DISCOS
«El disco captura todas las caras del grupo sin necesidad de un concepto explícito, pero con la intención de mostrar un territorio emocional amplio»

Tesouro
No centro do mundo
HANKY PANKY, 2026
Texto: XAVIER VALIÑO.
Carlos Rego lleva componiendo canciones desde antes de que cayera el Muro de Berlín y sigue haciéndolo porque las canciones se lo siguen reclamando. No centro do mundo es el segundo disco de Tesouro, el ahora cuarteto que formó en su momento con el batería Aser Álvarez —compinche suyo desde los tiempos de Cosecha Roja, allá por el 88, y luego en Burgas Beat— y con Dani Alonso (Os Amigos dos Músicos, Blood Filloas), a quien reclutaron como bajista pese a que nunca había tocado el bajo. Ese detalle, que podría parecer anecdótico, define bastante bien cómo funciona esta banda: sin más protocolo que el de confiar en el instinto.
El título no es una declaración de grandilocuencia, sino justo lo contrario. Rego lo conecta a un diálogo de Los puentes de Madison —la película de Clint Eastwood, protagonizada por él junto a Meryl Streep— y a la idea de que vivir en una ciudad pequeña no significa estar al margen de nada. El concepto sobrevuela las canciones y da cohesión temática a un disco que en el fondo habla de arraigo, de tiempo y de la dignidad de hacer las cosas bien sin aspavientos.
El álbum arranca, muy apropiadamente, con “Amo la ciudad”, una declaración afectiva hacia los espacios cotidianos, narrada con una calma que recuerda a quienes escriben desde la observación más que desde la épica. La canción funciona como puerta de entrada a un disco que alterna introspección y electricidad contenida. En “Revisando os danos”, basada en un texto de Lois Pereiro, la banda se adentra en un tono más grave, casi meditativo, donde la voz parece cabalgar por encima de la instrumentación, mientras su texto parece convocar a una prudente esperanza tras someter el cuerpo carcomido por la enfermedad a una sobrevigilancia.
Además de Pereiro, el grupo adapta en el primer tema un poema de Karmelo Iribarren, mientras que el corte final, también muy acertadamente titulado y emplazado, “Silencio de Ourense”, aparece cantado por Dani Alonso, con una letra hallada en un catálogo de poesía de 1985 y de la que todavía no han encontrado a su autor. La electricidad continúa en “Tus llamadas” y “Sós”, esta cantada en gallego y uno de los mejores momentos, un medio tiempo folk rock que evoca mareas, faros, viento, arena y el mar de la ría de Muros. A mitad del recorrido, el disco parece abrir las ventanas: “Íntima decoración” se deja mecer por los teclados del cuarto Tesouro, Anxo Fernández, que ilumina la canción desde dentro y que habla bien, al mismo tiempo, de la ajustada producción de Manu G. Sanz.
Hacia el final, la banda recupera su querencia por las melodías más directas: “La sombra de lo que fuimos” y “Caminar” muestran su vertiente power pop, recordando que Tesouro no renuncia a la inmediatez, aunque el conjunto del disco respire un aire más contemplativo. Por su parte, “Merlo” y “Silencio de Ourense” se inclinan hacia un folk delicado, donde los arreglos funcionan a base de cálidas pinceladas.
La motivación del álbum parece clara: capturar todas las caras del grupo sin necesidad de un concepto explícito, pero con la intención de mostrar un territorio emocional amplio, donde conviven nostalgia, claridad y una serenidad que no es resignación, sino madurez. No centro do mundo suena a un lugar pequeño que se vuelve enorme cuando alguien lo mira con atención. Y Tesouro, aquí, lo hace exponiéndolo con una honestidad que desarma.
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Anterior crítica de disco: Estar fuera, de Fabián D. Cuesta.



















