La otra vida: Coque Malla, el regreso de Ulises a Ítaca

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«Uno escribe bien sobre la tristeza una vez ha pasado esa tristeza, y esta situación de tantos nervios, de tanta incertidumbre, no viene bien»

 

El estado de alarma sorprendió a Coque Malla a miles de kilómetros de su casa, en México. Volver se convirtió en su prioridad, y ahora, se adapta a las circunstancias pensando en la profunda huella social que va a dejar la crisis del coronavirus. Por Arancha Moreno.

 

Texto: ARANCHA MORENO.

 

Cuando el coronavirus estaba a punto de romper nuestra cotidianeidad y empezó a hablarse de estado de alarma en nuestro país, Coque Malla se encontraba muy lejos de casa. «Estaba en México, rodando un documental para Movistar sobre los corridos en México, con Joe Pérez, y fue muy angustioso, porque todo esto se fue acelerando mientras estaba allí, y la cosa se puso muy heavy cuando se empezó a hablar de que se iba a decretar el estado de alarma, y claro, nos entró el terror de que nos quedásemos atrapados en México, que no pudiésemos volver y empezase a eclosionar el virus allí, que no es el país más deseable para que te pille una pandemia», cuenta a Efe Eme. Antes de que las circunstancias se complicasen aún más, Coque —emulando a Ulises en la Odisea— emprendió un largo viaje de vuelta a casa que mentalmente fue muy intenso: «Lo primero era coger el avión, luego al llegar a Madrid no sabíamos qué iba a pasar, luego ya menos grave, pero había que volver a casa desde el aeropuerto. Hasta que no metí la llave en la puerta de casa y me vi con mi familia, con mi mujer y mis hijos, fue muy angustioso».

En lo laboral, esta pandemia que asola nuestro país —y se esparce alrededor del mundo— a Coque le pilla cinco meses después de publicar su último álbum, ¿Revolución?, y en un momento de relativa calma profesional, después de haber presentado el disco en las principales ciudades españolas, incluyendo citas importantes como Madrid y Barcelona. «Justo ahora había un parón de dos meses en los que había solo dos conciertos. Luego, eso sí, arrancaba toda la gira de primavera y verano, en festivales, sitios grandes, que de momento está bastante amputada», explica, por lo que ha tenido que aplazar y cancelar algunos conciertos previstos para esta primavera, como muchos de sus colegas de oficio. Pero podría haber sido peor.

Ahora su escenario, el único hasta que esto cambie, es su casa en la ciudad. Pasa los días haciendo rutinas con sus hijos y, de alguna forma, aprende de ellos: «Son los que mejor se están portando, la verdad, creo que tienen fuerza, salud mental y capacidad mucho mayor que nosotros. Siempre lo he pensado, y en esta situación más. Creo que son mucho más sanos, más fuertes mentalmente, y se levantan, desayunan, comen y no tienen esa tontería existencial, eso está ayudando». Su mujer y él se ríen mucho cada vez que su hijo pequeño les suelta uno de sus habituales «ya está», y le cantan “La higuera”, una canción de Kiko Veneno que empieza con esas mismas palabras. Quizá por eso, Sombrero roto se ha convertido estos días en su banda sonora: «Gracias a esa circunstancia cómica familiar, doméstica, estoy profundizando más en un disco que había oído, que me había gustado mucho, pero ahora estoy buceando realmente en él, flipando de lo maravilloso que es, no solo por Kiko, que no hay más que decir de su genialidad, sino por la producción, que es fantástica».

