New York Land (5): Springsteen noir

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«Traía la ropa que iba a ponerse en una bolsa de esas que te dan en la tienda de la esquina. No se daba importancia, aunque cuando empezabas a trabajar comprobabas que era incansable, obsesivo, tenaz hasta la locura. No dejaba un detalle sin revisar»

 

En esta entrega de New York Land, Julio Valdeón conversa con Frank Stefanko, fotógrafo de las sesiones de «Darkness on the edge of town» y «The river», que este mes expondrá en Nueva York junto a tomas recientes capturadas por Danny Clinch.

 

Una sección de JULIO VALDEÓN BLANCO.
Fotos: FRANK STEFANKO.

 

Dices «Nueva York, años setenta», y de inmediato piensan «disco», «nieve», «Studio 54». Hubo más, claro, New York Dolls, Ramones, Television, Mink DeVille… La publicación el 16 de noviembre de la caja conmemorativa de «Darkness on the edge of town», de Bruce Springsteen, homenajea un mito. Encerrado en los estudios Record Plant, el de Nueva Jersery reventó a sus colaboradores durante meses. Iba A fabricar la entrega posterior a «Born to run» con setenta nuevas canciones, algunas grabadas, pulidas, fumadas como el humo de un cigarro, cortadas a hachazos, aceleradas igual que un bumerán, bañadas de lluvia, fuego o rabia en más de cincuenta versiones diferentes. Al final eligió «las 10 canciones más enfadadas». Aquel disco abría con ‘Badlands’ y cerraba con ‘Darkness…’ Entre medias, ‘Adam raised a cain’, ‘Something in the night’, ‘Racing in the streets’, ‘Promised land’, etc. Por si este material fuera poco asombra la nómina de joyas destinadas al baúl, perdidas en desvanes, tiradas al sol del olvido. Temazos como ‘Because the night’, ‘Rendezvous’, ‘Fire’, ‘So young and in love’, ‘The way’, ‘Preacher’s daughter’, ‘Don’t look back’, ‘Hearts of stone’, ‘Spanish eyes’ o ‘I’m goin’ back’, fueron cedidos a otros artistas; acabaron, veinte años después, en la caja de descartes «Tracks»; aparecerán en el inminente «The promise» (doble recopilatorio que recoge parte del material inédito) o bien siguen escondidos, acaso esperando mejor ocasión, quizá la futura edición de una «Tracks II».

«Darkness on the edge of town» fue cocinado luego de tres años en los que Springsteen no había podido entrar en un estudio debido a problemas legales con Mike Appel, su ex mánager. Tras la publicación de ese cuchillo «noir», puro y caliente mercurio, dejaba atrás las ensoñaciones románticas, los paseos con farolitos, fuegos artificiales y nubes de algodón, la herencia Spector, etc., y abrazaba a Hank Williams y Woodie Guthrie, la estética en claroscuro de Terrence Malick, la moral pesimista y rotunda de John Ford, la narrativa de Flannery O’Connor, la imaginería de Robert Frank. América, la América trabajadora, y también el paisaje en cinemascope que la envuelve, tomaba su obra.

El próximo 14 de octubre, con motivo de la edición de la caja conmemorativa, Frank Stefanko y Danny Clinch expondrán algunas de sus mejores fotografías de Springsteen en la galería Morrison Hotel de Manhattan (124 de Prince Street y, también en el segundo piso del 116). Clinch ejerce en la dupla como savia fresca, joven profesional que acompaña al autor de ‘This hard land’ y ‘Point blank’ desde mediados de década. Suyas son, por ejemplo, las instantáneas de «Devils and dust» y «Magic», esa foto irrepetible de toda la banda apoyada en un portón, Danny Federici, ay, incluido. Stefanko, autor de las fotografías que adornan las portadas de «Darkness» y «The river», mostrará por vez primera un puñado de las imágenes que fijaron la estética de Springsteen, pantalón vaquero, camiseta blanca con el cuello en uve, chupa de cuero, el pelo revuelto y el rostro recién afeitado, algo así como el hermano con botas de rock y Fender a la espalda del Al Pacino de «Tarde de perros». Un Springsteen delgado, de mirada urgente, casi obscena en su desafío, colocado sobre un fondo vulgar, empapelado, doméstico, contempla el mundo girar con actitud de infinito desprecio. Hay que agradecerle a Stefanko que supiera cazar esa juventud furiosa, las tormentas eléctricas que acompañaban al cantante, que lo precederían durante una gira inolvidable. Buen momento, pues, para llamar por teléfono al fotógrafo y charlar un rato, para proseguir, él en Nueva Jersey, yo en Harlem, la charla que mantenemos desde que lo entrevisté por vez primera, con motivo de «American madness».

