
«Una vuelta a los orígenes. Al rock crudo, electrizante, asilvestrado…»
Carlos Pérez de Ziriza se sumerge en el nuevo disco de Foo Fighters, Your favourite toy (RCA, 2026). Un trabajo de regreso a sus inicios y a sus mejores códigos.
Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.
Vuelve la velocidad de crucero. El frenesí. Los crochets directos al mentón. Los pildorazos que apenas rebasan los tres minutos. Los Foo Fighters celebran que han superado las tres décadas de carrera con un decimosegundo álbum —el primero con Ilan Rubin a la batería y también el primero que no les produce Greg Kurstin desde 2014— que es una vuelta a los orígenes. O que lo intenta. Al menos en las formas. Al rock crudo, electrizante, asilvestrado, de sus dos primeros trabajos (los mejores). O más concretamente del primero, diría.
Se repite el mantra en diversos medios de que Dave Grohl estuvo testando cincuenta maquetas con influencias de Massive Attack, Pink Floyd y Bad Brains. Música que escuchaba en su juventud. Yo no veo su sombra por ningún lado. Como mucho, en el ligerísimo sesgo psicodélico de “Window riff”, que empieza emulando a T Rex. Y tampoco le hace falta, la verdad. Se entiende que lo hayan estado fogueando en salas cerradas y de mediano aforo, lejos de los estadios. Es lo que estas canciones demandaban.
Es seguramente el mejor que han publicado desde Wasting light (2011), su último disco notable. El reparto de riffs acerados y lo anfetamínico en su ejecución ni se discuten, y en el apartado de las melodías solventes destacan “If you only knew”, “Unconditional”, “Child actor” o “Amen, caveman”. Ojalá todas fueran tan sobresalientes como “Caught in the echo”, un despegue prácticamente inmejorable: quizá el único con aroma a clásico inmediato.
En cualquier caso, creo que es lo mejor que se puede esperar de ellos a estas alturas.



















