
«Quizá sea el mejor y más genuino songwriter español del último cuarto de siglo»
A la cita de Nacho Vegas con Lanzarote para presentar su nuevo disco, Vidas semipreciosas, asistió David Pérez Marín. Aquí nos cuenta cómo fue el concierto, el primero del músico en la isla.
Nacho Vegas
21 de mayo de 2026
Teatro El Salinero de Arrecife, Lanzarote
Texto y fotos: DAVID PÉREZ MARÍN.
Nacho Vegas y sus particulares Bad Seeds aterrizan en Lanzarote para presentar su noveno trabajo en solitario, Vidas semipreciosas (26), obra con la que ha vuelto a demostrar que quizá sea el mejor y más genuino songwriter español del último cuarto de siglo. Precisamente se cumplen 25 años de su debut, un sobresaliente Actos inexplicables (01) del que hoy no sonarán ninguna de sus diez canciones. Y es que, pocos artistas poseen un cancionero tan personal y comprometido como el del asturiano, siempre a corazón abierto y funambulista perfecto que se mueve a la perfección por la cuerda floja que separa y une lo íntimo con lo político.
Pisan las tablas del Teatro El Salinero y, «no se detendrán, son como el viento», banda/familia de relumbrón: en la retaguardia y marcando el pulso, Manu Molina a batería y percusiones, y Hans Laguna al bajo, más Ferrán Resines a los teclados, y a cada lado de Vegas, Miren Narbaiza a su izquierda (guitarra, triángulo y coros principales) y Joseba Irazoki como mano derecha y sacándole chispas a su eléctrica.

«Lo íntimo va dejando paso a su inquebrantable compromiso político»
Nacho sale completamente de negro, botines blancos, gafas de sol y chapa con la bandera de Palestina en la solapa de la chaqueta, haciendo que su voz planee, de principio a fin del show, como el majestuoso cormorán de la canción inicial sobre nosotros. Tras la estela grabada a fuego que deja la frase de William Burroughs sobre la que pivota “Alivio”, esa que late e ilumina a cada paso nuestra derrota contra el tiempo, «quizá cualquier placer sea un alivio», el fraseo de Vegas nos regala dos clásicos de su discografía que ya comienzan a ahondar en la herida sentimental y sembrar ojos vidriosos en el patio de butacas: “Nuevos planes, idénticas estrategias”, la elegida de Desaparezca aquí (06) y una “Crujidos” que siempre es luz en la oscuridad, con la banda fundiéndose junto a Nacho y dando el primer pellizco colectivo en el estómago de la noche.
Cogemos aire con tres más del disco que viene a presentarnos (sonarán la mitad de las pistas de Vidas semipreciosas, siete), aunque algo vuelve a crujir en el lado izquierdo del pecho («y vuelvo a pensar en ti, como siempre hago al despertar…»), un «resplandor como diamante entre carbón» que surge en el fuego lento de una bellísima interpretación de “Los asombros”. Tras ella, dos piezas en las que lo íntimo va dejando paso a su inquebrantable compromiso político: la luminosa “Fíu”, tema dedicado a su madre y a los principios que le inculcó («si me preguntas quién soy, jamás diré soy un artista. Soy fíu de Cristina Vegas, antifascista»), para pasar luego a «cagarnos en Dios» con la genial y delirante “Deslenguarte”, en la que Joseba Irazoki suple a la perfección al insustituible Albert Pla, desplegando la banda al completo en la segunda parte de la canción la primera gran tormenta eléctrica y cabaret final.
Seguimos recorriendo esa poética de lo cotidiano que funde historias íntimas con lo sociopolítico en el epé Cómo hacer crac (11), del que suena la titular como una hipnótica explosión a cámara lenta, con la banda alcanzando otro triple sonoro, seguida del canto y volar de la libertad en la personal y épica versión del “Txoria Txori” de Mikel Laboa en bable, “Les ales”, y dos compañeras de surcos más: la magnética y pegadiza “Mi pequeña bestia” y una valiente “Tiempos de lobos” que gana enteros en directo.

«Velada histórica (estreno de Nacho Vegas en la isla), con ovación en pie de todo el teatro»
Sin darnos cuenta nos acercamos a la recta final y, no, no me olvido de una “Morir o matar” que fue cumbre, reabrió cicatrices y dejó nuevas marcas, como la traca de cierre con ese bolero de azufre y llamas que escribió Luis Demetrio y Vegas hizo suyo para siempre en aquella gira junto a Bunbury de 2006, y hoy es puro fuego y otra orgía sonora de la banda que hace que se tambaleen los cimientos de Arrecife al completo.
Y, ay, «como un mar me presenté ante ti, en parte agua y en parte sal, lo que no se puede desunir es lo que nos habrá de separar…», esa “Gran broma final” que tanto nos marcó a algunas y algunos, y que hoy sigue siendo sublime espejo roto y culmen de esta velada histórica (estreno de Nacho Vegas en la isla), con ovación en pie de todo el teatro.
Se van y aparecen con otras dos masterpieces, esa maravillosa «nueva forma de respirar e imaginar» en “Ser árbol”, con Vegas por primera vez en la noche haciendo que salten perseidas de su acústica, y el final de los finales eligiendo los tres puntos suspensivos y el dolor (cambiando guitarra por theremin), con la banda volando y «viéndonos llorar un río a cada lado», haciendo que un rayo de luz se abra paso entre «las nubes negras de Katy Jurado y el llanto de escuchar a Van Zandt cantar», una “La pena o la nada” en la que, una vez más, nos habríamos quedado a vivir en ella la eternidad y un día. La música y la vida, un resplandor como diamante entre carbón.



















