DISCOS

«Drexler no se ha limitado a ser un cantautor al uso, sino que busca innovaciones, zonas de experimentación, la alianza con otros sonidos e interesar al público desde una personalidad muy propia»
César Prieto se sumerge en el nuevo trabajo de Jorge Drexler, Taracá, otro disco singular y con carácter que se suma a la carrera de una de las figuras más influyentes de la música iberoamericana contemporánea.
Texto: CÉSAR PRIETO.
Foto: SONY.
La carrera de Jorge Drexler es sumamente atípica. Ya el hecho de que su profesión fuera la de médico, antes de adentrarse en el mundo de la música, lo aparta de los caminos habituales. También que, tras su llegada a España desde su Uruguay natal, en 1995, haya ido más allá de los parámetros de un cantautor al uso, para colaborar, por ejemplo, con Shakira o con C. Tangana. Su pulsión experimental siempre está activa, y en este Taracá, aféresis de “estar acá”, ha decidido fijar su propuesta en la percusión.
Es por ello, que cuenta con diversas colaboraciones, como Rueda de Candombe, ese grupo que ha puesto sobre la mesa el dinámico género musical uruguayo. Con tres tambores —el chico, el repique y el piano— organizan gozosas fiestas populares que tiene su representación máxima en las calles y plazas, en comunión similar a la samba brasileña. Ahí tenemos, con ellos, “El tambor chico”, con esas percusiones inmensas, como una tormenta, y uno entiende que sea Patrimonio de la Humanidad y que haya asombrado las calles de Cannes, donde tocaron durante el festival.
También “Ante la duda, baila” recoge ese espíritu. Rememora, siglos atrás, el momento en que un decreto de Felipe II prohíbe el baile, aunque las prohibiciones no lograran coartar a los bailarines. Los intermedios de percusión son maravillosos y la incitación al baile continua.
La manifestación de lo latino está presente de manera general, más que en otros discos del cantante uruguayo. “Toco madera” tiene esa esencia —y mucho de los cantautores de los setenta—, con un ritmo de percusión que sostiene una letra que alía amor medieval, esa idea de la cárcel de amor, con los nuevos tiempos. “¿Cómo se ama?”, con una guitarra muy de bossa nova, muy cálida, y una letra sentimental en que se nos recuerda que el cariño se ha de regar cada día, resulta otra canción excepcional.
Hay otro sector de canciones que cultivan esta temática. “Amar y ser amado”, de explícito título, proclama dejarse invadir por este sentimiento, sin condicionantes, con fondo minimalista y con versos de Lope de Vega, en una canción que, poco a poco, va entrando en el terreno de la fantasía musical, casi parte de un musical. Incluso en el aspecto teórico. “Nuestro trabajo/Los puentes” defiende esas canciones de amor que parecen apartadas del mundo real.
Aunque este amor puede ir más allá y convertirse con “¿Qué será qué es?”, una adaptación al castellano del emblemático “O que é, o que é?”, del brasileño Gonzaguinha, y un canto de amor a la vida, a la que hay que observar con mirada de niño. Quizá, sin que lo sepa Drexler, es una canción hecha con la medida de las canciones de Gato Pérez, que nació al otro lado del Río de la Plata.
A pesar de que la percusión, el sonido afro-uruguayo y las maderas y cueros dominen todo, hay canciones que se apartan de esta tónica general. “Te llevo tatuada” se desliza simplemente con una acústica, lenta, recreándose Drexler con una voz íntima, casi como una letanía con mucho de Luis Eduardo Aute. También “Cuando cantaba Morente” está sostenida por una acústica, por una letra sencilla que se lleva de los cantautores hispanoamericanos al flamenco.
“¿Hay alguien A.I.?” desarrolla una visión peyorativa de la inteligencia artificial. Como un niño que viene al mundo, ha de empezar con una tabula rasa. ¿Le hemos de dar comida y datos? ¿Qué hace que un ser sea humano? Quizá esto se resuelva en “Las palabras”, un tema grupal, proclama a favor del lenguaje, de la comunicación, y su retrato en la realidad con continuos chasquidos, de la murga Falta y Resto, percusión de nuevo.
Es un paso más en la carrera de Jorge Drexler que, desde sus inicios, no se limitó a ser un cantautor al uso, sino que buscó innovaciones, zonas de experimentación, la alianza con otros sonidos, nuevos o viejos, e interesar al público desde una personalidad muy propia. Y, una vez más, lo ha conseguido.



















