The New Raemon: Subido en el rompehielos a todos los niveles

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“Todos mis discos buscan la paz y la resolución, aunque estén hablando desde un punto de vista muy tormentoso. La idea es salir de ese lugar. Lo que pasa es que aquí sí he dejado la puerta totalmente abierta, y no de una forma tan ambigua como siempre”

 

Desde el debut “A propósito de Garfunkel”, The New Raemon ha publicado prácticamente un disco por año. Una intensa carrera a la que puso un pequeño freno después de su última gira, que ha vuelto a retomar con su nuevo disco, “Oh, rompehielos”.

 

 

Texto: WILMA LORENZO.

 

 

Uno no puede dejar aquello de lo que forma parte. Ramón Rodríguez es The New Raemon; o quizá The New Raemon sea Ramón Rodríguez. Lo que está claro es que uno no puede vivir sin el otro y eso se traduce en “Oh, rompehielos”, su último álbum después de anunciar su necesidad de dejar temporalmente los escenarios. Y la vuelta ha sido sincera y transparente, sin artificios ni ostentación. Con su sello de toda la vida (Bcore) y la ilusión de hacer las cosas bien. Con la lección aprendida de las experiencias del pasado y la fuerza suficiente como para tirar de uno mismo. The New Raemon está mejor que nunca, lo dice él y lo dicen sus canciones.

Antes de concluir la última gira anunciabas tu retiro de los escenarios por una temporada. ¿Qué pasó entre “Tinieblas, por fin” y “Oh, Rompehielos”? ¿Qué te hizo volver?
Bueno, es largo. Entre el tercer y cuarto disco cambié de agencia, hice movimientos distintos después de haber estado siempre en Bcore. Decidí probar otras cosas por ver si pasaba algo. Es como cuando llevas mucho tiempo en casa de tus padres y decides darte una vuelta para ver qué se cuece por ahí. Pasé por varias agencias, y una me dejó a deber miles de euros… Una serie de conciertos que no cobras nunca, pero tú sí tienes que pagar a tus músicos, porque esto no es una banda, es mi proyecto. Si a ti no te han pagado tienes que buscar la forma de generar dinero para pagar a esta gente que no tiene la culpa de que tú hayas tomado una mala decisión estratégica. Cuando terminé de solucionar esto, casi al final de la giran de “Tinieblas, por fin”, ya había anunciado que no quería tocar más en directo porque estaba harto de tener que solucionar un problema que no había generado. Lo que quería era descansar, y la verdad es que no sabía si quería tocar más o hacer canciones… No quería hacer nada que tuviera que ver con ponerme el traje de The New Raemon.

Sin embargo después te lo volviste a poner.
Justo se me rompió el coche y estuve tres meses encerrado en casa. Ahí fue cuando empecé a escribir canciones. Estaba atrapado en casa en un invierno en el que hacía mucho frío. Yo vivo en un pueblo que está a media hora de Barcelona, dependía del coche para todo. De ahí salen todas esas imágenes del hombre de las nieves, el rompehielos, el frío de estar ahí atrapado y querer salir de un sitio y no poder; esta metáfora creo que se refiere a eso. Aunque mis canciones siempre hablan de salir de una situación límite y encontrar una solución. Son canciones de redención.

¿Escribes esa clase de canciones cuando has encontrado la solución?
¿Sabes qué pasa? Que todas mis letras del 2011 hasta aquí no son conscientes. Estás hablando de cosas que te preocupan pero sin pensar mucho en ello. Lo ves después, cuando ya has escrito la canción. Reaccionas y piensas: “ah vale, estoy hablando de esto”.

Ya habías hablado de esta forma de escritura inconsciente, pero ¿cómo la llevas a cabo?
Hay una forma tradicional de escribir canciones, que es como lo hacía yo antes: coger una guitarra, hacer unos acordes, apuntar los que quedan bien… Tienes una letra ya más o menos pensada y tratas de poner música… o las dos cosas a la vez. Después, con la canción estructurada, piensas en los arreglos que vas a incluir. El sistema que yo utilizo desde 2011 –porque con el sistema tradicional siempre iba a parar al mismo sitio y yo no quería hacer la misma canción quinientas veces– implica una serie de normas y parte de la improvisación. El día que tengo el impulso me pongo a hacer una canción y me propongo terminarla esa misma mañana. Si empiezo a las diez, a las dos tiene que estar terminada.

Eso es disciplina, ¿no?
Es disciplina, sí. Antes hacía un trocito, lo dejaba y terminaba la canción en otro momento. Así salían cosas mucho más sencillas. Con este nuevo sistema empiezo a hacer una guitarra por inercia, cuando he grabado la guitarra grabo otra, luego un bajo, una batería… Lo que me apetezca. Cuando tengo la canción terminada musicalmente, toda la estructura hecha, entonces me pongo a cantar. No pienso en la melodía hasta entonces: hasta que tengo el cuadro pintado no le doy el barniz de la voz. Y es entonces cuando canto e improviso. Tengo montones de libretas en casa con palabras que no he usado o frases apuntadas. Cojo una libreta, una palabra de distintas páginas, las apunto en un papel y ese es mi punto de partida. A partir de ahí empiezo a improvisar rollo hip hop. Me pongo a cantar lo que salga y termino la canción. Es del subconsciente, aunque sobre una pauta mínima: palabras que escoges al tuntún y que condicionan lo que va saliendo. Y así las hago.

