaud y Díaz.

El caso es que, desconcertados por aquella pequeña aventura frustrada, José Luis, Joaquín Torres (guitarra) y compañía, deciden fichar por Hispavox, y bajo la marca Los Pasos, comenzar a estructurar una sólida formación que encontrará en Luis Enrique Baizán (batería), Álvaro Nieto (guitarra) y Martín Careaga (bajo) los complementos perfectos. La decepción con Díaz, no obstante, no evitará que el prolífico e hiperactivo músico y compositor se convierta en uno de los autores de cabecera para la banda liderada por Torres, contribuyendo a potenciar el halo de seriedad y sobriedad que se le suponen a muchas de las letras del grupo.

De esta manera, con Hispavox, el quinteto goza de un trato, casi preferente, que les permite meterse, rápidamente, en el estudio de grabación, para comenzar a registrar un material que tenían más que curtido en innumerables ensayos. En apenas dos años (1966-1967), Los Pasos editan siete sencillos que se convierten en muestra indiscutible de su calidad interpretativa, a partir de unos inconfundibles juegos vocales y unas instrumentaciones realmente trabajadas.

Aquel mismo 1967, la discográfica decide, como era costumbre en la época, reunir, bajo la producción de Rafael Trabucchelli, buena parte de los temas publicados, y que verán la luz, inminentemente, a lo largo de ese año (un total de doce de los catorce), y configurar un elepé convertido en verdadero grandes éxitos, teniendo en cuenta que lo mejor de la producción del conjunto lo encontramos en sus primeros años de existencia; aquellos en los que cultivaron un pop convencional, pero también jugaron con elementos netamente folk, psicodelia, arreglos orquestales…

Así pues, aquel disco se abre con la inmensa ‘Ojo por ojo’ (también grabada en inglés), un psicodélico ejercicio de rabia interpretativa, en el que los teclados de González y las armonías vocales adquieren un protagonismo evidente que bebe de la emotividad. El tema había encabezado el sexto sencillo del grupo, y llevaba el sello de un Manolo Díaz que, en aquella cara A, también firmó ‘Ayer tuve un sueño’ y ‘El pobre’, mostrando la vena más reivindicativa y progresista de uno de los personajes más peculiares que ha dado la música hispana. Efectivamente, la embriagadora y emocionante ‘Ayer tuve un sueño’ (extraída del séptimo single del grupo), por lo visto, fue concebida por un Díaz inspirado en la figura de Martin Luther King. Su letra, sin duda, resulta de lo más contestataria para la época («soñé que había libertad, y descubrí amabilidad, pensé quedarme siempre allí, y al despertar me entristecí»). La cruda y dramática ‘El pobre’, por su parte, gozó de mayor popularidad en Sudamérica, donde buena parte de la discográfica del grupo fue distribuida.

Completan la primera cara del vinilo una etérea ‘Quiero volver’, al más puro estilo de la Costa Oeste (que confirma la depurada cultura musical de Torres), apoyada en un sorprendente y angelical juego vocal, y una flauta, que deambulan bellamente sobre la base del teclado, y que incluye uno de los inicios más embriagadores de la historia del pop hispano; además de una ‘No encuentro compresión’, heredera de The Byrds, y una de las joyas de la corona más populares del grupo, la gamberra ‘Nací de pie’, toda una declaración de principios que pasará a la historia, entre otras cosas, gracias a un impecable, virtuoso y delirante solo de órgano.

