Los dos mundos de Sílvia Pérez Cruz

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«Está lo oral, lo cercano y doméstico, pero también lo abisal, aquello oscuro, profundo, que las emociones no pueden abarcar»

 

César Prieto disecciona Oral_abisal, el nuevo disco de Sílvia Pérez Cruz. Un trabajo dividido en dos partes que contrastan diferentes conceptos, emociones y texturas musicales.

 

Texto: CÉSAR PRIETO.



 

Sílvia Pérez Cruz ha hecho un trabajo orgánico en todos los sentidos, en la instrumentación, pero también en esa sensualidad que hace que sea un disco que palpite, que te moje, que recale en el gusto como cualquier fruta, como cualquier hierba. Hay en este material orgánico una dualidad que ya se explora en el título del disco. Está lo oral, lo cercano y doméstico, pero también lo abisal, aquello oscuro, profundo, que las emociones no pueden abarcar, y lo curioso es que esa tensión se siente, más que se explica. Que todo parece a punto de desaparecer, pero se aguanta, cosido por ese hilo de voz de Silvia que va goteando sensibilidad.

En la introducción, “La sed”, hay partes recitadas, mientras que el fondo orquestal abre toda una naturaleza acariciante cuando surge esta voz va derrochando folk norteño con un coro que le da aroma de poesía popular. Como populares fueron y son los boleros, que la artista practica en “Moreno”, lleno de imágenes petrarquistas y gran naturalidad. Los arreglos de orquesta se combinan con una acústica. Si la canción ya existiera sería un clásico, no en vano en la composición participa Alberto Pérez, recuerden ese disco con Sabina y Javier Krahe, si no están al caso del resto de su producción, y entenderán que es eso ya, inevitablemente un clásico. Y una brillante y necesaria recuperación.

Dentro de lo popular, se encuentra también “Chundwa (chacarera)”, un ritmo popular de la provincia de Santiago del Estero, en Argentina, que se caracteriza por su compás vivo y su aire alegre. Los arreglos son claros y floreados; pero, más allá, la naturaleza vuelve a acompañar, el aire pesa, hay palmas en el puente y una esencia que recorre la espina dorsal de la canción como si viniera de mil años atrás.

Si vamos un poco más al sudeste, nos encontramos con “En un rincón”, muy porteña y también muy lorquiana. También es porteña “El golpe bajo”, un tango acelerado y deconstruido, la traición de una amistad, con unas inmensas cuerdas al final

Y ahora tiramos para el norte y nos encontramos a “Gelando”, con el brasileño Jota.pê y versos en castellano y portugués. A dos voces durante toda la canción, que a veces se separan para volver a juntarse. También es carioca “É triste viver sem seu amor”, una bossa nova, esta definitivamente en portugués, en que se recorre la melancolía, el desamor y el valor de los recuerdos. Más sencilla no puede ser, más emocionante tampoco.

Hemos visto varias canciones conectadas, con dejes similares, pero también las hay autónomas, perlas que no entrarían en el collar por tener cierto colorido. Religioso en “Líquido”, con fondos de tensión para un canto que asume que el artista ha de luchar por encontrarse a sí mismo. Y social en “Mar Muerto”, sobre esas cáscaras de nuez que atraviesan el océano para llegar hasta nosotros, enfrentándose a un peligro que, a veces, no va a mejorar mucho su situación. El final tiene un cierto aire gallego por la saudade y la invasión de instrumentos sencillos, pero densos.

También apartada de las restantes es “El primer beso”, sobre la maternidad y esa relación íntima con los hijos que se basa en instantes, en dar calidez y en cómo el silencio puede unir tanto como la palabra, y puede atenuar la vulnerabilidad

Hay dos canciones en catalán. “Abissal” tiene la más pura esencia de Maria del Mar Bonet. Aquí, Silvia experimenta con texturas y, mientras se desatan los arreglos, la letra explora el firmamento y los fondos abisales. Historias que convierte, al fin y al cabo, en cercanas. En “Mar de na Catalina” hay sonidos de mar y de barcos lejanos. La retención del ritmo, el fraseo que disfruta de cada sílaba, el sentimiento que es grande y se hace pequeño al cantarlo. Los paisajes son de Mallorca, de la costa, de fincas cercanas a Felanitx, de Cala Brogi, y dejan una paz indestructible.

Hay también una canción en inglés, “Sea creature”, en la que el fondo del océano asalta y en la letra pájaros y peces atraen y distraen. Es una rodaja de jazz que estaría cómoda en el repertorio de Billie Holiday. El cierre es una miniatura instrumental muy breve, en la que solo hay un recitado en el que se vierte todo lo que el disco ha acogido, el universo, los mares profundos, el cielo que hace soñar.

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