Los caminos habitados de Bunbury

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«Este es un disco que mira hacia atrás para avanzar, que entiende la tradición como un espacio vivo»

 

Carlos H. Vázquez analiza el nuevo disco de Bunbury, De un siglo anterior, para dar con sus claves sonoras y conceptuales que vuelven a abrazar la tradición latinoamericana.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.

 

Después de Cuentas pendientes, Enrique Bunbury ha continuado abrazado a la música latinoamericana en De un siglo anterior (Warner, 2026), donde estos palos adquieren una coherencia más depurada, casi programática. No es tanto un disco de exploración como de sedimentación, en el que los hallazgos previos se ordenan en un lenguaje propio. Ya no necesita subrayar sus referentes para afirmarse.

El punto de partida de este nuevo disco (“Creer que se puede creer”) es armónico. Bunbury lo reconocía en su entrevista en Efe Eme cuando hablaba de la idea que iba tomando forma con las manos del artista «metidas dentro de la arcilla». Hay bolero, zamba, tango, ecos de canción romántica latinoamericana… Pero uno de los rasgos más interesantes del álbum es su faceta expresiva.

Frente a trabajos anteriores más densos o conceptuales (Posible, El viaje a ninguna parte…), los arreglos en este caso no renuncian a la riqueza tímbrica; rehúyen la acumulación. No obstante, esta sencillez (en apariencia) es engañosa, pues bajo la superficie hay una arquitectura compleja, especialmente en los cambios de acorde y en las modulaciones, que remiten a ese aprendizaje del cancionero latinoamericano que el propio Bunbury define como «mucho más difícil» de lo que él creía.

La voz ocupa un lugar central (“La voz”, mismamente). Hay una búsqueda consciente del matiz, a veces entre la voz plena y el falsete, construyendo así buena parte de la emoción del álbum, en la tensión contenida, como muestran canciones del corte de “La cima” o “La próxima vez no habrá próxima vez”.

También resulta significativa la inclusión de la versión “Zamba para olvidar” (compuesta por Daniel Toro y Julio Fontana), que lejos de romper la unidad del conjunto, la refuerza; aquí el repertorio ajeno se integra en el propio como una pieza más de este universo. Bunbury dialoga con la tradición sin quedar atrapado en ella.

Hay, además, una cierta idea del tiempo que atraviesa todo este trabajo. El ejemplo se encuentra en “Un brindis al sol” o en la propia “De un siglo anterior” que, más allá del título, parece situarse en un lugar indeterminado, fuera de la urgencia contemporánea, con perspectiva, porque este es un disco que mira hacia atrás para avanzar, que entiende la tradición como un espacio vivo.

Cierra el vals “Un par de acordes, la mentira y la redención” este repertorio que, lejos de cualquier gesto nostálgico, confirma al músico en una etapa de madurez creativa donde el riesgo pasa ahora por la depuración y no tanto por la ruptura (de momento). Más que abrir caminos, Bunbury parece decidido a habitarlos.

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