OMD, el brillo perenne del synth pop visionario

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«Siguen sonando inoxidables sobre un escenario, inmunes al paso del tiempo o a la sospecha de obsolescencia»

 

Al concierto en Valencia de los legendarios OMD, asistió Carlos Pérez de Ziriza. Una cita con la que la banda británica sigue justificando su rol pionero sin asomo de decadencia.

 

OMD
17 de julio de 2026
Marina Norte de Valencia.

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.
Fotos: MARÍA CARBONELL.

 

No gozarán nunca de la popularidad de Depeche Mode, New Order o Pet Shop Boys, pero los Orchestal Manouvres in the Dark son tan esenciales —en según qué casos, incluso más— para entender la génesis del pop electrónico, del synth pop, del techno pop o como diablos queramos etiquetar aquella aleación que cambió la cara para siempre a la música popular durante el tránsito de los setenta a los ochenta. Y lo dotaron de una emotividad melódica inédita: un manojo de canciones más que perdurables.

Además de eso, Andy McCluskey y Paul Humphreys (67 y 66 años, respectivamente) lucen un magnífico estado de forma en directo, sin resquicio para la decadencia. Lo pude comprobar a su paso por el Visor Fest hace tres años, cuando aún se celebraba en Murcia, y muy similar fue su set del viernes pasado en la Marina Norte de Valencia dentro de la programación del ciclo FAR, que se desarrolla durante casi todo el mes de julio.

Haciendo valer el topicazo: los OMD envejecen como los buenos vinos. Canciones como “Souvenir”, “Joan of arc”, “Secret”, “Pandora’s box” o “Enola gay” siguen sonando inoxidables sobre un escenario, inmunes al paso del tiempo o a la sospecha de obsolescencia que podría derivarse de la escucha de unos discos que aún guardan la impronta de los años ochenta o noventa.

Cuentan las crónicas de su concierto al día siguiente en Madrid que Andy McCluskey perdió la voz cuando la noche enfilaba su fin y tuvo que ser reemplazado por Paul Humphreys al timón de varias canciones: en Valencia tuvimos bastante más suerte, porque mostró su infatigable despliegue escénico a tiempo completo, sin dejar de moverse por todo el escenario, empuñando el bajo cuando la ocasión lo requería y arengando a la parroquia en momentos clave del set.

«Andy McCluskey y Paul Humphreys (67 y 66 años, respectivamente) lucen un magnífico estado de forma en directo»

 

Cumplieron de sobra, y tuvieron como dignos teloneros a los franceses Rinôçérôse, a quienes también hacía mucho tiempo —quizá ya cerca de dos décadas— que no veíamos por Valencia. Reconozco que a mí su fórmula de house con guitarras eléctricas (entonces novedosa) me fascinó a finales de los noventa, cuando el sello Elefant publicaba algunos de sus primeros discos y en directo se hacían acompañar de una iconografía surtida con imágenes de tótems rupturistas (Stooges, Primal Scream), pero con el tiempo su receta me acabó resultando repetitiva, necesitada de imaginación.

Dominaban el envoltorio a la perfección, pero se echaba de menos algo más de sustancia. Han seguido publicando discos desde entonces, pero más o menos en esas seguimos: son canciones como “La guitaristic house organisation” o “Le mobilier”, auténticos clásicos de aquella época, las que siguen enardeciendo al personal. Suficiente para justificar su rol como solvente apertura de una noche protagonizada por otra banda —la británica, y perdón si el paralelismo es improcedente o injusto— que sí pasará a la historia como precursora.

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