En la foto, Frank Stefanko.


«Hemos llamado a la exposición ‘From Darkness to a Dream'», dice, «porque obviamente yo mostraré trabajos de la sesión del 78 y Danny lo hará de su labor con Bruce durante la última década… pero la razón fundamental es que, una vez colocadas las obras juntas un espíritu común, una coherencia que arranca hace tres décadas y se mantiene fortalecida, robusta. Springsteen es el que era, más maduro, pero él mismo, puedes percibirlo claramente al repasar las fotos, su alma compartida. Y no se trata sólo de que sea el mismo retratado, es algo más, tiene que ver con el arte, con su arte y con su concepción del mundo».

Me ha sorprendido encontrar, entre lo poco que he podido ver, imágenes que no conocía. «Hay algunas inéditas. Aparecerán en el libro que viene con la caja de ‘Darkness’. Otras salen en el documental. En cualquier caso es la la primera vez que expongo las fotos que dieron lugar a las portadas de los discos. Yo era muy joven y vendí los derechos a Sony. Creo que tiempo después Bruce los compró, y con motivo de esta exposición me han dejado exponerlas».

Aquella mañana de hace 32 años, en la que Bruce llamó a la puerta de tu casa con algo de ropa en una bolsa de papel… «Sí, Traía la ropa que iba a ponerse en una bolsa de esas que te dan en la tienda de la esquina. No se daba importancia, aunque cuando empezabas a trabajar comprobabas que era incansable, obsesivo, tenaz hasta la locura. No dejaba un detalle sin revisar. Era incapaz de dar por buena una toma hasta que no la hubieras probado de todas las formas posibles… Volviendo a tu pregunta… los sentimientos se mezclan. Tengo la casa llena de fotos de Bruce, de todos los tamaños, sobre los sofás, las mesas, el suelo, y me acuerdo de esos días, de lo jóvenes que éramos. Qué alegría da llevarlas a la galería y que la gente pueda verlas en formato panorámico, sin perder detalle, con calidad… No sé, fue un tiempo muy especial, Bruce tomó mucho del cine, de las películas policíacas y de Sergio Leone, del que hablamos mucho mientras hacíamos las fotos, de Leone y de su compositor, Ennio Morricone, y también de la literatura, y de la calle, para crear su obra más universal hasta la fecha».

Preguntando por las diferencias con la obra previa, comenta que «‘Born to run’ había impactado, fue algo completamente alejado de lo que se oía en esos momentos, pero con ‘Darkness’ se produce el gran salto. Está repleto de poesía, es muy maduro, lo tiene todo, las imágenes que vienen de la gran depresión, la soledad del western, el ruido y la furia. Capturó el espíritu de la época. En mi caso fue el gran salto, la confirmación. Cuando dos años más tarde, durante la gira de ‘The river’, llenaron Nueva York con cartelones donde reproducían la foto que le hice para la portada, tenía que pellizcarme para creérmelo».

Quienes acudan a Nueva York estos días harán bien en acercarse por la Morrison. Descubrirán en sus paredes a un hombre purificado por el rock and roll. Para aquellos que nunca hayan escuchado un pirata del tour del 78 esta caja será una revelación. De sobra sé que los superlativos empañan la credibilidad del articulista. Sin embargo el crujido eléctrico que salpica esta pieza, la exaltación emocional, el arrebato casi místico, resulta inevitable al contacto con aquellos conciertos. En el que incluye la caja, celebrado el 7 de diciembre en el Summit de Houston, habitan las razones que explican la leyenda, las claves de un mito entregado de fiel en fiel durante treinta años, pirateado y saboreado en grabaciones chungas, por fin restaurado, finalmente listo, maqueado, a punto, para volarte de una vez los sesos.


Anterior entrega de New York Land: DAM, capitán de noches y estrellas.

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