Libros: «American noir»

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«Casi trescientas cincuenta páginas de ficción dura, de tensión latente o explosiva y de lentas estrategias llevadas a cabo por el animal más misterioso del mundo: el ser humano»

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Varios
«American noir»
NAVONA

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

 

Sí hay algún ejercicio narrativo que defina a las claras la segunda mitad del siglo XX es el género negro, sobre todo en el ámbito anglosajón. Si hay algún formato que se haya adaptado a la genética de nuestros tiempos es el cuento. Los tres condicionantes, unidos, conforman este impresionante volumen –también en la belleza clásica de su encuadernación– que reúne diez de los relatos más representativos del misterio criminal en la pasada centuria. El prólogo, clarividente, se sacude de la típica referencia a la ambientación para colocar como marca estética el personaje –sórdido, despeñado– que se desgaja del relato de detectives junto al que nació. Otto Penzler, fundador de Mysterious Press y amante del género negro lo escribe conociendo que lo negro está siempre en el interior. Así podemos viajar a granjas en despoblados miserables y al mismo corazón de Wall Sreet, a sotanos malolientes y a mansiones con ejércitos de criados; todo vale mientras haya un doble fondo en el relato.

Destaquemos dos: por duro el de Lawrence Block, un asesino que es perdonado por la familia de la víctima en un ondulante trabajo compasivo que pasa de la frialdad en el juicio a la abyección más descarnada, estremece en él tanto el tono obsceno de alguna carta como la conciencia de que homicida y familia juegan un extraño ajedrez en el que mueven de manera amable, amagan y parecen tener en mente un objetivo sangrante. Otro, el de Dennis Lehane, abandona el Boston de sus tramas habituales para enfrentarse a una visión rural que alía los traumas de Vietnam con las trampas sentimentales y el absoluto abandono de los personajes a unos deseos que los destruyen. Engaño y obsesión, simplemente los motivos de la literatura desde Homero.

Cada uno de los diez relatos se ve prologado por una pequeña ficha sobre su autor, algunos muy conocidos como Joyce Carol Oates o Patricia Highsmith, otros gérmenes de películas como ‘El cartero siempre llama dos veces’, ‘L.A Confidential’ o ‘Mystic River’, todos fogueados en revistas y en ediciones baratas, cuanto más desconocidos en Norteamérica, más valorados en Francia.  Algunos incluso, manejados en oficios de carretera y miseria, como Mickey Spillane, que fue especialista en cama elástica del Circo Ringley.

En definitiva el lector, también el especializado o el devoto del género, puede transitar por una buena antología, útil como introducción y como referencia necesaria puesto que la mayoría nunca habían sido traducidos al castellano. De hecho, los cuentos de género negro sufren un vergonzoso desprecio editorial en nuestro país.

No son relatos escogidos al azar, el criterio de James Ellroy ha trazado una línea de continuidad en la que como nexo común se establece una premisa –nada es lo que parece– y ha evitado ser demasiado norteamericano en una edición que surge y se establece para venderse en aquel mercado –en 2010–, aunque esa edición original conste de casi el triple de relatos. La editorial promete ir desgranádolos si este primer volumen se vende con corrección. Ojalá, pues son unas historias escogidas con sabiduría. De hecho Ellroy está en el meollo del género y lleva casi cincuenta años de producción entre sus adalides. Prepárese el lector, pues, a casi trescientas cincuenta páginas de ficción dura, de tensión latente o explosiva y de lentas estrategias llevadas a cabo por el animal más misterioso del mundo: el ser humano.

Anterior crítica de libros: “Parálisis Permanente. Adictos a la lujuria”, de Marcos Gendre.

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