TREINTA ANIVERSARIO

«Las canciones responden al espíritu de un grupo que no quiere quedarse anclado en una fórmula. Arriesgan, exploran y encuentran, no hay ni un solo tema que se parezca al siguiente»
Fernando Ballesteros regresa al décimo álbum de estudio de R.E.M. para analizar su concepción, su recorrido y su legado. Un álbum que se gestó durante una gira y que para muchos es su último gran disco.
R.E.M.
New adventures in Hi-Fi
WARNER, 1996
Texto: FERNANDO BALLESTEROS.
R.E.M. es uno de los primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza cuando pienso en grupos que siempre han sido respetados. Una banda íntegra, de esas que siempre se han movido por el camino correcto. Hay otras, pero los de Athens llaman más la atención porque tuvieron que tomar decisiones y conocieron un éxito masivo del que otros muchos no salieron ilesos. Ellos mismos siempre parecieron seguros de sí mismos y eso, allá a mediados de la década de los noventa, era especialmente llamativo.
Otros grupos, formados por gente algo más joven, vivieron aquellos mismos años una auténtica encrucijada ética cuando sus nombres coparon los primeros puestos de las listas, pues bien, el de Michael Stipe manejó siempre todo con una insultante naturalidad o eso es lo que parecía de puertas hacia fuera. También es cierto que, a diferencia de algunos de sus exitosos compatriotas, R.E.M. habían llegado al reconocimiento masivo después de un largo recorrido.
Los tiempos de I.R.S Records fueron extraordinariamente fructíferos con cinco extraordinarios discos, tras los que decidieron que había llegado el momento de dar el salto a una major. Warner se convirtió en su nuevo hogar y Green (88) fue un elepé que pasó con nota el escrutinio de la crítica y del circuito del que procedían. Y eso, la historia nos ha dejado múltiples ejemplos, no es nada sencillo.
Otra de las constantes en la carrera de R.E.M. fue su ambición. Nunca quisieron acomodarse. Que iban a dictar siempre sus propias reglas lo dejaron muy claro cuando, tras convertirse en uno de los grupos más importantes del mundo en términos comerciales, decidieron pasarse una larga temporada sin girar. Su nuevo estatus lo habían conseguido gracias a “Losing my religion” y el disco Out of time (91). La respuesta un año después fue el sobresaliente Automatic for the people (91) y su rechazo a las giras. Aquel era el momento en el que se ganaron el título honorífico de banda más íntegra del mundo.
De vuelta a la carretera
Cuando por fin volvieron a las giras para apoyar el lanzamiento de Monster (94), se metieron en un nuevo reto, que consistió en componer y grabar un nuevo álbum durante la gira, aprovechando cualquier momento, desde viajes hasta pruebas de sonido. Y así nació New adventures in Hi-Fi (96). Para muchos su último gran disco, para el que esto escribe, una de sus tres mejores obras.
La gira en cuestión fue un auténtico maratón de actuaciones. Once meses extenuantes, más aún si tenemos en cuenta que llevaban un lustro sin vivir una experiencia parecida. Pero aquel también fue un momento de gran creatividad en el grupo y Stipe, Bill Berry, Mike Mills y Peter Buck estaban más unidos que nunca. También frente a las adversidades. Durante un show en Suiza, Bill sufrió un aneurisma cerebral y, meses más tarde, Stipe y Mills también tuvieron que hacer frente a problemas de salud.
Terminado el tour y solventadas las dificultades, la banda se metió en el estudio. El objetivo era terminar de darle forma a un disco que habían ido creando y registrando en ruta, un desafío que les apasionaba. Las canciones que escuchamos en New adventures in Hi-Fi responden fielmente al espíritu de un grupo que no quiere quedarse anclado en una fórmula. Arriesgan, exploran y encuentran, conformando un disco largo y variado. No hay ni un solo tema que se parezca al siguiente y el único hilo conductor que atraviesa todas y cada una de ellas es su carácter itinerante y de búsqueda continua.
“How the west was won and where it got” abre el juego cautivadora y con ese piano de Mike Mills que marca el ritmo. Cuando cinco años después, cuando se empezó a hablar con frecuencia de la forma en la que Jeff Tweedy deconstruía las canciones de Wilco, a uno se le venía a la cabeza que algo así era lo que habían hecho R.E.M. en esta canción. Tras la dispersión bien entendida del título inicial, llega “The wake-up bomb”, que aumenta el volumen con un potente riff de guitarra. “New test leper”, la mejor del disco, es folk rock cargado de emotividad. A estas alturas ya ha quedado claro que estamos ante un álbum muy especial, tras el tropiezo que había supuesto para una parte de la crítica.
“Undertow” les vuelve a encontrar por la senda del rock y “E-Bow the letter” es poética y cuenta con la voz de Patti Smith, la mejor invitada que se les podía haber ocurrido para una canción como esta. Todo es perfecto hasta aquí, y “Leave” no hace otra cosa que mejorarlo todo. Siete minutos, la más larga del disco, en los que la voz de Stipe emerge entre riffs y sirenas para llevarnos hasta un brillante estribillo.
“Departure” suena directa y es un medio tiempo en el que destaca el gran trabajo de las guitarras. “Bittersweet me” es otra gran canción que nos podía remitir a su pasado más reciente y, en general, cada una de ellas juega un papel importante en el elepé. New adventures ha recibido en alguna ocasión, dentro de las críticas positivas cosechadas, la acusación de exceso de minutaje, pero el hecho es que, escuchado del tirón, una vez más, aquí no sobraba nada.
Un disco itinerante y arriesgado
Las canciones, grabadas en distintos estudios, oscilan en el plano lírico entre lo confesional y el desfile de personajes a los que pone voz Stipe, algo en lo que siempre ha sido un maestro. Los sentimientos de pérdida y de alienación se filtran en los surcos de una obra ambiciosa y en la que el grupo salió más que airoso.
New adventures fue disco de platino en Estados Unidos y escaló hasta el número dos del Billboard en Estados Unidos. Fuera de su tierra, logró plantarse en lo más alto en una decena de países, incluido el Reino Unido. Para los propios miembros del grupo, refleja su mejor momento, y lo cierto es que yo no me atrevería a llevarles la contraria. Una vez en lo más alto, hay que bajar algún escalón a la fuerza y eso es lo que ocurrió con R.E.M.
En 1997, Bill Berry abandonó el grupo de forma amistosa. El baterista no pudo soportar el cansancio de las giras tras su grave problema de salud. Habían muerto los R.E.M. clásicos con una decena de discos a sus espaldas. Cinco obras desde la independencia y cinco en una multi, una trayectoria sin tachones. Seguirían adelante sin Bill y escribirían buenas canciones, pero tras New adventures dejaron de existir los R.E.M. clásicos.
En total fueron otros cinco discos sin Berry hasta que llegó la separación, sin traumas, sin declaraciones altisonantes, como siempre habían sido. Tras Collapse into now (2011), un elepé del que ellos mismos dijeron que era lo mejor que podía grabar un grupo como R.E.M. en aquel momento, dijeron adiós y todos supimos que aquella despedida iba a ser para siempre. El mundo del rock and roll es imprevisible y casi todas las grandes bandas han terminado sucumbiendo a los cantos de sirena y los billetes, pero creo que podemos afirmar sin ningún temor a equivocarnos que nunca viviremos una gira de reunión de Michael Stipe y los suyos.
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Anterior entrega: Beautiful freak, de Eels, la primera página del libro de Mr. E.



