Como contrapartida, la cara B del disco se abre con la melancólica ‘Anouschtka’ (otra de las composiciones más populares del grupo), compuesta por la banda, en colaboración con el Antonio Resines de los reivindicables (sobre todo, por poco conocidos) Almas Humildes, que narraba el pesar de quien tuvo que abandonar a su bella amada en la lejana Rusia. A continuación, otra creación de Manolo Díaz, ‘No me gusta decir sí’, que vuelve a mostrar, a base de ensoñaciones folk aderezadas con arreglos orquestales y un indiscutible protagonismo de la guitarra rítmica (Torres atesoraba una sorprendente colección de ellas, y gustaba de incorporar a sus grabaciones su clásica Framus de 12 cuerdas), la vertiente más contestataria del conjunto. Curiosamente, este tema también fue grabado, en su momento, por Los Bravos, pero permaneció inédito hasta hace pocos años. La razón es muy simple: el atareado Díaz, entre otras ocupaciones, seguía inmerso, junto a Milhaud, en la aventura de los de ‘Black is black’, y componía canciones que podían acabar en manos de Mike Kennedy y los suyos, pero también de otros artistas. En este caso, no se descarta que la versión registrada por Los Bravos (de hecho, inferior en calidad a la de Los Pasos, sobre todo, por la terrible dificultad que tenía Mike para cantar en castellano), acabara siendo descartada en su momento, y fuera ofrecida a Torres y compañía. No sucedió lo mismo con otra de las criaturas de Díaz, que también acabó siendo grabada por los dos grupos, ‘La moto’. Al parecer, cuando Torres, González y el resto de la banda se preparaban para convertirse en Los Bravos, ya ensayaban la popular melodía. Meses después, cuando se anuncia que los «verdaderos» Bravos van a publicar el que se convertiría en uno de sus mayores bombazos en tierras españolas, Hispavox y Los Pasos no dudan en sacar al mercado su propia versión. El lector valorará cuál de las dos tiene más gancho, pero es indiscutible que la mano de Milhaud se antoja crucial a la hora de dotar, a su producción, de un mayor cuerpo. A propósito, ‘La moto’ es la única pieza, de todo el repertorio registrado por Los Bravos en Inglaterra, en la que participaron todos los componentes del grupo. El resto, como es sabido, fue grabado por músicos de sesión británicos (entre ellos, Jimmy Page), debido a las restricciones impuestas por los sindicatos de aquel país.

La recta final del disco se inicia con la romántica y resultona ‘Contrastes’, cara B del sencillo encabezado por ‘Ojo por ojo’, preludio de otro de los momentos más míticos de la historia de Los Pasos, ‘Tiempos felices’, el espléndido debut del quinteto, que sorprendió, tanto por su contundencia, como por mostrar abiertamente las cartas que jugaría la banda a lo largo de su existencia: imbricadas voces, buena base rítmica y una querencia casi obsesiva por los adornos surgidos del teclado. Cierra este elepé ‘El sueño aquel’, una dura pieza, con una marcada e interesante base rítmica, en la que el conjunto vuelve a tirar de vientos.

A partir de aquí, el grupo vivió demasiados momentos repletos de altibajos. En 1968, sus miembros protagonizaron el largometraje «Long play», dirigido por Javier Setó, hubo diversas desbandadas, reunificaciones, cambio de sello (Ariola), un disco compartido con Los Albas, y poco más. Como muchísimas de las bandas españolas de los 60, el inicio de la nueva década y sus nuevos ritmos marcaron su fin.

Un constante Joaquín Torres siguió produciendo y llegó a trabajar, ya no solo con grandes voces hispanas como las de Camilo Sesto o Julio Iglesias, sino también con nuevas bandas que fueron surgiendo en la España de las últimas décadas: De 091 a Los Secretos, pasando por Nosoträsh o los mismísimos El Niño Gusano, con quienes construyó el último larga duración del grupo aragonés, ‘El escarabajo más grande de Europa’ (RCA, 1998).

Afortunadamente, aunque contados, los homenajes a la recomendable cosecha de Los Pasos, por parte de bandas actuales, han llegado hasta nuestros días. Uno de los últimos fue el llevado a cabo por Doctor Divago, a través de su EP, «Madre de todas las demencias» (La Produktiva, 2011), donde revisaron acertadamente ‘Tiempos felices’.

Este primer elepé de Los Pasos, por cierto, fue reeditado, en 1978 por la propia Hispavox, titulado como «Ojo por ojo». La carpeta mostraba una leyenda que rezaba: «Incluyendo sus mayores éxitos». Sin duda.

Anterior entrega de Operación rescate: Nacha Pop.

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