Así que hasta que no está la canción terminada, no eres realmente consciente de qué estás contando.
Bueno, a veces hasta meses después. Yo puedo estar meses escuchando el disco sin pensar mucho en el mensaje final, solo fijándome en la lírica. No es hasta un año más tarde cuando yo recibo el disco como lo pueda escuchar otra persona. Aunque toque las canciones no pienso en ellas, las abandono. Al cabo de un año cuando vuelvo a escucharlo, puedo hacerlo como si no lo hubiera hecho yo. Me queda muy lejos, es como si fuera algo nuevo y lo recibo como un extraño. Así puedo comprender mejor cómo se recibe desde fuera.

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En todo caso, lo que sí habrás notado es que en este caso The New Raemon ha hecho un disco especialmente optimista.
Sí, bueno, todos mis discos tienen ese punto, ¿no? Siempre buscan la paz y la resolución, aunque estén hablando desde un punto de vista muy tormentoso. La idea es salir de ese lugar. Lo que pasa es que aquí sí he dejado la puerta totalmente abierta y no de una forma tan ambigua como siempre. Aquí está claro que el disco termina bien. Lo quise cerrar así de forma deliberada.

Es curioso, teniendo en cuenta que vienes de una experiencia desagradable.
Por desgracia, este mundillo es así. Hay gente relacionada con los artistas y con lo que hacen, que son más artistas que los artistas, o que se piensan que todavía están en los años ochenta y llevan ese tren de vida que dan ganas de decir: seamos un poco consecuentes. Pongámonos la chaqueta que nos toca, no vivamos una fiesta a la que no estamos invitados. Tampoco voy a dar nombres, pero es algo muy frecuente. Tengo amigos de profesión que también se han encontrado con cosas así. Pero bueno, si tenemos en cuenta que este país no considera que mi oficio sea un oficio… “Tú haces canciones así que estarás tocándote las pelotas todo el día”. Y son un montón de horas las que esta uno ahí. Es como cuando ves una película: no te imaginas la cantidad de dinero y gente implicada aunque veas pasar todos esos créditos.  Y si ya es difícil trabajar en estas condiciones, imagina tener que lidiar con sin vergüenzas.

Aun así compensa, porque aquí estás.
Claro. Supe ver que solo fue una mala experiencia, que tuve mala suerte, pero que lo que yo hago es música, no puedo dejarlo. Lo mejor es que he tenido un año y medio para hacer el disco, más que nunca, y ha quedado más redondo. Tiempo para pensar con quién lo voy a sacar, con quién lo voy a producir, qué voy a hacer con él, quién va a llevar mi management, cómo quiero que se hagan las cosas. y he vuelto con un grupo de confianza que sé que va a hacer lo que yo diga. Nadie va a tomar una decisión por mí y me la voy a comer con patatas. Si me equivoco, que me equivoque yo. No tengo ningún problema en asumirlo.

Es contradictorio que tu proceso creativo sea inconsciente y luego seas tan controlador de tu proyecto.
Es que si no miro por mí no lo va a hacer nadie. Esta comparación la hago con mi patria. A mi me la sopla, estoy cansado de “España” y todo este rollo político, tanto de un lado como de otro. Al final las personas que formamos parte de este colectivo, la gran mayoría dedica su tiempo a trabajar muchísimo y tirar hacia adelante. Y a la hora de la verdad, cuando tenemos un problema, por mucho que seas un buen ciudadano tu país no hace una mierda por ti. Por eso me ocupo yo de mi movida a mi manera, porque si no no lo va a hacer nadie. Me rodeo de gente que me entiende y en la que confío claro, como Bcore.

¿Qué te dijeron en Bcore cuando decidiste volver?
Jordi se puso muy contento, y lo está porque además el disco ha ido muy bien, es el que mejor ha ido. Eso te hace feliz, porque al menos la gente que te sigue está contenta con el disco que has hecho. Eso es lo que te reconforta y es lo que queda: las giras, la gente que te ve, pasártelo bien y que se lo pasen bien. Que aguanten hora y media de tu chapa y se diviertan. Eso es lo que yo puedo ofrecer y es a cambio de mucho. La vida son ciclos y a veces te topas con situaciones complicadas pero yo siempre intento buscar la dirección correcta para continuar. Los problemas no se acabarán nunca. Mientras respiras seguirán existiendo, así que cuanto más relativices las cosas, mejor.

