Lirios y cenizas, U2 contra los religiosos de este mundo

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LA ESPUMA DE LOS DÍAS

Bono: «La esperanza está en la puerta que nos permita escapar de esa religión abusiva, donde no brilla la luz del día, ni hay curación posible»

 

Luis Lapuente, en su columna mensual “La espuma de los días”, reflexiona sobre la fe, las creencias y la religión, de la mano de Bob Dylan y Tom Waits, a propósito de los nuevos trabajos de U2.

 

Una columna de LUIS LAPUENTE.

 

A propósito de la causa general que le abrieron por haber tenido la osadía de defender los derechos de los autores al frente de la SGAE, Teddy Bautista me comentó, y así queda recogido en el libro Conversaciones con Teddy Bautista (Efe Eme, 2023): «Sí, me considero víctima de una causa general. Con el tiempo me di cuenta de que la Inquisición, que no es un invento español sino del papado romano (solo que aquí Torquemada fue más papista que el Papa), continúa viva en espíritu. Algún error cometido en la construcción de la democracia fue tomar como referencia el modelo francés para la reforma educativa que acometió José María Maravall, en lugar de habernos inspirado en los modelos anglosajones, que son mucho más abiertos, ir a la ética protestante europea en lugar de quedarnos en el núcleo del catolicismo romano, que construye una visión unívoca del mundo, que en el fondo está en contradicción con el pensamiento cristiano real, fundamentado en la resiliencia (ahí están los mártires) y en la importancia del perdón. Sin embargo, parece que aquí sigue imperando el legado de la ordalía: te forzaban a meter la mano en el fuego y si te quemabas, eras culpable».

Bueno será recordar las palabras proféticas de Dylan: «La música folk es la única en la que las cosas no son simples. Nunca ha sido simple. Es rara, está llena de leyendas, mitos, Biblia y fantasmas». Un Dylan que sufrió, en 1979, la ira de quienes le acusaban y acosaban cuando hizo pública su, esta vez sí, fe cristiana y publicó ese álbum extraordinario titulado Slow train coming. En él, las canciones revelan un sapo difícil de tragar y digerir, tanto por quienes, en tiempos malsanos de corrección política, no toleran la disidencia desde la trinchera de una supuesta fidelidad a no se sabe qué clase de ideales revolucionarios, como por los que manipulan descaradamente el auténtico significado de la conversión de Dylan para empaparlo de tufillo a sacristía o condenarlo a la hoguera por hereje o renegado. Dylan abrazando la cruz de Jesús en Slow train coming, un escándalo mayúsculo antes y ahora, que mucho tiene que ver con el soul profundo y la fe libre y sincera, y nada con el corrupto poder político del catolicismo romano o el histrionismo moralizante y vacuo (y también corrupto) de muchos telepredicadores evangélicos.

Nada que ver tampoco con lo que está ocurriendo desde hace tiempo en España, donde, al calor de la (real o impostada) espiritualidad de Rosalía, asistimos cada día a profesiones de fe de todo tipo de artistas que se reclaman católicos o así, aplicados seguidores del mainstream, lo que se lleva, lo que procede, lo que le mola a Juan Manuel de Prada y a la Oreja de Van Gogh, lo que engancha a quienes se emocionan viendo Los domingos sin reparar en el choque de fundamentalismos que refleja la película… En fin, lo que entusiasma a los devotos de las canciones almibaradas de (¡horror!) Hakuna.

Como también dijo Dylan, «no me interesa la religión, degradan la fe quienes la reducen a la religión». Durante años y años, y me temo que aún sigue siendo así, por aquí nadie o casi nadie reparaba en las letras de las canciones anglosajonas. Si no, se hubieran enterado de lo que cuenta, por ejemplo, Tom Waits en “God’s away on business” (2016), preguntándose acerca del papel de Dios ante la maldad del mundo: «El barco se hunde, / hay una fuga en la sala de calderas. / Los pobres, los cojos, los ciegos, / ¿a quiénes dejamos al mando? / Asesinos, ladrones y abogados. / Dios está fuera, Dios está fuera, / Dios está fuera en viaje de negocios». O en esa otra canción que el propio Waits le regaló a Johnny Cash, “Down there by the train”: «Hay un lugar que conozco donde el tren va despacio, / donde el pecador puede ser purificado en la sangre del Cordero. / Hay un río junto al puente de vigas, cerca del bosquecillo de los pecadores, / allí donde crecen el sauce y el cornejo. / Se oye el silbido, se oye la campana, / desde los salones del cielo hasta las puertas del infierno, / y hay sitio para los abandonados, si llegas a tiempo, / serás purificado de todos tus pecados y de todos tus delitos».

