
Archivo personal de Luis Lapuente.
«Me dijo que no quería ser carne de nostalgia»
Con motivo del fallecimiento de Víctor Coyote, el pasado 13 de agosto, Luis Lapuente escribe este texto para despedirse de un amigo, entre recuerdos y las palabras de Ramón Godes.
Texto: LUIS LAPUENTE.
Me desperté esa mañana con la terrible noticia de la muerte del querido Víctor Aparicio Abundancia (1958-2026). Hace unos meses hablé con él para proponerle un libro de conversaciones sobre su vida y su obra, un libro necesario, que le hiciera justicia, pero prefirió no aceptar la propuesta. Me dijo que no quería ser carne de nostalgia, que la música que él defendió siempre, la música latina frente al rock, Bad Bunny, por ejemplo, ya estaba en lo más alto y no le importaba que sus propios discos hubieran fracasado…
No quiso Víctor (y buenas razones personales esgrimió) revelar su intimidad ni desvelar las claves de su pasmosa creatividad artística, y quedamos en volver a vernos solo para charlar en su casa, recordar los encuentros con nuestro común amigo, el malogrado Pepo Fuentes, compañero suyo en el estudio de diseño Pocateja (hicieron, entre otras muchas cosas, el cartel del primer Galapajazz), disfrutar hablando de sus músicas favoritas, fanático del twist y de todos los géneros latinos. Pero, ay, no supimos encontrar el momento para ese último encuentro…
Hace años le habíamos acompañado al club madrileño Siroco, donde presentó una de sus mejores canciones, “Joven de cuello vuelto”, ilustrada con un vídeo entre divertido y romántico, protagonizado por mi hijo Pablo: entusiastas ambos como eran, hicieron muy buenas migas. Allí, además, Víctor tocó solo con su guitarra una emocionante versión del clásico de Roberto Carlos “Debaixo dos caracóis dos seus cabelos”, regalo inesperado de alguien que no se jactaba de su generosidad.
Así también le recuerda su amigo y compañero en Los Coyotes, el músico castellonense Ramón Godes: «A Víctor tengo que agradecerle mucho. Yo me había ido a Madrid para dedicarme profesionalmente a la música, pero me costaba mucho encontrar gente con gustos e ideas similares o al menos complementarias. Y con Víctor sí coincidía mucho. Y así me propuso producir el primer elepé de Los Coyotes. Además, eligió una canción mía para abrir el disco y como primer single. Siempre le estaré agradecido. Ayer su hermana Rita me comentó lo mucho que Víctor me quería, que apreciaba mucho lo que yo hacía y lo bien que hablaba siempre de mí. Hace relativamente poco vino a uno de mis conciertos de guitarra sola en Madrid y tres días después me llamó para proponerme volver a hacer algo juntos… Y desgraciadamente ya no va a poder ser».
En días tristes como estos, se impone una reverencia para Los Coyotes, ese primer proyecto suyo que se descolgó con canciones de vértigo, calientes y de farra como “Esta noche me voy a bailar”, “Mi vecinita” o la grandiosa “Cien guitarras”. Al hablar de ambas, Víctor se refería irónicamente (o no) a la influencia de Paco Ibáñez y Johnny Cash. Hay mucho más en su legado, mucho y grande, tanto en su faceta musical como en sus extraordinarios diseños, tebeos y cuadros. Amor de hermano, Víctor, amigo.
Como manifestó hace tiempo el propio Víctor Aparicio en una entrevista para esta web, escuchemos en su memoria el tema que quería que sonara en su funeral: “Me olvidé de vivir”, en la versión de Los Mavericks o en la original de Julio Iglesias.



















