LIBROS
«Su literatura es especial porque revisa lo que es la vida sin entrar en la vida, rodeándola»

Juan Manuel Gil
Majareta
SEIX BARRAL, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Leo Almada es conserje de un colegio. Entró en 1991 y lleva ya treinta años entre grifos que gotean, puertas que no cierran bien y fluorescentes que parpadean. A Leo, en el barrio, lo llaman el Majareta. También otros calificativos que vienen a ser sinónimos.
Un día, el director del colegio le comunica que le han preparado la jubilación. Leo tiene poco más de cincuenta años, le queda un buen sueldo; pero, aunque calla, no está del todo conforme, ya que pierde su casa, que está dentro del propio centro escolar. No es algo infrecuente, yo he trabajado en colegios que tenían como anexo la casa del conserje. Y no era un zulo, no, era una casa con todas las comodidades.
Calla, es cierto; pero su reacción va a ser vengarse en algunos alumnos del colegio. ¿Cómo lo hace? Pues no lo tenemos del todo claro porque la novela no tiene un narrador omnisciente, ni testigo, ni siquiera tiene un narrador, sino que es la investigación que lleva a cabo el autor sobre el caso. Este es el tema, así que la estructura va a ser un contrapunto continuo y en espiral. Van pasando por las páginas todas las personas del colegio, del barrio y de Los Nuevos Hermanos, asociación religiosa de la que depende el centro educativo, para compartir cuántos saben de Leo y cuáles fueron las razones que le llevaron a hacer lo que hizo.
Surgen de aquí, de allá, y de acullá voces que se callan de vez en cuando porque el amigo del autor toma la palabra y ahí, como Pepito Grillo, cuchichea normas morales y de escritura. A partir de ese momento, aparece la constelación de voces que dan sustento a la historia, sin que el narrador sea más que una grabadora. Hay rumores, hay antiguos alumnos, hay enfermeros, porque el hospital es otra de las casas de Leo, hay gamberradas, hay vecinas curanderas y sus hijas y grandes amigas de su madre, y sus hijos, pescadores, un tío de Leo que destrozó su vida. Diría que un centenar de voces que intentan captar la esencia de un conserje que se les escapa por todos los lados, un conserje fascinante, todo hay que decirlo y un barrio fascinante. Vivir en él, marearía al más centrado.
No desvelo qué es lo que realmente ocurrió, lo que el lector puede ir adivinando testimonio tras testimonio. Tampoco fue tan grave, aunque el barrio a veces magnifica las cosas, otras las minusvalora. Leo, simplemente, que se ha quedado sin casa y no tiene recursos, proclama que puede hacer daño. Su vida no ha sido fácil; su trabajo, sí. Ha entrado en él gracias a que tenía un abuelo militar y un padre, aunque ausente, farmacéutico de prestigio. Su madre murió ahogada en la playa, la versión es que fue un suicidio, pero la autopsia no deja las cosas del todo claras. En todo caso, Leo, para algunos, tiene problemas y para otros no. Es raro, pero es también generoso, atento, discreto y sobre él no se conoce la verdad y tampoco se conocen las mentiras.
Juan Manuel Gil ha tenido premios de poesía ha escrito algunas novelas y con Trigo limpio alcanzó el Premio Biblioteca Breve. Su literatura es especial, porque revisa lo que es la vida sin entrar en la vida, rodeándola. Hay también investigadores de lo oculto que relatan su visión de manera seria, pero desde fuera resulta desternillante; y, al mismo tiempo, un par de testimonios que son dramáticos a más no poder. Historias de hospitales, de precariedad de mendigos. Sí, es todo muy divertido; pero, aparte de eso, hay un rescoldo en que el corazón se raja propio del esperpento también.
El caso es que Leo continúa siendo desconocido al final de la novela. Se adivina por qué se llevó a los niños, pero no se logra entrar en sus implicaciones, en sus respuestas. De hecho, nunca logramos ver a Leo Almada, simplemente vemos lo que se dice de él, que no es poco, pero tampoco es mucho.
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