Operación rescate: “El fin de la década”, de Burning

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«Hay mucha literatura mujeriega, algún patinazo de machismo, feliz promiscuidad, relatos libidinosos, narrativas que se compendian en la tríada sexo, drogas y rock and roll»

 

Burning
El fin de la década
BELTER, 1979

 

Texto: JOSEMI VALLE.

 

Hablaba hace unas semanas con un amigo melómano de cómo la nueva ola impactó en las creaciones de los grupos de genealogía anterior. Los novedosos sonidos suponían una luz roja para estos grupos que habían penado por la década de los setenta, pero también una expectativa de lucro y notoriedad si canalizaban creativa y discográficamente sus propuestas adecuándolas a los nuevos, aplaudidos y amortizables tiempos. Las mutaciones de aquellos grupos tuvieron resultados dispares. Topo factura un segundo elepé horrendo, después de una ópera primera sobresaliente. Leño rubricó “Más madera”, disco vacilón que corría en dirección contraria a la aspereza y los abruptos bramidos esquematizados en ‘Este Madrid’, ‘Castigo’ o ‘Sodoma y chabola’. Asfalto tardó algo más en asomarse a los gráciles sonidos del pop, y cuando lo hizo alumbró “Déjalo así”, un amplio ramillete de piezas (era un álbum doble) execradas por la feligresía pop que las consideraba intrusismo y señaladas como apostasía por las hordas integristas del rock duro. Quizá el grupo que mejor asumió el reciclaje sin perder resortes identitarios fue Burning. Después de dos singles marginales y colaboraciones en discos colectivos, la banda debuta en el 78 con “Madrid”, un vinilo stoniano y lleno de abrasividad barriobajera (la literatura visual de la portada prologa fidedignamente qué podemos hallar en su interior). Un año después graban su segundo larga duración, que ahora sí toma prestados elementos del pop con los que hacer un cóctel sonoro altamente atractivo. Un híbrido que supuso la cumbre creativa de los de La Elipa.

Al abrigo de una discográfica absolutamente ajena a las narrativas del rock (el sello catalán Belter), los Burning se fueron a Barcelona a grabar “El fin de la década”. Estamos en 1979 y el título es una declaración de intenciones. Acaban los antediluvianos y grisáceos setenta y llegan los democráticos ochenta hipertrofiados de expectativas, desenfreno, colorido, vitalidad. En aquellos días los músicos de Burning viven en un piso en plan comuna. Lo que por un lado les permitía exuberancia creativa, por otro era barra libre para los excesos, el desorden, la vida noctámbula, la intemperancia. Toda esta cotidianidad desmelenada se incrusta en los surcos del álbum que registran en la ciudad Condal. El disco llega precedido del celebérrimo medio tiempo ‘Qué hace una chica como tú en un lugar como éste’, pieza central de la película homónima de Fernando Colomo protagonizada por la propia banda, y una prueba de la metabolización de los nuevos sonidos. Adiós a la ferocidad y las guitarras lacerantes. Adiós al suburbio como inspiración. Hola a las melodías y las guitarras más atemperadas, al magisterio de los Stones más dulces, a la pedagogía sonora de Lou Reed.

En el álbum hay mucha literatura mujeriega, algún patinazo de machismo, feliz promiscuidad, relatos libidinosos, narrativas que se compendian en la tríada sexo, drogas y rock and roll con la que colegueaban a tiempo completo nuestros protagonistas. Burning se muestran en plena forma con las piezas rockeras. Ahí están esa glosa al deseo que se alzó como single titulada ‘Seducción’, la explícita y acelerada ‘Puedes sentirlo’ (descarte del debut) y ‘Mueve tus caderas’, hedonismo epicúreo a ritmo de rock and roll primitivo. Una pieza redonda que logró la inserción en el imaginario colectivo cuando Miguel Ríos la incluyó en ese popurrí homenaje al rock madrileño con el que clausuraba el luminoso “Rock and Ríos” del 82.

Los Burning también demuestran pericia con los medios tiempos (la autobiográfica ‘Un poquito nada más’, la diatriba antidivos del rock ‘Bajo los focos’), aunque alcanzan la excelencia cuando se enfrentan con piezas más tranquilas que permiten el detalle (la pegajosamente triste ‘Lo que el tiempo no borró’, la ya citada ‘Qué hace una chica como tú en un lugar como éste’, la preciosa y libidinosa ‘Las chicas del drugstore’, y ‘Balada para una viuda’, relato lúbrico en el que uno de los Burning ayuda a una señora a combatir su prolongado ayuno sexual después de insinuárselo en el metro). Pepe Risi con su negrita – su guitarra– y Toño con ese timbre inconfundible de chulería retadora encuentran en este formato la expansión de sus capacidades creadoras. Una anécdota: Ramiro Penas, batería de unos imberbes Leño (solo han registrado por entonces el single ‘Este Madrid’), será el que grabe la mayoría de las baterías del disco, puesto que el baterista de Burning, Teto, se larga en mitad de la grabación al obligarle Toño a elegir entre los estudios o inmolarse con el rock and roll.

Aunque yo me decanto por la rugosidad y el desaliño suburbial del debut, y nuestro director Juan Puchades mostró públicamente sus preferencias por el tercer disco “Bulevar” (que glosó en esta misma sección), la crítica ha elevado “El fin de la década” al puesto de mejor trabajo de la banda y uno de los momentos cenitales del rock español. Digamos que Burning arrancó su trayectoria con una trilogía fantástica. Toño grabaría el cuarto álbum, “Atrapado en el amor” (el título transparenta el dilema del propio cantante de tener que elegir entre una vida pautada con su familia o una vida impredecible anudada a los desmanes del rock), y posteriormente dejaría la banda. Años después dejaría la vida. También Pepe Risi. Pero esa es otra historia. Quizá para que algún colega se anime con otra “Operación Rescate”.

Anterior entrega de Operación rescate: Carl Perkins, Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, Johnny Cash.

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