Moisturizer, de Wet Leg

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DISCOS

«Se han rodeado de un puñado de músicos que les encajan como un guante y nos han regalado un disco aún más infeccioso que el primero»

 

Wet Leg
Moisturizer
DOMINO / MUSIC AS USUAL, 2025

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

 

Créete el hype. Pero de cabeza. Ni lo dudes esta vez. La última vez que vi en directo a Wet Leg fue hace poco más de un mes, en el último Primavera Sound (ya las había visto hace tres años en el mismo festival), y tuve la misma sensación que la primera ocasión que me encaré a un bolo de Arctic Monkeys en pleno verano del 2007: ahora lo pillo del todo, noto que las piezas encajan, me creo su propuesta al cien por cien, siento que sobre el escenario dan la auténtica medida de su valía.

Salí de allí revitalizado. Como si rondase los treinta años: su edad. Hasta me costó dormir. Y además las canciones son ahora excepcionales, mejores aún que en su debut. Eso es lo que más me convence, más allá de que la producción suene continuista porque está de nuevo Dan Carey a los controles.

Rhian Teasdale y Hester Chambers han cambiado de look (bueno, sobre todo la primera), se han rodeado de un puñado de músicos que les encajan como un guante y nos han regalado un disco aún más infeccioso que el primero. Rebosante de pícara malevolencia, de melodías repletas de un azúcar que se te pega a los dientes, orladas con textos de desafiante procacidad, mostrando un morro que se lo pisan porque se lo pueden permitir.

El milagro es que lo logren en 2025 citando —sin nombrar, obviamente— a Breeders, Veruca Salt, Pixies, Belly y demás bestias pardas del rock alternativo noventero (también hay algo de la tradición del mejor bubblegum pop en delicias bárbaras como “mangetout” o del pop de la costa oeste norteamericana en gozadas como “pokemon”, que firmarían HAIM de cabeza) sin que se les vean demasiado las costuras, ampliando su paleta cromática, su dominio de los tempos y su derroche de inquietante dulzura, invertidos en doce deliciosos cortes. A cuál más adictivo. Las de la isla de Wight no han perdido un ápice de frescura: esto es un triunfo, lo mires por donde lo mires.

Anterior crítica de disco: Flying with angels, de Suzanne Vega.

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