Operación Rescate: Augusto Algueró

Autor:

Augusto Algueró
«El Irreal Madrid»
POLYDOR, 1969

 

Texto: JAVIER DE CASTRO.

 

En las postrimerías de la década de los sesenta nuestra Televisión Española —plenipotenciaria y única— fue testigo a través de sus dos cadenas de emisión de una cierta apertura estética y temática. Los musicales “con contenido” se pusieron de moda, y algunos espacios de producción propia lograron ocupar los «prime time» nocturnos con un éxito de audiencia, en algunos casos, más que notable. Eran propuestas artísticas que gozaron de gran auge popular hasta bien entrado el decenio siguiente y donde solían confluir ciertos elementos concretos, algunos de ellos muy del gusto impuestamente mojigato para la audiencia de la época. Un argumento más o menos sólido —generalmente, más menos que más—; la presencia de versátiles actores de cine o de teatro que servían igual para un roto que para un descosido y que lograron multiplicarse ante el público hasta la extenuación; unas cuantas bailarinas maqueadas al uso: minifalda, short ajustadísimo, pelucas “fantasía”, cuero plástico o cualquier otro enser pop indumentario que nos despertase la libido y acercase moralmente al españolito de a pie a la Europa civilizada de entonces; finalmente, una banda sonora adecuada, que luciese “moderna” y que le diese ritmo y dinamismo a las imágenes.

«El Irreal Madrid», sátira sobre el fútbol en general y sobre el Real Madrid en particular, fue un ejemplo interesante de aquel modo televisivo de hacer las cosas y contó con la dirección de un tal Valerio Lazarov, realizador centroeuropeo recién aterrizado por estos lares, que se convirtió en poco tiempo en el rey absoluto del género (famoso fue su zum), creando escuela y firmando numerosas producciones de índole similar y éxito variable (posteriormente aterrizaría en la dirección de Tele 5).

La perla de aquella “fantasía musical” –como rezaba la propaganda del momento– fue, sin embargo, la partitura firmada por un pletórico Augusto Algueró Jr., seguramente en la cima de su creatividad artística, y cuya productividad casi nunca exenta de calidad aún pone los pelos de punta a cuarenta años vista. Enorme compositor para todos los géneros y representante excelso de un subgénero musical, el orquestal de ambiente, tachado antaño de música de ascensor o grandes almacenes y que hoy en día se reivindica bajo la cursi denominación estilística de easy music, nos regaló en este incunable composiciones impagables como la que da título al programa, los ballets ‘Del árbitro bueno’ y ‘Del árbitro malo’ o el ‘Himno de los hinchas’, curiosas amalgamas sónicas envueltas todas ellas de metales soul, strings a lo Percy Faith y cadencias que aquel 1969 se adelantaban en casi un lustro al sonido Philadelphia de mediados de los setenta. Una gozada.

[Este texto se publicó originalmente en la sección «Extravagante», en EFE EME 19, de junio de 2000]



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