La tormenta persigue a Andrés Calamaro

Autor:

La tormenta persigue a Andrés Calamaro

 

Texto: JUAN PUCHADES.
Foto: Autorretrato de ANDRÉS CALAMARO titulado “No rain”.

 

 

Tras un día de sol y de considerable calor, parecía que esta noche sí, Andrés Calamaro podría actuar en Burjassot, a las puertas de Valencia, donde hace nueve años que no actúa y donde la semana pasada tuvo que suspender el concierto con el que tenía que arrancar su nueva gira española debido a la lluvia. Pero a eso de las ocho y media de la tarde, la lluvia ha hecho acto de presencia de nuevo. No parecía importante. Andrés, su banda y Jaime Urrutia –invitado especial– acababan de terminar la prueba de sonido y regresaban al hotel para prepararse para el show. Sin embargo, la lluvia, intermitente a ratos, ha caído en tromba a las nueve de la noche, hora de apertura de puertas al público. Ha parado un rato, ha regresado y cerca de las diez de la noche aquello era una tormenta a la que no le faltaba su correspondiente aparato eléctrico. Para, y a las once regresa con renovadas energías. Por seguridad de técnicos y público, se toma la única decisión posible, la que en las últimas horas se ha estado intentando evitar: suspender el concierto. Sí, por segunda semana consecutiva.

Caras de resignación y desolación entre el público, paraguas, carreras para protegerse del agua. 5.000 personas en los alrededores del polideportivo de Burjassot que deben regresar a casa, mojados y sin haber asistido a lo que siempre promete ser un concierto de rock protagonizado por Andrés Calamaro: una noche especial. Y lo es, pero por razones extramusicales.

Es de imaginar cómo se sienten quienes se han desplazado desde otras ciudades. Y no es difícil suponer cómo debe sentirse Andrés Calamaro en estos momentos.

Una llamada de teléfono: Andrés quiere hablar, necesita comunicar, precisamente, sus sensaciones.

Adentrarse esta noche en Valencia es toda una experiencia, no hay duda. Una intensa lluvia nos acompaña desde Burjassot al hotel, en el este de la ciudad, en el que se aloja Calamaro. Carlos Pérez de Ziriza –compañero en EFE EME y en El País– y yo llegamos empapados. En su habitación, Andrés está escuchando música en el ordenador, la tele está conectada, pero sin sonido. “¡Es una putada!”, dice. Y la frase –también en su variante porteña: ¡Es una mierda!– la repetirá varias veces a lo largo de la charla informal. Nunca en sus 30 años de carrera le ha sucedido nada igual: suspender el mismo concierto dos veces en menos de una semana.

Como no podía esperar, nos cuenta que un rato antes me ha enviado un email, exponiendo sus sensaciones. El “asunto” lleva el enunciado “Nos da rabia no cantar”:

“La prueba de sonido, aunque se veía venir el tormentón, fue buenísima, y el escenario estaba muy bello y adecuado… Perfecto.
Cuánto lamento que aquellos que lo intentaron, por segunda vez, ¡terminen mojados y sin la noche de rock prometida!
La lluvia es más fácil de pronosticar que un terremoto, ya lo sé, pero yo me guardo mi opinión para cuando corresponda decidir que estas cosas no vuelvan a ocurrir.
Nos disculpamos, nos humillamos ante aquellos que recorren kilometraje para vernos, llegándose desde Donosti, Galeuska, Santiago, Seville, etc.
Y nos quedamos con las ganas dos veces, es algo inédito, no sabemos cómo reaccionar, si no con… alegría… es lo único que se me ocurre.
Una gira maldita, con el tiempo, se recuerda con una sonrisa, lo importante es cómo termina, pero… ¡que empiece de una puta vez!
Créanme que armé una movida importante para hacer estos conciertos, moví el magma mismo de mi existencia, y no tocar nos descoloca… ensayamos, pensamos y vivimos aquello que estamos tan dispuestos a darles.”

Un segundo email, completa brevemente el anterior:

“Siempre me seguirá una sombra,
la de estos grises
serán como nubarrones
difíciles de olvidar.
Quizás volver a tocar en Valencia
y con cojones
pueda ayudar”

No hace falta preguntarle nada a Andrés, su expresión lo dice todo. Comenta que en la prueba de sonido se lo veía venir: “Hice tantos conciertos que sólo necesito oler un poco la atmósfera para saber lo que va a pasar. La semana pasada no pudimos probar sonido, pero esta vez sí, y casi fue peor…”. Probar sonido, dejarlo todo listo para el concierto y que éste no se celebre, tiene que ser como un gran “coitus interruptus”, y con público.

Siente un gran disgusto por la gente que ha viajado de lejos: “Yo lo lamento, porque la semana pasada ya vinieron chicos de San Sebastián, de Santiago, de Sevilla, gente que le cuesta venir, que viene de lejos. Para colmo, traíamos el caramelo, a Jaime [Urrutia], íbamos a cantar tres canciones, incluso hemos probado sonido juntos. Me perseguirá eternamente una maldición con Valencia, creo que cuando haya sequía me llamarán para que la solucione… Alguna ventaja tiene que tener esto. Tendré que ir a Barcelona para que llueva…”.

