LA ESPUMA DE LOS DÍAS

«En 1972, coincidiendo con la publicación de la antología The essential Beatles, el ingeniero Hounsfield y el físico Allan Cormack desarrollaron el primer escáner o TAC comercializado gracias a esta financiación doble (gobierno y Beatles)»
Luis Lapuente, en su columna mensual “La espuma de los días”, reflexiona sobre cómo el éxito de los Beatles y la beatlemanía contribuyeron a realizar determinadas inversiones que repercutieron directamente en la Medicina.
Una columna de LUIS LAPUENTE.
¿Qué tienen que ver los Beatles con la Medicina? Hombre, entre otras cosas, que escribieron varias canciones relacionadas con la profesión, como por ejemplo “Dr. Robert”, aunque el personaje de Dr. Robert se refería probablemente a Robert Freymann, cuya farmacia estaba en la 78 East Street en Nueva York.
En los años sesenta, la comunidad artística de la Gran Manzana estaba familiarizada con aquel médico dispuesto a suministrarles todo tipo de sustancias lícitas e ilícitas, incluyendo las anfetaminas. Esta dudosa reputación finalmente llegó a los oídos de John Lennon y Paul McCartney. «John y yo pensamos que la idea era divertida», dijo McCartney, porque la gente estaba convencida de que el buen doctor les proporcionaría cualquier tipo de pastilla que le pidieran. La canción de los Beatles fue, así, una especie de broma sobre el tipo que podría solucionarte la vida con todas esas pastillas y tranquilizantes.
Además, los Beatles aparecían en uno de los libros básicos que se estudian en el primer curso de Medicina. Se trata de uno de los libros de Biología Molecular más importantes de la historia, uno con el que están familiarizados los universitarios de carreras como Medicina, Biología o Biotecnología: Molecular biology of the cell, conocido popularmente por el apellido de uno de sus autores, Alberts. En su tercera edición, en 1994, Alberts y los otros autores posaron en la contraportada imitando la disposición de The Beatles en la foto original de la carpeta de Abbey Road.
Pero vayamos con el TAC, o escáner, esa máquina radiológica que tanto contribuyó a los avances en el diagnóstico médico más preciso, y que seguro que George Harrison tuvo que utilizar más de una vez antes de morir en 2001 por las metástasis cerebrales de un cáncer de pulmón. Hace tiempo, leía un artículo de un ginecólogo estadounidense que escribía: «Mientras daba clases a los alumnos de la Universidad sobre masas pélvicas y opciones de diagnóstico por imagen, siempre les planteaba la pregunta: “¿Qué fenómeno social del siglo XX condujo al desarrollo de la tomografía axial computarizada (TAC)?”. A lo largo de siete años, solo un estudiante, hijo de un radiólogo, dio la respuesta correcta: los Beatles».
Primero, vamos con un poco de historia para entender el meollo del asunto. El gramófono se inventó en la década de 1880 como una mejora del fonógrafo cilíndrico de Thomas Edison. Pasaron muchos años y, tras la fundación de la empresa Electric and Musical Industries (EMI) en 1931, sus ingenieros desarrollaron, entre otros inventos, los discos estereofónicos y la cinta magnética que revolucionó la grabación en estudio. Además, en 1937, los técnicos de EMI fueron pioneros en el perfeccionamiento del radar y en el control de sistemas aplicados a la televisión comercial, que aprovechó la BBC en un momento crucial para la resistencia al nazismo.
En los años cincuenta y sesenta, Electric and Musical Industries se dedicaban tanto a la electrónica como a la música, eran algo más que una compañía discográfica. En 1959, por ejemplo, habían lanzado un ordenador comercial llamado EMIDEC 1100, y diversificaron tanto su estrategia empresarial que también fabricaban con equipos de grabación, teteras y misiles teledirigidos. Trabajaban e investigaban en todas direcciones.
Y, claro, tenían a los Beatles en su catálogo artístico, en una época en que el cuarteto de Liverpool no era solo una fuerza cultural, sino también económica. En su momento álgido, la venta de discos y de entradas para los conciertos del cuarteto generó el equivalente a seiscientos cincuenta dólares por segundo en moneda actual (algo así como dos millones doscientos cuarenta mil dólares a la hora). A los ingresos en dólares de sus giras por el extranjero, se les atribuye haber salvado al gobierno de Harold Wilson de una crisis monetaria. Y, por cierto, en 1967, el 30% de los beneficios de EMI procedían exclusivamente de las ventas de los Beatles.
Así que las enormes cantidades de dinero producidas por la beatlemanía ayudaron a pagar las inversiones de esta empresa en expansión. Una de estas inversiones fue la investigación en equipos médicos: Godfrey Hounsfield, el hombre detrás del EMIDEC, empezó a trabajar en el primer escáner médico comercialmente viable, también con ayuda económica directa del gobierno británico. En 1972, coincidiendo con la publicación de la antología The essential Beatles, el ingeniero Hounsfield y el físico Allan Cormack desarrollaron el primer escáner o TAC comercializado gracias a esta financiación doble (gobierno y Beatles).
Por tan importante avance en ingeniería médica, que alivió el sufrimiento de miles y miles de pacientes hasta entonces sometidos a dolorosas, incómodas y poco útiles pruebas diagnósticas, ambos recibieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1979. Hounsfield, además, recibió el título de Caballero de la Orden del Imperio británico. El TAC permitió, por primera vez, obtener imágenes tridimensionales precisas de los tejidos blandos de los pacientes (escasamente discernibles en la radiología convencional), un avance vital para, entre otras disciplinas, la neurocirugía y la oncología modernas.
Hoy, claro, los Beatles son leyenda, y el TAC sigue siendo muy útil en convivencia con la resonancia magnética nuclear (RMN), la IA, la cirugía robótica y otros avances en tecnología médica. Aunque John, Paul, George y Ringo no tenían entre sus integrantes a un astrofísico, como el guitarrista de Queen Brian May, siguen siendo un grupo muy admirado por los hombres de ciencia. Tanto como, por ejemplo, para ser responsables del bautismo de Lucy, el homínido extinto Australopithecus afarensis hallado en 1974 mientras sus descubridores escuchaban “Lucy in the sky with diamonds”.
Y, ¿cómo no?, esta admiración de los científicos por el grupo de Liverpool también se ha traducido en cuatro asteroides bautizados por sus descubridores, Brian A. Skiff y Edward Bowell, en el Lowel Observatory en Flagstaff, Arizona, el 3 de abril de 1998, con el nombre de cada uno de los miembros de los Beatles: Lennon (el 4147), McCartney (el 4148), Harrison (el 4149) y Starr (el 4150).
En el llamado Álbum blanco, aquel excelso doble elepé del año 1968, los Beatles cantaban a la revolución: «Dices que quieres una revolución/ Pues ya sabes/ A todos nos encantaría cambiar el mundo/ Me dices que es la evolución/ Pues ya sabes/ A todos nos encantaría cambiar el mundo». Pues bien, ellos lo cambiaron, entre otras muchas cosas, con su indispensable contribución al desarrollo del TAC.
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Anterior entrega de “La espuma de los días”: La quimera y el laberinto, y Robinson Crusoe.



