Precisamente sobre todo esto trata ‘Los hechos’, ¿verdad?
Sí, ‘Los hechos’ habla de eso, de ese momento en el que me encontré con esas dificultades y hubo gente que se dedicó a hablar mal. Yo no quería pronunciarme sobre toda esa historia por mi forma de ser, soy una persona muy paciente y pensé: “Ya diré lo que tenga que decir cuando termine de solucionar el problema”. Mientras tanto preferí no decir nada y que hablasen lo que quisieran. Hay mucha gente que hablaba, y mucha gente que, sin tener nada que ver en la historia, se alegraba de que a mí me fuera mal… Pero bueno, es la condición humana.

Volviendo a tu encierro en casa, compones las canciones y llega un momento en el que te das cuenta de que tienes un álbum y que quieres grabarlo tú mismo. ¿Qué sonido buscabas?
Lo tuve muy claro desde el principio. Me dio por coger la guitarra española. Nunca había compuesto con esa guitarra y la afiné con una afinación distinta. Ya que voy a tocar, que sea de forma diferente, me dije. Eso condicionó que sonara distinto. Pero claro, yo entre pitos y flautas ya tengo un montón de discos. Yo canto así, escribo así y hago las cosas de una manera determinada. Voy a sonar a mí mismo, es imposible no sonar a mí.

Lo contrario resultaría raro.
Si analizas a un artista con una carrera larga ves eso, que acaban encontrando su voz y no van a estar intentando cambiar en cada disco, como los U2: en este disco voy a llevar gafas, en el otro me pongo un cresta, y ya parece que todo sea distinto. Yo no, cambio de afinación la guitarra y en vez de vientos meto otra cosa. Ligeros cambios que hacen que eso suene ligeramente distinto, pero al final es el mismo tío haciendo canciones, es inevitable. Y tú también puedes aburrirte de ti mismo y de cómo cantas y haces las cosas. Por eso intentas hacerlas un poco distintas, por diversión.

Una de tus premisas era hacer prevalecer la veracidad de las maquetas.
Es que el disco son las maquetas en realidad. Lo único que hicimos en el estudio fue las baterías de Salva, los bajos de Javi, lo de Marc Clos y un par de guitarras de Pablo. Ya está. El resto lo he hecho yo en mi casa.

¿Por qué?
Ya estaba hecho y pensé: “Paso de gastarme un dineral grabando el disco si ya me mola cómo suena”. Yo no soy un crack grabando, pero bueno, lo grabé a mi rollo. Hemos conservado todos los efectos y las reverb que hice en la maqueta. Llevo años currándome las maquetas. Normalmente después vamos al estudio y lo grabamos casi todo otra vez, menos las voces que hace tres discos que son de casa. Esta vez lo quería hacer de forma más bestia. Todo esto de la tendencia a la perfección en los discos es cargante, el 99% son voces filtradas o clones de Cher… y la gente se acostumbra a esa mierda. Y eso no es verdad, nadie canta así. Yo no tengo la misma voz si me pongo a grabar una pista a las 11 de la mañana que si es a las 3 de la madrugada. La voz está viva, tiene sus cosas y a mí me gusta que se vea que es algo humano. Lo mismo con la música.  Cada vez me da todo más igual, cada vez soy más punk en ese aspecto.

Hablando de las canciones, ¿siempre te diriges a alguien? ¿Alguna vez alguien se dio por aludido sin ser el destinatario?
Sí, me dirijo a alguien. Pero a veces lo saben, a veces no. Y sí, eso me pasó una vez pero no lo voy a contar (risas).

¿Te has autocensurado en este sentido?
Sí, muchas veces. De hecho en este disco había una canción súper chula, creo que la mejor que he escrito, y no la he puesto. Era tan explícita que no quise ponerla. A veces piensas que aunque la canción sea muy bonita hay cosas demasiado personales. Este disco es muy personal, muy sencillo y puedes más o menos entender todo. No es críptico como el tercero o el cuarto, pero tampoco tan explícito como el primero, en el  que sólo me faltaba poner nombres y apellidos. Por eso la gente se identifica tanto, porque son historias muy claras. Así que claro que me censuro. Tampoco quiero dar disgustos a nadie. Hay que ser delicado y respetuoso.

Con el álbum en la calle llegan las críticas. ¿Cómo las llevas?
La mayoría son positivas. Si hay alguna negativa, pero está hecha de forma elegante, me parece guay también. Lo que pasa es que parto de la base de que yo hago los discos para mí porque me resulta divertido. Intento hacer discos que me gusten y que me compraría, que si no fuera yo pudieran llegar a gustarme. A mí el disco me gusta y si le gusta a los demás, genial. Si no, pues oye, es tan sencillo como que no se lo pongan. No hace falta cagarse en la madre de nadie, aunque siempre hay gente que lo necesita.

¿Qué esperas que ocurra con este disco?
No espero nada. Ya estoy contento. A la gente le ha gustado el disco. A los que le gustaba lo del principio, a los que preferían el rollo más oscuro… Al final he puesto a todos de acuerdo y eso me parece fantástico. Lo que pase desde aquí será bueno. Pero al final todo esto es cíclico, y como dice mi amigo Ricardo Vicente, no se puede brillar todos los días. Yo estoy subido en el rompehielos a todos los niveles. Todo lo que necesito ya existe.

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