Operación rescate: «Backstreets of desire», de Willy DeVille

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«Fue el disco que necesitaba en aquel momento y el destino quiso que fuera también el disco que todo el mundo esperaba, tanto crítica como público»

 

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Willy DeVille
«Backstreets of desire»
SONY MUSIC, 1992

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

Figura esencial de la música estadounidense, William Paul Borsey Jr o lo que es lo mismo Willy DeVille, publicaba en 1992 «Backstreets of desire» tras el éxito de crítica que había supuesto su anterior trabajo, «Victory mixture» (1990), en el que el viejo zorro rescataba canciones ocultas de las calles de una Nueva Orleans que le habían robado definitivamente el corazón. Temas de Allen Toussaint, Earl King, Irma Thomas, Champion Jack Dupree o Huey Smith que alcanzan nuevas texturas merced a la interpretación de un DeVille más inspirado que nunca facturando uno de los mejores discos de versiones de la historia del rock.

Parecían que los derroteros podían ir por el mismo camino cuando una versión mariachi del famosísimo ‘Hey Joe’ de Billy Roberts, que ya popularizó Jimi Hendrix, se filtra como primera muestra del nuevo disco del de Stamford. Paro nada más lejos de la realidad. El tema es la única versión (la edición en cedé con tres canciones más que el vinilo incluye dos temas adicionales no escritos por DeVille) de un disco en el que la elección de músicos del calibre de Los Lobos, Dr.John, Bonnie Bramlett o Los Camperos de Nati Cano ponen la base mientras que la interpretación y la castigada voz de DeVille son los que definitivamente engrandecen unas espléndidas canciones. No se me ocurre mejor definición del sonido del disco que la que realiza Carlos Zanón en su espléndida revisión de la carrera del músico titulada «El hombre a quien Rosita robó el televisor» (Editorial Milenio): “el licor de ‘Backstreets of desire’ contenía rhythm’n’blues con elementos cajun, latinos, tex-mex y percusiones africanas, a veces combinándose en un mismo tema”. Cuántas cosas en una definición tan breve. Primero el licor, imprescindible para entender no solo este disco sino toda la carrera de DeVille, y luego la constante mezcla de estilos que tienen uno de sus puntos culminantes en estos callejones del deseo.

Se inicia la edición en vinilo del álbum con ese ‘Hey Joe’ que Willy convierte en totalmente suya a partir de esta versión. Quizá por única vez en la historia del rock nadie discute si esta revisión es mejor o peor que la de Hendrix: las dos son igual de buenas, precisamente porque son diferentes. Un DeVille que cual Alan Lomax devuelve la canción a sus orígenes, el tex-mex de la frontera al que complementa con percusiones cubanas sobre la que su voz perjudicada narra la historia del viejo Joe. Una mezcla imposible que alcanza cotas inimaginables por los propios intérpretes de la canción. El tema que lo llevará a televisiones y radios de manera constante. Un acierto en todo el centro de la diana que, sin embargo, encaja perfectamente con el resto de canciones que el tipo sabe mantener a la perfección.

 

 

‘Bamboo road’ es la fabulosa continuación con otra mezcla imposible, la de la música criolla de Nueva Orleans y la música africana. Y vuelve a acertar. Igual que hace cuando en ‘Even while I sleep’ cede buena parte del protagonismo al acordeón lobuno de David Hidalgo o cuando decide cortar el ritmo vertiginoso del disco con ese ‘I call your name’, canción que proviene de las sesiones del disco «Miracle» (1987). Cierra la primera cara otro tema de querencia criolla, ‘Jump city’ y la sensación de éxtasis es definitiva

 

 

Falta ver si la segunda cara mantendrá el mismo nivel, cosa aparentemente imposible pero que se encarga de borrar de nuestra mente ‘Empty heart’, la canción que curiosamente abre la versión en galleta láser y que a pesar de ser de lo más discreto del álbum raya a gran altura. ‘All in the name of love’ es un tema rugoso que sirve de catapulta al trío final integrado por ‘Lonely hunter’ con una espléndida mandolina de Freddy Koella, ‘Voodoo charm’ también criolla desde su título y con la imprescindible aportación vocal de Bonnie Bramlett (acreditada como Bonnie Sheridan), y ‘Chemical warfare’ dedicada a la memoria de Johnny Thunders. Fuera de esta edición hay que mencionar especialmente la exclusión de la canción más rockera del lote, la guitarrera ‘I can only give you everything’ acreditada a Michael Coulter y T.Scott.

 

 

Fue el disco que necesitaba en aquel momento y el destino quiso que fuera también el disco que todo el mundo esperaba, tanto crítica como público. Fue el primer paso a su pequeña dosis de fama que alcanzaría su punto álgido con el directo grabado en el Olympia de París y ‘Demasiado corazón’ tan solo un año después. “Eres más dulce que la caña de azúcar en lo alto de la carretera del bambú” cantaba y a nosotros nos rompía el alma.

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: “La buena vida”, de Sergio Makaroff.

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