Operación rescate: “Cold fact”, de Sixto Rodríguez

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“Rodríguez, en este disco, suena a sí mismo. A folk pantanoso vestido del deprimente ambiente de un Detroit que no concedía oportunidades (‘Inner city blues’). A aires de una Motown originaria e innata respirada en aquellas calles. A crudeza. A soledad (‘Jane S. Piddy’). A protesta. Pero sobre todo a humildad”

 

A un lado del mundo era un perdedor, al otro, el autor de un himno con el que miles de sudafricanos se lanzaron a las calles para pedir justicia e igualdad. Sara Morales recupera hoy el más que recomendable debut discográfico del músico estadounidense.

 

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Sixto Rodríguez
“Cold fact”
SUSSEX RECORDS, 1970

 

 

Texto: SARA MORALES.

 

 

Continúa siendo un misterio la historia que envuelve la obra del cantante y compositor estadounidense Sixto Rodríguez. Una carrera breve y paradójica de la que surgieron dos discos, siendo «Cold fact» el primero y más decisivo de ellos. Uno de los trabajos de folk rock más sublime del siglo XX, pero a su vez subestimado y víctima de un sorprendente anacronismo todavía hoy inexplicable.

Bajo el sello discográfico Sussex Records, una filial de Buddah Records, el álbum vio la luz en marzo de 1970. Doce canciones que hablan de la crueldad social, la marginación y las dificultades de las clases más desfavorecidas (escuchar ‘Only good for conversation’), en un registro dominado por su voz y una guitarra. Hay quienes comparan su maestría a las cuerdas con Dylan, y su prosa reivindicativa y urbana con Lou Reed. Pero lo cierto es que Rodríguez, en este disco, suena a sí mismo. A folk pantanoso vestido del deprimente ambiente de un Detroit que no concedía oportunidades (‘Inner city blues’). A aires de una Motown originaria e innata respirada en aquellas calles. A crudeza. A soledad (‘Jane S. Piddy’). A protesta. Pero sobre todo a humildad; esa que te lleva a aceptar la derrota sin rechistar y el éxito más extremo sin vanidades.

Y es que «Cold fact» supuso todo un fracaso de ventas en Estados Unidos. De nada sirvió la publicación, un año después, de su segundo álbum «Coming from Reality». Sixto Rodríguez fue despedido de su sello discográfico y se vio obligado a abandonar su carrera como músico.

Sin embargo, a mediados de los 70, algo muy diferente estaba ocurriendo en el hemisferio Sur. Sudáfrica se encontraba en plena revolución social con la instauración del Apartheid. Una solución política que imponía la segregación racial a favor de que la minoría blanca (21% de la población) mantuviera el poder. Una sociedad convulsa que se lanzaba a las calles para reivindicar justicia e igualdad, y que había encontrado en las canciones de Rodríguez su propia insignia. Desconocían si ese músico, que se había convertido en BSO de su rebelión, estaba vivo o muerto. Desaparecido, incluso. El caso es que canciones como ‘This is not a song, it’s an outburst: or The Establishment’s Blues’, de discurso directo y toques psicodélicos, ‘Gommorah’, y sobre todo «I wonder», se convirtieron en los himnos de aquella lucha.

Ante el desconocimiento del propio Rodríguez, que no supo de este éxito hasta décadas después, «Cold fact» fue tratado como un disco de culto y símbolo de la contracultura en Sudáfrica, extendiéndose también hasta Australia y Nueva Zelanda. Mientras tanto él, ajeno a todo en su Detroit natal, seguía adelante con su modesta vida entre iniciativas políticas locales y su papel de padre. Ya casi había olvidado aquellos sonidos que creó con esencias de bluegrass (‘Rich folks hoax’), a través de una guitarra hiriente y áspera con la que también cantó a los recuerdos de un amor frustrado (‘Forget it’).

No fue hasta 1998 cuando una de sus hijas descubrió de manera casual el éxito y la admiración que la figura y música de Rodríguez suponía en la población sudafricana. El sueño que le había sido arrebatado en su propio país le estaba siendo restituido con todas las glorias al otro lado del mundo. Un canto a la esperanza y a la dignidad que volvió a recuperar gracias a su «Cold fact». Un disco que esconde tres canciones fundamentales para comprender la victoria de este loser: la dulce, aunque dura, ‘Like Janis’; la perfecta y necesaria ‘Hate Street Dialogue’ y «Sugar Man», su creación más emblemática. Con ellas, le fue entregado el regalo que la vida tenía reservado para él: ser el sonido de toda una generación.

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: “Actos inexplicables”, de Nacho Vegas.

 

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