O en “Conversion” o “Cinnamon horses”, dos piedras preciosas del reciente álbum de Nick Cave, Wild God: «El amor no pide nada, / pero el amor lo cuesta todo. / Dije que no debíamos hacernos daño. / Aun así nos hacemos daño».

O, por supuesto, en cientos, miles de canciones clásicas del soul (ojo, no del góspel: del soul), escritas e interpretadas por músicos como Stevie Wonder, Marvin Gaye o Curtis Mayfield, que incluyó el doloroso “Jesus” en su álbum más militante, There’s no place like America today (1976): «Quizá las palabras que digo no sean más que otra forma de rezar (…) Nadie puede menospreciar al hijo amado de Dios, / porque cuando el espíritu te golpea, tienes que moverte, / y tal y como Él nos hizo uno de muchos, / entonces, ¿no somos tal vez todos nosotros solo uno? (…) Alma viajera, según cuenta la historia. / Todos sabemos que fue crucificado, / ¡pero lo que nos dio nunca morirá!».

Dos años antes, los Chi-Lites, grandes del soul sofisticado de Chicago, publicaron un gran elepé titulado Toby, donde incluyeron un tema cuyo mensaje sirvió de telón de fondo al conflicto bélico entre los gobiernos griego y turco por la soberanía de la isla de Chipre, “There will never be any peace (until God is seated at the conference table)”: no habrá paz hasta que Dios esté sentado en la mesa de negociaciones.

Lo que nos conduce al fin a los irlandeses U2 (protestantes en una nación mayoritariamente católica), que acaban de publicar en poco más de un mes dos estupendos epés, disponibles en las plataformas digitales (aun no en formato físico), donde una vez más reafirman su fe genuina en Cristo, no en la religión establecida, y su compromiso con la sociedad y el mundo que les rodea.

José de Segovia escribe sobre estos dos trabajos en el periódico Protestante Digital: «Si en tiempos de Cuaresma la banda irlandesa U2 sorprendía con un epé titulado Días de ceniza (Days of ash), lamentando el estado del mundo, esta Pascua lo que anuncia es la esperanza de la Cruz, la Resurrección y los Salmos. Su nuevo epé, Lirio de Pascua (Easter Lily), nos recuerda la fe del grupo que comenzó en una comunidad cristiana de Dublín a finales de los años setenta».

Days of ash, publicado el 18 de febrero, miércoles de Ceniza, fue la primera colección de composiciones nuevas de U2 desde al álbum Songs of experience (2017). Apenas seis canciones airadas, que invitan al arrepentimiento y el compromiso, piezas oscuras, trufadas de guitarras distorsionadas y denuncias contra la guerra y las masacres perpetradas en Estados Unidos por el ICE de Trump, en Ucrania por la guerra de Putin y Zelenski y en Oriente Medio en el nombre de la democracia, el sionismo y la religión.

Como explican en la memorable “The tears of things”, un diálogo entre el David esculpido por Miguel Ángel y su creador, que es también un reconocimiento del peso del mal en nuestras vidas: «Fui creado para adorar; antes de hablar, cantaba / canciones de dolor, de incredulidad, / cómo una mujer puede amar a un hombre, / la canción desnuda, la canción sagrada / que todo soldado teme, / porque cuando la gente va por ahí hablando con Dios, / siempre acaba en lágrimas».

Seis semanas después, por sorpresa de nuevo, U2 publicaron el pasado 3 de abril, Viernes Santo, otro epé de seis canciones titulado Easter Lily, quizá emulando a su clásico “Sunday bloody sunday”: el lirio de Pascua es un símbolo utilizado en Irlanda en memoria de quienes dieron su vida por la libertad de ese país, muy especialmente durante el llamado Levantamiento de Pascua, producido el lunes 24 de abril de 1916 contra el dominio británico.