 

 

Mientras ejerce de padre, Malla también teletrabaja —«esto no para», dice—, ofrece directos en sus redes sociales y, cuando tiene tiempo, recupera algún que otro viejo hábito. «Estoy cocinando mucho, siendo prudentes para no engordar demasiado, y tomando mucho vino, he vuelto a cantidades de vino que había dejado atrás, pero mira, ¡que le den por saco!», suelta riendo. Sospecha que leerá con avidez Libro de familia, la novela que ha publicado —y le ha enviado— su amigo Galder Reguera, y hace poco ha visto una película que le ha gustado mucho, Chicas perdidas. La música, la literatura y el cine, pues, le están acompañando, pero reconoce que de momento no es capaz de responder creativamente a la situación: «Creo que la angustia, la paranoia, la tristeza y la incertidumbre no son muy inspiradoras. Para escribir brillantemente sobre la tristeza, que es un material muy goloso para la literatura y para las canciones, hay que estar bien. Uno escribe bien sobre la tristeza una vez ha pasado esa tristeza, y esta situación de tantos nervios, de tanta incertidumbre, no viene bien. A lo mejor de repente me tomo un vino, me encierro en mi despacho y sale una cosa alucinante, pero de momento no es muy inspiradora».

A Coque estos días le inquieta el futuro de su oficio. «Eso es lo que nos tiene preocupados a todos, especialmente en una profesión como la nuestra, que requiere que la gente se junte en masa. Por mucho que se levante el estado de alarma, es de esperar que la gente tenga miedo de meterse en un festival, en un pabellón, en un teatro, donde sea», reconoce, pero siente que este encierro impulsará aún más «las ganas de vivir, de hacer cosas, de tocarse, de besarse, de abrazarse, de ir a conciertos, de vivir, que va a tener la gente. Confío en eso». Quizá lo que ahora multiplica el problema más adelante sea nuestro bote salvavidas: «Creo que lo que nos ha venido mal, como latinos, a la hora de ser disciplinados para contener la propagación del virus, cuando esto pase nos va a venir bien para remontar la crisis, sobre todo de nuestro sector, el sector del espectáculo, y de la hostelería. Lo que nos ha venido mal al principio nos va a venir bien después, pero no se sabe todavía, hay mucho miedo y es lógico, todos tenemos miedo».

Ahora vive el momento, pero Malla tiene claro que, a largo plazo, esta crisis que ha trastocado nuestra forma de vida dejará una huella profunda, y no solo en lo económico. «El proceso va a ser lento. Primero está la sorpresa, el miedo, la incertidumbre, luego nos acostumbraremos, luego habrá un bajón y luego vendrá la reflexión filosófica y metafísica sobre uno mismo, sobre el cosmos y sobre la vida. Hablaba hoy con Suso Saiz de que esto es absolutamente inédito en la historia de la humanidad, porque ni siquiera las guerras más cruentas han paralizado y nos han unido a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Esto nos está pasando a todos a la vez. Decía Suso que el otro día leía que mil millones de personas están ahora en su casa. Esto es absolutamente inédito y va a generar una cantidad de corrientes filosóficas, literatura, cine, arte, etc., pero creo que llegará mucho después. La reflexión profunda va a emerger de nuestro subconsciente mucho más adelante, ahora estamos en otra».

El miedo asoma, y a veces la mente es nuestro peor enemigo. «Una cosa muy angustiosa, y creo que a todos nos preocupa, es que de repente esto pueda empeorar, que el virus mute, que descubramos que nos han engañado, que la gente está muriendo… creo que esa paranoia la tenemos un poco todos, intentamos ser precavidos y prudentes y no caer en ello, pero ¿realmente esto va a ser así de fácil? ¿Realmente en tres semanas todo vuelve a la normalidad, o de repente habrá un vuelco y empezaremos a dispararnos los unos a los otros?», dice riendo, para desdramatizar. Y enseguida, piensa en cómo será cuando todo vuelva a la deseada normalidad: «Si vuelve con la rapidez que parece que va a volver, que tres semanas me parece nada para esta situación tan heavy, pues seguiré con mi vida normal: la gira, mis planes un poco trastocados, retrasados, pero seguiré. Y luego, cuando venga esa reflexión, profunda, filosófica, esa crisis existencial que esta situación nos va a provocar a todos, vaya usted a saber si no acabo de monje tibetano, yo que sé, creo que me entiendes, ¿no? Esto nos va a producir una crisis existencial y va a provocar cosas, la gente se va a mudar, va a dejar sus trabajos, va a tener crisis profundas, pero, ya digo: vendrá con el tiempo».

Anterior entrega de La otra vida: los paracaídas de Marwan.

 

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