“Objetivo: Londres”, por Babak Najafi


Autor:

CINE

 

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“En medio del naufragio general, solo un tiroteo rodado en habilidoso plano secuencia en las calles de Londres ofrece algún aliciente”

 

 

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“Objetivo: Londres” (“London has fallen”)
Babak Najafi, 2016

 
Texto: JORDI REVERT.

 

 

En una de esas extrañas ocasiones en las que proyectos gemelos se suceden o incluso coinciden en cartelera en un breve lapso de tiempo, en 2013 se pudieron ver en cines dos títulos que parecían estar realizados con similares moldes: “Objetivo: La Casa Blanca” (“Olympus has fallen”, Antoine Fuqua, 2013) y “Asalto al poder” (“White House down”, Roland Emmerich, 2013) se presentaban como patrióticos productos de acción en el que el presidente de los Estados Unidos, acompañado de un fiel escudero, conjuraba cualquier amenaza externa o interna a la identidad y cohesión nacional. Observándolos de cerca, sin embargo, ambos títulos presentaban diferencias notorias. La película de Antoine Fuqua se divertía durante un rato postulándose como el sueño húmedo y apocalíptico del fallecido Kim Jong-Il, pero acaba revelándose como la mediocre y simplificada herencia del conservadurismo republicano de ficciones más consistentes como “24” (Robert Cochran y Joel Surnow, FOX: 2001-2010). La de Roland Emmerich, en cambio, destilaba el aliento demócrata de su director –con Jamie Foxx asumiendo el papel de heroico Obama− y jugaba a ser un ejercicio mucho más lúdico y desprejuiciado, casi un “buddy film” en dependencias presidenciales al que el tiempo, por cierto, ha tratado mejor.

La secuela de la primera, “Objetivo: Londres”, es la confirmación del lastre ideológico que arrastra una saga ya (mal) envejecida tras pocos minutos de la primera entrega. Como continuación, solo consigue pervivir en su ideología rancia y acrítica, que defiende sin ningún reparo la guerra sucia de los drones o la necesidad de dar continuidad a la política de intervención y expansión imperialista. Sin matices ni los rastros de ironía de un John MacTiernan, sin las complejidades de una Kathryn Bigelow, la cinta del iraní Babak Najafi solo sabe hacer gala de un ultraconservadurismo reaccionario en sus imágenes y diálogos, demostrando de paso una mala digestión de sus referentes del cine de acción de la década de los 80. Dentro de su cerrado y violento microcosmos de exaltación republicana y loa armamentística todo parece a destiempo, demasiado en serio para ser tomado en serio, incluido un Gerard Butler empeñado en perpetuarse como fallido héroe de acción. En medio del naufragio general, solo un tiroteo rodado en habilidoso plano secuencia en las calles de Londres ofrece algún aliciente en un inane panfleto que babea ante la posible llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

 

 

 

Anterior crítica de cine: Hitchcock/Truffaut, de Kent Jones.

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