Si Days of ash era un disco de rabia y denuncia, este lo es de fe y redención, de amor y recuerdo de los amigos que murieron, como el gran Hal Willner (1956-2020). Es The Edge quien asume aquí la voz solista para despedirse del productor en la conmovedora “Song for Hal”: «¿Sabéis que quien hace reír a sus viejos amigos está cerca de Dios?». También funciona Easter Lily como un ejercicio de introspección y asunción de la propia culpa o responsabilidad, del poder del amor y la reconciliación en estos tiempos terribles e inhóspitos, como canta Bono en la deslumbrante “In a life”: «Me siento solo, necesito que se sepa. / Nunca he logrado nada por mí mismo». O como remacha en “Scars”: «No ocultes tus cicatrices. / Ahora miras hacia arriba, miras al cielo. / Tu noche más oscura se está volviendo azul. / Todos los tiranos a los que has derrotado, / el único que queda eres tú».

No hay asomo de impostura o autocomplacencia en esta nueva entrega de U2, sin duda uno de sus mejores trabajos y uno de los discos más sinceros y brillantes de 2026, con canciones clarividentes y brutales en su insólita transparencia, como “Resurrection song”, magnificada por el ritmo afrobeat de Larry Mullen y tan alejada de esa espiritualidad artificial que quieren vendernos los guardianes de la moralidad y los vendedores del humo de la autoayuda: «Una vez teníamos muchos kilómetros por recorrer. / La señal de tráfico, el espectáculo de la muerte y la resurrección. / Sonríes, y antes de que te des cuenta, morimos. / La próxima vida nos esperaba tras una puerta abierta. / Dijiste que era mejor que la anterior. / Anoche prometiste que saldría el sol (…) Hazlo por un reto, / hazlo por una risa. / El amor siempre está en algún lugar, / en el reverso de la fotografía. / Ama profusamente / y sin remordimientos. / Si hay algo mejor, / todavía no he oído hablar de ello».

El disco termina con una pieza deslumbrante, majestuosa, escrita por Bono y Brian Eno, con referencias al Salmo 34, “COEXIST: I will bless the Lord at all times” (“COEXISTIR: Bendeciré al Señor en todo tiempo”). Una sobrecogedora canción de alabanza y redención, con el líder de U2 susurrando letanías que van superponiéndose sobre un mantra electrónico minimalista y culminan, como un conjuro hipnótico o una nana para los inocentes atrapados en la guerra, en ese «Kyrie eleison» tomado de las iglesias ortodoxas orientales: «“Reza una bonita oración, sé una buena chica, el dedo en mis labios”. / Cuando regresó, su pintalabios había aprendido a no besar. / No puedo arreglarla, solo puedo amarla. / No puedo mantener su bolsillo lleno. / No puedo mantener su rostro sonriente. / Alguien ha robado lo que era hermoso. / No puedo cantarle para que vuelva a mí, / pero bendeciré al Señor en todo momento».

Jonathan Evens escribe en la revista Seen & Unseen que las grandes canciones de U2, como lo son estas, «representan también una afirmación de la fealdad y el fracaso de un mundo —y de personas como ellos mismos— que necesitan las transformaciones que trae consigo la gracia. Reconocen, admiten y afirman sus defectos y su incapacidad. Estos forman parte de la realidad de la naturaleza humana, de la realidad de ellos mismos. Lo afirman, además, porque ese reconocimiento es necesario para que la gracia comience su obra transformadora. Así, cantan sobre caer, sobre perder el control, sobre perderse en las sombras donde el niño se convierte en hombre, sobre caer de la pared escarpada del amor como una mosca de una pared. Al igual que los Salmos, lamentan y critican el dolor y la división que se viven en el mundo: el Domingo Sangriento de Irlanda, las balas en el cielo azul de El Salvador y las Madres de los Desaparecidos de Argentina».

Al contrario de lo que proclaman los adalides de ese supuesto regreso a la religiosidad tradicional, la religión es para Bono, «lo que hay cuando Dios se ha ido y la gente concibe una serie de reglas para llenar ese vacío. La esperanza está en la puerta que nos permita escapar de esa religión abusiva, donde no brilla la luz del día, ni hay curación posible». The Edge lo subraya («la noche es más oscura justo antes del amanecer»), recordando las palabras de C.S. Lewis: «Vivimos en tierras de penumbra, pero hay luz en la oscuridad».

Anterior entrega de La espuma de los días: Música para resucitar a los muertos.

 

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