Da en el clavo Andrés cuando deja ver una de las grandes carencias de esta ciudad, una sala de conciertos con capacidad media para acoger conciertos de rock (el vacío es completo desde el cierre de Arena): “Me ‘banco’ si me persigue después una maldición en Valencia, pero tengo que cantar aquí. La banda y yo merecemos un cartel que diga ‘Valencia'; con todo el respeto y cariño que tengo por los ‘suburbios’, pero a la gente de Madrid le jode ir a un concierto a Getafe, y a la gente de Valencia le jode ir a Burjassot; yo hoy lo hice cuatro veces, fueron dos, pero me parecieron cuatro. Nos merecemos un lugar donde la gente pueda estar sentada, o de pie, y que no falle nada. Pienso también en mis compañeros, con los que llevamos un mes ensayando. Quizás no debería decirlo, porque siempre digo algo inconveniente, pero me gustaría tocar en Valencia en un local cerrado. Valencia, con todos esos presupuestos que se come el Partido Popular, tiene que haber hecho por lo menos un puto Arena, donde la gente pueda estar sentada de costado, de pie delante, y que no se suspenda por lluvia. Sé que hay motivos para elegir un lugar y no otro, pero… me hago responsable por la parte que me toca de no haber impuesto una garantía de seriedad igual a la calidad artística que queríamos mostrar. Además en Valencia, donde hace nueve años que no venimos a tocar. Yo vine a tocar por primera vez en el Raza, también vine a llevarle los bocadillos a Jerry González en un club de jazz, pero también vinimos a la plaza de toros, a Arena, al Roxy y a todos los que no recuerdo… Tengo un poco de cabreo. Me hago responsable. Le pido mis sinceras disculpas al público, a los aficionados y también a mi familia, porque estos días he estado pensando solamente en la música, en la música de los ensayos”.

“No hemos ensayado para no tocar. ¡Estamos tan mentalizados para tocar! Venimos trabajando con una solidez… Con más espíritu de banda de rock que nunca. Yo no sé qué instrumentos voy a tocar en cada canción, tengo la guitarra, tengo el piano y tengo el micrófono y voy a decidir qué tocar en cada canción. Vamos a ir cambiando la lista de canciones, la semana pasada queríamos tocar tres horas y media, o cuatro, como Gratefuld Dead. Estamos con las puntas de los dedos calientes para tocar… Y vinimos con Jaime [Urrutia]… Bueno… Una auténtica putada. Pero peores cornadas da el hambre. Yo lo siento de verdad y acepto mi parte de responsabilidad. Sinceramente, lo lamento por la gente que viajó y lo lamento por mis compañeros, en especial los técnicos, que tuvieron que armar y desarmar con lluvia. Lo peor de todo es que no pudimos encender esa máquina y mostrarla.”

Olga Castreno, manager de Andrés, minutos antes nos ha comentado la intención de tratar de encajar otra vez Valencia entre las fechas de esta primera parte de la gira (en septiembre afrontará una segunda parte). Intentar por tercera vez (¿la de la vencida?) mostrar el actual show de Calamaro y su banda, con un montaje que parece bastante espectacular, con columnas de pantallas de plasma, un gran escenario y despliegue técnico. “Últimamente tenemos un escenario bellísimo –comenta Andrés–, con un sonido muy poderoso. Arriba del escenario estamos muy a gusto para tocar el auténtico ‘bandón’ que somos un rock de categoría, muy cantado, muy tocado… Es una pena, pero antes que dejarnos dominar por alguna sensación rara a estas horas del día… mañana nos veremos en Granada”.

Andrés pone música en su ordenador, a unos acordeonistas brasileños que le encantan, luego algunos temas de esos muchos inéditos que él mismo opina que algún día tienen que ver la luz. Un poco antes, ha hablado con cariño y respeto del último álbum de Loquillo: “Qué bueno el disco del Loco, Balmoral, qué ejemplo que nos dio el Loco con Balmoral. Se acabó la caricatura del Loco haciendo rockabilly, se acabó la leyenda de si Sabino escribió las mejores canciones. Yo lo respeto y lo quiero, pero cada vez que lo veo lo valoro más como persona y como amigo y por su código moral. Pero ahora enseñó su presencia, su dignidad, su formato de varón de cuerpo y espíritu con un disco que es una lección para todos. Sin duda es una lección: por todos los letristas, y está escrito y está cantado finamente y Jaime [Stinus] pudo hacer su disco de guitarras”. Andrés Calamaro vive la música, la propia y la ajena con verdadera pasión.

Esta no es su mejor noche, seguramente una de aquellas que le gustaría olvidar, pero muy probablemente no podrá hacerlo.

Mañana (ya hoy), en Granada y en un espacio protegido de las inclemencias meteorológicas, intentará que comience de una vez por todas su nueva gira. No quiere ser más el dios de la lluvia. No quiere acabar él solo con la sequía del levante español. Sólo quiere tocar rock and roll junto a su banda.

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NOTA: Según informa la organización del concierto, el importe de las entradas se devolverá en los mismos puntos donde se adquirieron. Quienes lo deseen, podrán canjearlas por otra entrada para cualquiera de los conciertos de la presente gira de Andrés Calamaro.

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